Ciudadanos y UPyD: militancia en perspectiva comparada

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A la vista de las informaciones vertidas durante la última semana, en primer lugar resultará importante hacer hincapié en las diferencias que presentan las dos modalidades de afiliación a los partidos políticos. Tal y como traté de explicar hace no mucho tiempo aquí mismo; por un lado tendríamos al militante, que es aquel afiliado que paga una cuota mensual o anual al partido. Y por el otro, al simpatizante, que es aquella persona que aun estando afiliada y registrada en el partido político, no contribuye económicamente al proyecto. En la mayoría de las formaciones del espectro nacional existe la posibilidad de escoger entre una de las dos anteriores figuras. En todo caso, el militante goza de mayor capacidad (derechos) de representación dentro de la organización.

De los militantes en perspectiva comparada, y su espectacular incremento (cuotas mediante) en la formación Ciudadanos han venido dando bombo y platillo unos y otros medios. No les falta razón, pues en un ejercicio de transparencia y no obstante, también de lógica, los de Albert Rivera siempre se han hallado prestos a mostrar lo que a la cantidad, que no calidad, de lo que a su militancia se refiere. Números pero no nombres. Justo todo lo contrario y en frente, UPyD, cuyos esfuerzos han tendido hacia lo opuesto bajo la pretensión de no arrojar luz sobre unas más que probables, no quepa duda, recientes fugas y tránsfugas desde sus siglas. Ni nombres, lógico, pero tampoco números. Y es que desde hace cierto tiempo nadie sabe con certeza cuántos son los que hoy día pagan su asignación en la formación de Rosa Díez.

A continuación muestro un gráfico de esta comparación, donde se reflejan las tendencias evolutivas en número de militantes de Ciudadanos y UPyD durante los últimos tres años.

AfiliadosUPyD-Cs

En lo que a UPyD refiere, desde su nacimiento en 2007 y hasta el siguiente año alcanzaron la cantidad de 3.665 militantes. Un ejercicio después, la cifra se situaba en 5.974, para colocarse ya a partir del 2010 ligeramente por encima de los 6.000. De ahí en adelante, estatismo. Ni al alza, ni a la baja; la militancia se mantuvo casi inamovible, al menos, hasta finales del último año. La tendencia predominante ha sido la de una reposición suficiente, con un número equiparable de altas y bajas ejercicio tras ejercicio.

Podría explicarse lo anterior a causa de la cuantía de las aportaciones fijadas por la formación magenta, situadas en el pódium nacional para ser las más onerosas dentro del espectro político. Suponen anualmente nada más y nada menos que 240€, o visto de otro modo, el importe de veinte euros mensuales Muy lejos por lo tanto de otras siglas; casos del PP (20€/año), PSOE (60€/año) o incluso su principal competidor Ciudadanos (120€/año). De todos modos, será importante matizar que cuanto mayor es el tamaño de la organización, el importe tiende a reducirse. En contraposición de las cuotas que establecen las formaciones de reciente creación, a causa de su menor dotación tanto en recursos propios como en acceso a financiación externa (vía subvenciones estatales, básicamente). Otra explicación, esta vez esgrimida por parte de la propia formación, es que desde UPyD se ha mirado siempre con lupa la incorporación de nuevos integrantes a fin de evitar intereses espurios y codiciosos.

Sea como fuere, la estabilidad tranquila ha venido a romperse (a falta de confirmación oficial), de manera vehemente a partir de las elecciones andaluzas. El estrepitoso fracaso que representa la imposibilidad de conseguir algún diputado, unido al éxito objetivo del emergente Ciudadanos, que entra fuertemente con nueve representantes parlamentarios, y todo ello amén de las consecutivas reticencias por parte de Rosa Díez para negociar una fusión con los últimos, bien podría estar provocando una gran evasión. Fuga que en buena parte estaría recalando entre las líneas de los de Albert Rivera, pues desde los comicios meridionales y de acuerdo con lo citado por los mismos, en torno a mil incorporaciones procederían desde los magenta.

La escenificación más palmaria de la disgregación, la protagonizada la cúpula del partido con sus rupturas y desavenencias, Irene Lozano o Toni Cantó entre otros; quiénes justificaron discrepancias con la lideresa y abogaron por un cambio de rumbo hacia posturas de consenso con aquellos que consideran sus hermanos; o cuando menos, los más semejantes en ideales e idearios. Ya en un segundo lugar aunque no menos trascendente, las recientes propugnas emitidas por buena parte de las delegaciones regionales en el afán de converger con Ciudadanos. Así las cosas, las estimaciones más precisas vendrían a conferir hoy día en torno a los 5.000 militantes para UPyD, cifra ésta que continuaría bajando.

