Siempre, Paco

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[dropcap]A[/dropcap]yer, 30 de mayo, en teatro García Barbón, asistí a una de esas cosas que tienes que hacer, al menos, una vez en la vida. He visto a Paco Ibáñez cantar, recitar, susurrar y trasmitir su música.

Las luces empezaron a apagarse, se escuchaba un silencio de contención de aire, un altavoz se enciende y se escucha la voz de José Agustín Goytisolo. Una voz que, aunque sabemos que ahora se encuentra en las estrellas, todavía la sentimos cerca, aquí, en la tripa, con nosotros, alarmándonos sobre las injusticias que se siguen cometiendo, sin olvidar su siempre aullido interminable. “Lo único que NUNCA nos podrán robar es el poder de la palabra”. De esta forma, se apagaba la voz de nuestro Goytisolo. Paco aparece en el escenario.

De repente, vemos a un hombre de 80 años con canas, quizá, algo cansado al andar y la boca cada día más seca, pero cuando empezó a hablar y dijo “Bueno, desde el domingo parece que me siento con menos peso”, advertimos que era el mismo Paco Ibáñez que, desde Francia, debido al exilio forzado de su padre, cantaba por la justicia.

Primero, nos visitó Góngora y su siempre enemigo, Quevedo. Más tarde, llegó el eterno Lorca (Aquí, Paco no dudo en gritar, con su voz desgarrada, “El poeta asesinado por los fascistas”), donde todos pudimos oler el perfume de flor de cuchillo, al ritmo de os pasos de caballos. Junto a él, invitó a un joven de Sevilla que parecía acariciar las cuerdas de la guitarra. ¡Cómo tocaba! Parecía que Lorca, desde donde quiera que esté, le estaba dictando cada nota. León Felipe, Neruda, Celaya, Brassens… llegaron para visitarnos a todos los que estábamos allí, con la misma respiración contenida, animándonos a seguir cantando La mala reputación; animándonos a seguir predicando con la poesía “necesaria como el pan de cada día”; a encogernos con “la piedra pequeña , como tú” y admirar “cuando callas, porque estás como ausente”.

En mitad del espectáculo, porque esto sí es un espectáculo, Paco Ibáñez cedió la voz a un poeta gallego, con el que cantamos su poema “Pomba”. Después de esto, Paco nos cantó cuatro canciones en gallego, entre los que se encuentra el poema de Celso Emilio Ferreiro chove, chove. Eso sí que es política lingüística, eso, sí.

Entre respiraciones contenidas, aplausos y emociones, al ver recitar tu poesía al siempre grande Paco, como en mi caso, cuando cantó Palabras para Julia, nos contaba sus experiencias, sus encuentros con intelectuales, su vida en el caserío, su vida de ahora.. Fue entonces cuando entendimos, la mayoría, que no hace falta que nadie te acredite un título para ser enorme, eterno, sabio, basta con tener sensibilidad y potenciarla.

Gracias, Paco, los minutos y minutos de aplausos, con todo el mundo levantado, te ofrecimos son pocos para toda una vida de poesía, humanismo y compromiso.

Siempre, Paco.

 

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