El día cuatro de noviembre me levanto preocupadísimo por cien mil votos en Michigan y Wisconsin que pueden decidir qué señor remodelará la Casa Blanca para convertirla en un geriátrico. Y probablemente dudaría al situar en el mapa Michigan y Wisconsin.

Me paseo por Twitter y compruebo que no soy el único que no apacigua el tembleque nervioso de las piernas por la intensa situación electoral de esos estados. Unos pocos miles de votos pueden dar un vuelco a la política mundial. Se elige entre el establishment moderado de las minorías y el incendiario-no-tan-incendiario que no ha provocado una Tercera Guerra Mundial. Todo depende de dos territorios. Hoy. Ya.

Veo al politólogo de Patones de Arriba histérico por cómo votan en Georgia y al de Relaciones Internacionales con residencia en Móstoles pidiendo desesperado por Instagram ir a votar «porque todo voto cuenta y no puede pasar lo que ocurrió en 2016». Y me preguntan con encuestas para medir fuerzas que a quién metería la papeleta: ¿a Trump o a Biden? Me preguntan a mí, que soy de Toledo, que a quién le voy a meter la papeleta.

Pues mira, yo se la metía a Pete Buttigieg. Y me daría igual que el voto no fuese válido y perjudicase a Biden, porque ni estoy tan convencido de que un anciano con demencia senil fuese mejor presidente, ni estoy seguro de que Trump sea tan cuadro como me lo pintan, ni me importa en absoluto quién gane en Ohio. Estás hablando con un castellano-manchego apático que se plantea cada mañana empadronarse en Marbella para votar al partido de Yola Berrocal porque el resto le parecen un despropósito.

¿De verdad te sulfuras porque considero que Trump no es el mal encarnado o porque no sé si votaría a Biden de haber nacido en Maryland? Bueno, yo pienso que eres como Bíbulo. Un tumor de cobardía o sectarismo que hay que extirpar.

Te escandalizas porque esos «americanos blancos sin estudios» van a volver a votar destrucción si optan por Trump. Haces tus augurios encerrado en casa y gritas porque César sigue en el poder, pero eres ciego con lo que pasa en España. Porque gobierna Sánchez, y para ti ese César no solo es soportable sino deseable.

Ojalá vivir en la Roma republicana para cubrirte de mierda en la plaza pública.

Estás en Babia, como el Bíbulo que es Casado, otro pro-Biden que alerta del peligro de que Fernando Simón continúe como director del Centro de Coordinación de Alertas Sanitarias por unos chistes machistas, no porque sea responsable directo de la muerte de 53.000 ciudadanos. La diferencia es que tu ceguera es consciente. La de Casado solo es incompetencia.

Siguen Arrimadas y Casado dando encendidos discursos del peligro que es para España que gobierne Sánchez porque facilitará los indultos a los independentistas, colonizará la Justicia y anulará al parlamento, pero primero le aprueban medio año ignominioso de estado de alarma sin condiciones de control parlamentario y después le apoyarán unos presupuestos que le mantendrán un año más en la bancada azul.

Me voy a reiterar: con la excusa de hacer frente a la pandemia regalan seis meses de estado de alarma al mismo Gobierno negligente que no evitó 53.000 muertes ni supo impedir el cierre de cientos de empresas por esa pandemia. Seis meses de poderes reforzados sin necesidad de dar explicaciones al parlamento que lo ha elegido.

Sánchez habrá iniciado el camino para acabar con la separación de poderes, pero quienes gritan que es un peligro se lo han pavimentado.

Y tú, que sigues deeply concerned por una mísera urna de un colegio electoral de Gettysburg que huele a pintura y silicona de pretecnologías, me gritas desaforado que cuál es mi alternativa. Que si son los trumpistas de VOX. Que en qué demonios estoy pensando.

Mira, Bíbulo, yo solo quiero ver arder Babia.

           


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