Poniendo el foco en Ciudadanos, el punto de inflexión definitivo se establece en su salto a la esfera política nacional a finales del 2014. No obstante, tiempo atrás la formación ya había experimentado dos episodios conducentes a importantes incrementos de la militancia. En primer lugar durante el año 2013, coincidiendo con el impacto generado tras el lanzamiento de la campaña “España será lo que queramos los españoles”; todo un sutil ejercicio de mercadotecnia política que los posiciona como el referente por la defensa de la unidad nacional en un clima de deriva independentista en Cataluña (con permiso de un PP en horas bajas a causa del descrédito generado a lo largo de la legislatura). A finales del citado año, el número de militantes engrosará un 30%, pasando de los 1.109 a los 1.447. El otro incremento previo acontece durante y después de las elecciones europeas celebradas en mayo del pasado año, cerrando el ejercicio con 3.605 afiliados contribuyentes.

Del término del 2014 a los inicios del vigente año quince, cuyos primeros meses han venido marcados por la precampaña, luego campaña y más tarde comicios andaluces. Al tiempo que la cerrazón a la convergencia de UPyD y a la postre, sus resultados electorales también en el sur. Marzo abría para los de Albert Rivera con casi 15.000 militantes y cerraba oficialmente con más de 16.000. Esto además de aproximadamente 4.650 solicitudes de afiliación en trámites de aprobación (según fuentes oficiales), que los situaría previsiblemente al término del mes de abril con un engrose de sus filas por encima de 20.000, más aún si cabe en caso de continuar el ritmo de la tendencia.

¿Pero cuáles podrían ser las causas de tamaño incremento y éxito? Una de las más importantes la describía no hace mucho el profesor Miguel Anxo Bastos en esta misma web cuando versaba sobre el márketing político como estrategia electoral. En efecto, a través de una cuidada imagen de marca promovida y difundida a través de internet, especialmente mediante redes sociales como Twitter o Facebook, Ciudadanos ha logrado posicionarse como un referente de cambio político. También mediante la continuada presencia en televisión, participando sus miembros en diferentes tertulias políticas y en un contexto de creciente preocupación social por la cosa pública, ha podido suponer un trampolín para  tal engrose.

Mercadotecnia y comunicación a parte, los de Albert Rivera han sabido absorber el voto del descontento moderado, frente al cambio más extremado propuesto por el otro novel revelación que representa Podemos. Si bien los violeta se mueven en la franja más a la izquierda del espectro ideológico, ocupando posiciones que abarcan desde el centro-izquierda (PSOE) a la izquierda  (IU) y la extrema izquierda; los naranja lo hacen en los espacios del centro fundamentalmente, oscilando entre el centro-derecha representado por el PP y el centro-izquierda abanderado por el PSOE. Esto último a pesar que tanto los unos como los otros han tratado por activa y pasiva de acercar una idea de transversalidad que en la praxis resulta difícilmente alcanzable.

Pero además de situarse como la figura de lo nuevo en competencia con Podemos, y de lograr encandilar al hastiado electorado de las fuerzas tradicionales, Ciudadanos se ha visto favorecido por una atmósfera en la que la formación más próxima ideológica y programáticamente ha dado en desmembrarse. Con unos idearios y propuestas similares, materializadas en un programa político casi idéntico, la evolución lógica tendería a la fusión. Un acto de voluntad y pacto, en el que los unos pondrían la estructura organizacional ya consolidada en el plano nacional, y los otros la imagen de frescura y renovación que causa tanto atractivo.

Sin embargo, la cerrazón de Rosa Díez encuadrada dentro de un personalismo intransigente que desoye a quienes la rodean, destacadamente la cúpula pero también la militancia de base, condujo un clima de inestabilidad en el partido. Hecho este que postergado en el tiempo y unido al salto a la esfera nacional y posterior auge de Ciudadanos, llevó a su vez a la progresiva tránsfuga de militantes de unas siglas hacia las otras. Pero serán las elecciones andaluzas y sus resultados: extraordinarios dada su trayectoria para los de Albert Rivera, y catastróficos para los de Rosa Díez ,también dada su trayectoria, cuando lo que en sus inicios se figuraba como un consenso voluntario por la fusión se haya transformado en la plausible absorción forzosa.

Por el momento, Ciudadanos sigue medrando, y lo hace en modo alguno a consta de una UPyD en deterioro y próxima a la extinción. Con las elecciones municipales y autonómicas a la vuelta de la esquina, y las generales a menos de dos giros de calle, los escenarios pre y post electorales marcarán el futuro de ambos partidos. Y si algo está meridianamente claro es que para el pacto sea ya quizás demasiado tarde. Entre tanto, mal de unos y remedio de los otros, los militantes transitarán entre formaciones.

 


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