Un, dos, tres, ¡Iglesias otra vez!

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[dropcap]P[/dropcap]ablo Iglesias reapareció en la televisión española este sábado. Bueno, nunca se marchó. Ahora las circunstancias exigen un sensible incremento mediático que Iglesias no desaprovechará. El desfondamiento de Podemos obliga a cambiar la embarcación, y hasta a algunos marineros. Paso uno, “addio Monedero!”. Paso dos, retomar nuestro buen manejo de los mass-media. Albert Rivera avanza demasiado rápido.

La cita del sábado aconteció, como no podía ser de otra manera, en La Sexta. La segunda cadena de Atresmedia se arrogó para sí el rol de referente de los sectores progresistas cuando Mediaset España adquirió Cuatro. El estilo berlusconiano debilitó la credibilidad del otrora buque insignia de PRISA, toda vez que el canal verde apostó por contenidos más polemistas que polémicos. Altas dosis de información política, su punto fuerte. Frente a seriales de sobremesa, un magazín vespertino de actualidad; ante programas de parejas metrosexuales en cueros, espacios para reportajes de calado en prime time, tanto los viernes como los domingos. Todo ello desde un enfoque bastante sesgado, considerablemente sensacionalista y en absoluto despreciando la espectacularidad. O sea, una clara apuesta por el infoentretenimiento.

La última participación de Iglesias destiló un fortísimo sabor a esta tendencia. En un set a imagen y semejanza del infame Tómbola, el secretario general de Podemos respondió a las andanadas –unas más virulentas que otras–, de los sospechosos habituales, esto es, los tertulianos de siempre. Rotulador en mano, continuó con una de las célebres pizarras a las que nos tiene acostumbrado el programa. Iglesias finalizó su performance imitando la que fuera otra muestra del infoentretenimiento, Tengo una pregunta para usted. Al tenor, cierta señora se interesó por la afición del eurodiputado a Juego de tronos. En concreto, la buena mujer quería conocer con cuál personaje se identificaba. Obvia respuesta, Khaleesi.

A decir de Manuel Castells, los medios de comunicación abandonaron su papel de cuarto poder tiempo ha. En su lugar, los mass-media actúan como espacio del poder. De esta manera, la avidez imperiosa por mostrarse ante un auditorio masivo repercute en el fondo y la forma del mensaje. Dejarse ver destaca por encima del contenido a transmitir, reduciéndose la profundidad del mensaje en pos de la visibilidad de la candidatura-marca. En este sentido, la política adopta la morfología célere e icónica del documento audiovisual. Y cuanto más morbosa, mejor.

Podemos ha manejado muy bien los tiempos mediáticos desde el inicio de su andadura. Lo contrario resultaría paradójico: al fin y al cabo, su núcleo está integrado por profesores de Ciencias Políticas, además de algún que otro magíster en Comunicación Política e Institucional. Incluso doctores en estas especialidades engrosan las filas del partido. La desaceleración de la formación púrpura consiste en la coincidencia de varios factores, como el descrédito ocasionado por Monedero, la incapacidad de explicar su plan económico, el surgimiento de Ciudadanos y, principalmente, que la gente está harta de sentirse cabreada. Por eso ya han comenzado la modulación de su discurso, a la par que retoman su actividad en las plataformas televisivas.

¿Cosecharán los efectos deseados? Sólo el tiempo lo dirá. Por de pronto, ha empezado el cambio, aunque no sé si el que predicaba su líder meses atrás.

 

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