Reino Unido y Europa: Un país dividido por el Referendum y al borde de la fractura

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Son días tristes para los europeos. El jueves una parte de los británicos decidió dar su apoyo a la salida de la Unión Europea. El 51,9% del Reino Unido ha votado a favor de salir de la Unión Europea frente al 48,1% que ha apoyado permanecer en ella. El problema es que estos resultados dejan un país muy dividido, son unas cifras tremendamente endiabladas que les van a traer grandes problemas internos. El apoyo al Brexit no ha sido el mismo alrededor de los diferentes Reinos que componen la Gran Bretaña. Encontramos grandes diferencias entre las zonas rurales y las grandes ciudades y entre las distintas generaciones.

En Inglaterra ha ganado el Brexit por un 53,4%, en  Gales por un 52,2% pero en Escocia el remain ha obtenido el 62% de los votos y en Irlanda del Norte el 55,8%. No podemos olvidar que uno de los grandes argumentos que se esgrimieron para que los escoceses se quedaran era que si votaban dejar el Reino Unido saldrían de la Unión Europea. Por eso, ante esta nueva situación, es lógico que reclamen un nuevo referéndum. La situación ha cambiado. Otro dato que muestra la división del país es que en Londres la permanencia ha ganado por medio millón de votos y que los gibraltareños han mostrado una adhesión unánime del 95,91%.

Pero sin duda, donde está la gran división es entre los jóvenes y los mayores. Entre los británicos de 18-24 años (lo que se ha dado en llamar la generación Eassy Jet) el apoyo al Remain ha sido del 64%, frente a un 24% que votó por el Brexit, y en los de la franja comprendida entre los 25-49 del 45%, frente a un 39%. Esto nos da una idea de las diferencias del pueblo y de lo arriesgado de un referéndum. Porque no solo se ha roto una parte de Europa, se ha dividido a un país. No olvidemos que el referéndum es un juego de suma cero, el que gana se lleva todo y el que pierde lo pierde todo.

La cuestión es que a lo largo de los años, los distintos líderes de Reino Unido han venido advirtiendo de sus recelos respecto al camino que estaba tomando la construcción Europea. Desde que se inició el proyecto europeo y desde antes de que los británicos finalmente se decidieran unir a él, han mostrado que es lo que no les gustaba de él. Este recelo, su creencia en la soberanía del parlamento, es algo que llevan en el ADN del país. Los ingleses han luchado por la independencia del parlamento desde que Oliver Cronwell se alzara en armas contra Carlos I de Inglaterra, al que ejecutó en 1649. Esta guerra civil enfrentó al Ejército del Parlamento contra el ejército de mercenarios a sueldo de la corona. Años más tarde, este proceso de independencia del parlamento se culminaría con la Revolución Gloriosa de 1688 por la que se derrocó al rey católico Jacobo II y se coronó a Guillermo de Orange como nuevo monarca. Es en este último momento cuando comienza la democracia parlamentaria moderna en Inglaterra. Este punto juega un papel muy importante en el imaginario de todos los británicos. Es más, Churchill se embarcó en solitario en una guerra contra la Alemania de Hitler precisamente para mantener la independencia de la democracia británica. Su soberanía y la corona es algo que llevan muy dentro, tan dentro que les ha llevado a cometer grandes locuras en la Historia. La lucha por su soberanía tras la II Guerra Mundial les terminó saliendo bien, pero pudo no ser así. Esto del referéndum tiene visos de que les puede salir muy mal y romperles por los cuatro costados. Por eso, a los que vivimos a este lado del Canal de la Mancha nos resulta tan complicado comprenderlos. Es una dificultad equiparable a su costumbre de conducir por la izquierda, a utilizar un sistema métrico diferente o al de seguir manteniendo un grifo para el agua fría y otro para el agua caliente. Forma parte de su idiosincrasia, se nos olvida que hasta su Derecho es diferente. Creo que ahí, en esas diferencias, es por las que siempre han existido tensiones entre Londres y Bruselas. Es más, desde el continente nunca hemos sabido ver que a lo mejor la forma de construir Europa debería ser otra. Por eso, hoy, los europeos deberíamos preguntarnos ¿Por qué los británicos no quieren seguir en la UE?

El issue europeo les ha costado el puesto a dos líderes del partido Tory. Con Márgaret Thatcher ganó el bando pro europeísta, con David Cameron parece que ha ganado el bando euroescéptico. Lo que está claro, es que la relación británica con el proyecto europeo se podría definir con una de las frases de Churchill que mencioné hace unas semanas en mi artículo Brexit y como hemos cambiado: Estamos en Europa, pero no somos de Europa. Estamos vinculados, pero no comprometidos. Estamos interesados y asociados, pero no absorbidos.” Esto ha sido una realidad que nunca hemos sabido entender. Tam

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Alejandro Ruiz París
Graduado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III de Madrid, cursó estudios en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Wroclaw (Polonia) y actualmente trabaja como consultor junior de políticas públicas en el sector TIC. La libertad y la búsqueda de la verdad son los principios que rigen su trabajo.

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