¿Puede el Partido Republicano parar a Donald Trump?

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[dropcap]S[/dropcap]u ascenso es imparable. Los resultados obtenidos en el Supertuesday, en especial su victoria en Florida, hacen que la candidatura de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos haya dejado de ser una posibilidad para convertirse en un hecho. La idea de que el magnate inmobiliario sea el rival de Hillary en las elecciones de noviembre[i] está cada vez más asumida por parte de la sociedad americana. Una candidatura que, a pesar del amplio apoyo que está recabando en las bases republicanas, es recibida con escepticismo por parte del establishment.

De hecho, en el Partido Republicano están muy preocupados ante la nominación de Trump. Saben que su candidatura, aunque imbatible en primarias, no es suficientemente sólida para unas elecciones presidenciales. Hillary Clinton, pese a la polémica con los correos electrónicos y los buenos datos obtenidos por Sanders, tiene un perfil político que genera un consenso suficiente para poder vencer a Trump en las generales. El contar con el voto femenino y latino es, en este caso, decisivo. Según estimaciones de Real Clear Politics, en unas hipotéticas elecciones, Hillary obtendría algo más de seis puntos de ventaja sobre Donald Trump. Una situación que, curiosamente, no sucedería si el rival fuese Marco Rubio o John Kasich. Con Ted Cruz empataría.

La radicalidad de su discurso y la impredecibilidad de los actos de Donald Trump no son el único problema para el partido. Trump se ha vanagloriado durante toda la campaña de haberse costeado él mismo su campaña[ii]. Su poderío económico le ha permitido no tener que depender de donantes, lobbys y Super PACs. Una situación que implica una mayor autonomía frente a los deseos del partido, en gran parte representados por los intereses de sus grandes donantes, que hacen que sea visto como un futurible presidente incontrolable y demasiado independiente.

Ante esta situación, el establishment republicano ha intentado por todos los medios evitar que Donald Trump salga victorioso del proceso de primarias. Sin embargo, sus dos principales apuestas, Jeb Bush y Marco Rubio, se han visto obligados a abandonar a la vista de sus malos resultados. En el caso de Bush, pese a contar con un presupuesto de campaña de 120 millones de dólares y recibir el apoyo financiero de los grandes donantes republicanos, dijo adiós prematuramente tras los malos resultados de Carolina del Sur[iii]. Rubio, que había recibido el apoyo del propio Bush y parte de sus donantes, dependía de Florida para seguir adelante. Una victoria en el estado por el cual es senador le hubiese permitido reengancharse en la pelea y colocarse como el verdadero candidato del establishment frente a Trump. Tras perder por más de 18 puntos anunció la retirada de su candidatura[iv].

¿Y Ted Cruz? El senador por Texas es el único que mantiene, a cierta distancia, la carrera a Trump. Sin embargo, si el empresario de la construcción es mal visto dentro del partido republicano, las opiniones sobre Cruz no son mucho mejores. Además de su falta de apoyos en Washington, incluso por parte de sus propios compañeros del partido[v][vi], las opiniones de Ted Cruz son, en muchos casos, más radicales que las posturas de Trump[vii]. Cruz es, de hecho, el abanderado del Tea Party, lo que le hace aún más peligroso que el empresario neoyorquino a ojos del sector moderado del partido. Republicanos como Bob Dole afirmaron que, en caso de tener que elegir, era preferible una nominación de Donald Trump antes que Ted Cruz[viii].

Pese a todo, Trump avanza firme hacia una nominación no deseada desde el aparato del partido republicano. Ante una situación así, muchos dirigentes conservadores están barajando las distintas posibilidades que existen para que, a pesar de ser el candidato más votado por las bases, puedan evitar que sea el elegido para alcanzar la presidencia.

Para lograr parar a Trump el primer escollo es el número límite de delegados. Como se sabe, las elecciones en Estados Unidos son indirectas. Los votantes no eligen directamente a un candidato, sino que votan a unos delegados que, posteriormente, designarán al candidato vencedor. En este proceso el número mágico es 1.237. Si Trump consigue llegar a esa cifra de delegados su nominación sería un hecho. Una vez obtenida esa mayoría el margen de maniobra del partido sería muy limitado.

