Los dos problemas de Occidente: la relación de Islam y democracia y el multiculturalismo

0
122

[dropcap]L[/dropcap]os últimos atentados en París y Bruselas deberían hacernos reflexionar (en Madrid ya sufrimos el 11M). Están mostrando que ha surgido un problema en nuestra sociedad. Los enemigos en muchos casos no vienen de países lejanos. Es occidente el que trae al mundo, el que cría y educa a sus enemigos. Sus enemigos son ciudadanos Europeos, han nacido en la mismísima capital del proyecto de integración Europeo. El enemigo, aparte de estar en la Siria conquistada por el DAESH, vive en los barrios de Bruselas, viven en la Capital de la Unión Europea; habita en nuestro Kings Landing. Por lo tanto, deberíamos preguntarnos, ¿qué hemos hecho mal? ¿Qué paradigmas tenemos que cambiar? ¿Qué debate sobre el modelo de sociedad que queremos tenemos que realizar? ¿Por qué no hemos sido capaces de mostrar a compatriotas nuestros que nuestra sociedad, que nuestros principios, que nuestros valores y que las oportunidades que ofrecemos son mejores que las que pueda ofrecer el Daesh?

El problema, es que en cuanto se habla de Islam o se quiere hacer un debate sobre esto, saltan los que acusan a una parte de racistas y los que, por otra parte, realmente son racistas. La prensa nunca afronta de forma sosegada el debate, los políticos tampoco. Por un lado aparecen los que acusan al pacto anti yihadista de racista, por otro los que hablan de expulsar a los refugiados que huyen de los horrores de nuestros enemigos de Europa. Pero nadie escucha la llamada que la Guardia de la Noche hace desde el Muro. Nadie les envía refuerzos. No tenemos aún un plan para combatir al Daesh. Los Caminantes Blancos ( que serían los yihadistas) se encaminan hacia un Poniente que, en lugar de prepararse y protegerse, se empeña en hacer su guerra de los Siete Reinos, acusándose unos a otros de racistas, desconfiando un país de otro en materias de seguridad y arrojándose los refugiados, los Derechos Humanos y nuestro modelo de sociedad a la cara.

Por eso, es el momento de acudir a los académicos. Es el momento de escuchar a aquellos que desde hace años vienen advirtiendo del problema. El mundo real tiene a su Aemon Targarian. Samuel P. Huntingtong escribió en 1993 su artículo ¿El choque de civilizaciones? y en 1996 un libro completo sobre el tema titulado El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. Arnold J. Toynbee también trato el tema del Islam en Islam, the West, and the future y por  último, Giovanni Sartori ha abordado la relación de la democracia y el Islam y los motivos por los que el multiculturalismo, no es pluralismo. Por lo tanto, lo que voy a decir a continuación no va a ser la opinión de un recién graduado en Derecho y Ciencias Políticas. Es la opinión de un gran académico, de un gran profesor de Ciencia Política y de un premio Príncipe de Asturias.

El viejo profesor italiano, en su libro Treinta Lecciones de Democracia, nos explica las incompatibilidades entre Islam y democracia. El primero de los motivos, es que durante aproximadamente mil años, los cristianos y los musulmanes se combatieron unos a otros. Pero a partir del siglo XVII la sociedad cristiana se fue disolviendo y se fue secularizando poco a poco como consecuencia de las sanguinarias guerras de religión que nos enfrentaron a católicos y protestantes. Como consecuencia de estos baños de sangre, Europa (y por ende Occidente), quedó extenuada y demandó e impulsó la tolerancia. Pero en el Islam, esto no sucedió. Si nosotros nos secularizamos, el Islam ha seguido siendo una sociedad teocrática. No ha vivido guerras de religión comparables a las nuestras. Es cierto que los wahabíes, los suníes y los chiíes han tenido sus enfrentamientos, pero han sido a muchísima menor escala. Por eso, en el Islam no han sentido la necesidad de crear un clima de tolerancia y de respeto. Porque no han vivido la sanguinaria experiencia que asoló la Europa en la que en España no se ponía el Sol. Este, es uno de los primeros puntos en su ADN que hace chocar a Islam y Democracia.

