A día de hoy ya es algo normal ver los ataques por parte del vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, a las instituciones y pilares de nuestra democracia.  Su pasado ya nos desvelaba que era un peligro para mantener el orden constitucional en nuestro país.

Este señor, cuyo partido recibió en las elecciones del 10 de Noviembre de 2019 un total de 3.097.185 votos, es el mismo que defiende el feminismo y la igualdad después de decir en septiembre de 2013 en una conferencia de la Izquierda Anticapitalista (IA): “Nosotros hacemos política masculina: con cojones”.

Es el mismo que pide libertad de expresión y luego habla de “romper la cara a los fachas con los que discute en televisión” (conferencia de la Izquierda Anticapitalista).

Es el mismo que aun sabiendo las consecuencias que tiene el comunismo en Venezuela, lo toma como ejemplo a seguir diciendo que “es muy interesante vivir en un país como Venezuela, donde se están produciendo tantos cambios y tantas transformaciones que pueden convertirse en un ejemplo democrático para los ciudadanos del sur de Europa”, un país donde el 78% de la población infantil corre el riesgo de sufrir algún tipo de desnutrición (Sociedad de Pediatría de Venezuela), el 30% de niños y adolescentes no asiste al colegio (Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Población Venezolana), una cuarta parte de la población total venezolana necesita ayuda humanitaria (Mark Lowcock, Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas), los servicios de salud se han reducido entre un 80 y un 85% (OMS), existe una hiperinflación de 9.585,5% y un salario mínimo de 4,6 dólares (Ministerio del Poder Popular para el Proceso Social del Trabajo de Venezuela). Y todo esto no acaba aquí, el líder de Podemos también ha exculpado a los terroristas etarras afirmado que “si hablara de ETA diría que el terrorismo ha provocado un enorme dolor en nuestro país, pero también diría que tiene explicaciones políticas”.

Pablo Iglesias es un peligro para nuestra democracia y lo demuestra día tras día atacando a la Justicia desde su sillón de vicepresidente segundo. Sin ir más lejos, en el caso Dina en lugar de dar explicaciones o asumir responsabilidades por los indicios que han llevado al magistrado a pedir al Supremo que le investiguen, Pablo Iglesias se defiende con un argumento victimista y atacando al Estado de derecho, dando a entender que la Justicia le persigue por sus ideas políticas.

Iglesias tuvo palabras para todos y contra todos: periodistas, jueces, políticos e incluso servidores públicos, todos según él al servicio de “las cloacas del Estado”, llegando incluso a comparar el caso Dina con el caso del Procés, insinuando que serán indultados para Navidad y advirtiendo al Supremo que no concibe su imputación en el caso Dinani como una hipótesis”.

Nuestra democracia está sufriendo una enfermedad parasitaria, cuyos parásitos están intentando destruirla y machacarla desde lo más profundo de las Instituciones del Estado.

Pablo Iglesias se metió a político para cambiar las cosas y lo está consiguiendo, España ha sufrido muchos cambios desde el 2018 y cada día que pasa me doy más cuenta todavía que Pablo Iglesias Turrión es un peligro para la libertad de todos los españoles.


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