[dropcap type=”2″]L[/dropcap]a primera semana de gobierno del ayuntamiento de Madrid y ya comienzan las conspiraciones. Responsabilidades exigidas y cumplidas ante el humor negro empleado hace años por componentes como el exconcejal Guillermo Zapata en su cuenta de Twitter. Su dimisión es totalmente comprensible y justificada. La hipocresía surge cuando políticos, como algunos miembros del PP, ponen el grito en el cielo cuando ellos mismos han criticado, se han burlado, y han engañado a todos los ciudadanos españoles.

Han visto la oportunidad y no la han desaprovechado, este acontecimiento es lo que muchos estaban esperando para comenzar de manera rotunda sus críticas y advertencias sobre las nuevas formaciones políticas.  Twitter y todos los medios de comunicación se han volcado, para bien o para mal, en informar de todo lo relacionado con este hecho y que no pasase desapercibido por nadie. Vuelvo a repetir la osadía de muchos al exigir responsabilidades y hacer críticas sin mirar antes en su propio partido. Nadie del PP ha dimitido por estar envuelto en numerosos escándalos de corrupción y en tramas como la “Gürtel” o la “Púnica” y de hecho muchos alcaldes corruptos han vuelto a ser reelegidos, debe ser que a los españoles nos gusta eso de que nos roben y engañen en nuestras narices.Menos criticar a los demás y más hacer autocrítica.

La otra noticia fuerte de la semana es el  adiós de Esperanza Aguirre como presidenta del PP en Madrid. Se va sí, pero antes lanza su veneno contra sus propios compañeros del partido, y en esta ocasión le ha tocado el turno a Mariano Rajoy al que le ha echado la culpa de los resultados electorales y de sus consecuencias. Saltándose las órdenes desde la cúpula central del partido, la presidenta del PP madrileño organizó por su cuenta el Comité Ejecutivo Regional  dejando claro la necesaria renovación del partido y exigiendo responsabilidades ante los resultados electorales. Algo que no ha sentado bien al ejecutivo ya que refleja la inestabilidad del partido y su debilitación.

Unos y otros, todos somos responsables de nuestros actos, de nuestras palabras. No podemos renuncias a la libertad de expresión pero si utilizarla de forma coherente y respetuosa. Confío en que este tipo de hechos sirvan para que todos, y en especial los políticos, sean consecuentes con todo aquello que dicen, prometen e incumplen y se atrevan a dar la cara a los ciudadano basta ya de mentiras, engaños y manipulaciones. Una política mejor, más democrática y real es posible, luchemos por conseguirla.