Otro motivo lo encontramos en el Derecho. El cristianismo, a pesar de surgir en la región cercana el Tigris y al Éufrates, se ha desarrollado principalmente en Europa. Su capital espiritual es Roma y no Jerusalén. Por eso no podemos dejar pasar que el cristianismo se superpuso a la civilización romana y nunca se adueñó de su derecho. El derecho canónico es el derecho interno de la Iglesia. Pero el Derecho que ha regido el resto de la sociedad europea en su organización siempre ha sido el Derecho Romano, un derecho autónomo e independiente. En el Islam no ocurre lo mismo. En el Islam, su derecho no es autónomo, siempre ha sido un derecho holístico.

Por último, el tercer motivo por el que la religión musulmana es un sistema teocrático, una civilización cansada o decaída que no tiene capacidades de adaptación y que, por tanto, reacciona con intransigencia” es que el Islam “es una religión guerrera, una fe que invade y conquista. Añádase que mientras que en el mundo cristiano el Antiguo Testamento se ve suavizado por el Nuevo Testamento, el Corán sigue anclado en el Antiguo Testamento: el islam carece de unos Evangelios.”

Por lo tanto, a la hora de exportar la democracia al mundo musulmán, nos encontramos con unos problemas de vivencia, de desarrollo de una civilización diferente a la nuestra. Mientras Occidente es laico y no se propone exportar una fe, el Islam es religioso, quiere exportar su fe, defenderla y difundirla. Esta es una de las primeras cuestiones que nuestros políticos, nuestros líderes de opinión, los periodistas y todos aquellos que se tienen que ver involucrados en el debate sobre cómo defender nuestra civilización y nuestros principios, han de tener en cuenta.

El segundo problema que tiene que abordar nuestra sociedad es el de desterrar de una vez por todas la moda del multiculturalismo. Solo cuando desterremos las teorías multiculturalitas, podremos hacer frente a las amenazas que se ciernen sobre nuestros países. Es un problema que están señalando muchos analistas. Es el problema que hace que existan guetos como los de Molenbeek en Bruselas o el Barrio del Principe en España. El problema del multiculturalismo es el que ha hecho que no hubiera minuto de silencio en Molenbeek tras los atentados, que gentes del barrio escondieran y protegieran a los yihadistas.

Dice Sartori, en el libro que ya mencioné, que la teoría de moda es que el multiculturalismo, es la continuación, la versión 2.0 y la superación del pluralismo. Pero él sostiene, que no hay nada más falso. El multiculturalismo es la negación y la inversión del pluralismo. El premio Príncipe de Asturias afirma que “en vez de promover una diversidad integrada, promueve una identidad separada de cada grupo y a menudo la crea, la inventa, la fomenta. El resultado es una sociedad de compartimentos estancos e incluso hostiles, cuyos grupos están muy identificados consigo mismos,  por tanto no tienen ni deseo ni capacidad de integración. “

Por eso, necesitamos desterrar el multiculturalismo. Es un paradigma que se está probando erróneo. No funciona. Hay que combatir con las armas que nos aporta la democracia y desde las ideas a aquellos que hoy están sentados en las instituciones y defienden estas teorías. Es el momento de volver al pluralismo como paradigma. Tenemos que volver a esta teoría porque se basa en la tolerancia. Porque rechaza todo tipo de dogma y toda verdad única. En una sociedad que se basa en el pluralismo y no en el multiculturalismo, uno está siempre obligado a argumentar y a dar razones para sostener lo que sostiene. Tenemos que volver al pluralismo porque respeta el derecho dominado harm principle. Un derecho por el cual la tolerancia no comporta ni debe aceptar que otro me perjudique. Por último, es necesario volver al pluralismo porque se sustenta en criterios de reciprocidad. Si una relación no es recíproca, no es tolerante. Si yo te concedo a ti, tú me tienes que conceder a mí.

Como dice Sartori la tolerancia es el rechazo a todo dogma, el pluralismo es, correlativamente, el rechazo de todo poder monocrático y uniformante.” Estas son las armas y los principios con los que nuestra civilización debe dotarse. Este es el debate que hay que afrontar para superar esta crisis. No hay que rechazar al diferente, hay que aceptarle en aquello que respete nuestros principios y desterrar lo que atente contra la dignidad del Ser Humano. Un musulmán tiene todo el derecho del mundo a profesar su fe en Europa. Pero tiene que hacerlo dentro de las normas y principios de los que todos nos hemos dotado.

 

Deja un comentario