En el caso de que Donald Trump no obtuviese esos 1.237 delegados en las primarias la elección se decidiría mediante convención abierta[ix]. En este caso el proceso de elección varía completamente, abriéndose varias posibilidades para el partido[x]. En teoría, los delegados que llegan a la convención están ligados al candidato que ha vencido en las primarias de su estado. Eso es lo que se refleja en la primera votación, donde solo el 5% de ellos no está condicionado al voto. Si en esta primera vuelta ningún candidato obtiene la mayoría (en el caso de que Trump no hubiese conseguido esos 1.237) se abriría una segunda votación donde el 57% de los delegados pasaría a ser liberados. El porcentaje de “delegados libres” llegaría al 81% en una tercera votación, lo que abriría aún más las posibilidades de elección[xi][xii]. El número de vueltas hasta elegir candidato no tiene límite. En 1924 el Partido Demócrata necesitó hasta 103 para designar a John W. Davis[xiii].

De esta forma, el establishment podría lograr sumar apoyos a un candidato que no fuese Trump una vez este perdiese la primera votación y casi la mitad de los delegados pudiese votar de manera no obligatoria. El problema, llegado a este punto, sería si Cruz y Kasich son candidatos viables para rescatar el voto de un número tan elevado de delegados. Una de las ventajas de la convención abierta es que el candidato presentado por el partido no tiene que ser obligatoriamente uno de los que están en este momento en la carrera por la nominación. Esta posibilidad abre la puerta a una posible designación de una figura de consenso dentro de la formación. Se ha especulado con Mitt Romney, pero todas las miradas apuntarían a Paul Ryan, actual Presidente de la Cámara de Representantes[xiv]. El que formase ticket con Romney ya se ha auto descartado. Sin embargo, aún esta reciente su inicial rechazo a ocupar el cargo que dejó libre Boehner y al que, tras la petición insistente del partido, terminó por aceptar[xv].

Uno de los principales inconvenientes que acarrearía esta estrategia sería la repercusión que tendría en términos de imagen para el partido y para el hipotético candidato. Las bases republicanas han demostrado su apoyo a Donald Trump en la mayoría de los caucus y primarias celebradas en los diferentes estados. Que finalmente el candidato republicano sea alguien que no cuente con el respaldo de una gran parte de la sociedad americana puede ocasionar un problema de legitimad hacia sus votantes definitorio de cara a las elecciones de noviembre.

En un caso aún más extremo, y si Trump fuese definitivamente el candidato, algunas voces republicanas han lanzado la idea de presentar un candidato alternativo bajo un tercer partido para luchar directamente contra el magnate y evitar su victoria. Esta posibilidad ha sido defendida por algunos republicanos históricos[xvi]. Sin embargo, el hecho de dividir de manera clara el voto conservador prácticamente supondría asegurar la victoria de Hillary. No es, sin embargo, una idea sin fundamento. En una encuesta publicada por la NBC se reflejaba que un 37% de los votantes republicanos considerarían un “candidato del tercer partido” en el caso de que los elegidos fuesen Trump y Clinton[xvii].

El establishment republicano tiene, al menos a día de hoy, varias armas para parar a Donald Trump en su imparable carrera. Pese a ello, cualquier elección conlleva unos costes elevados. Las opciones de recuperar la presidencia son, en ambos, casos, muy difíciles. La única certeza es que cada día Donald Trump está más cerca de poder ser elegido como candidato a la Casa Blanca por el Partido Republicano. A pesar del Partido Republicano.

 

 

[i] Las matemáticas lo dicen: la pelea será Trump contra Clinton. Rafael Mathus. El Español. 17, Marzo 2016. En línea: http://www.elespanol.com/mundo/20160316/109989378_0.html

[ii] Trump: ‘I don’t need anybody’s money’. The Washington Post. 19, Octubre 2015. En línea: https://www.washingtonpost.com/video/politics/trump-i-dont-need-anybodys-money/2015/10/19/160176f2-7668-11e5-a5e2-40d6b2ad18dd_video.html

[iii] Jeb Bush suspende su campaña tras un mal resultado en Carolina del Sur. Joan Faus. El Pais. 21, Febrero 2016. En linea: http://internacional.elpais.com/internacional/2016/02/21/estados_unidos/1456020633_825090.html

[iv] Donald Trump liquida a Marco Rubio, y ya tiene la mitad de los delegados para ser candidato. Pablo Pardo. El Mundo. 16, Marzo 2016. En línea: http://www.elmundo.es/internacional/2016/03/16/56e8a17c268e3ec6578b469e.html

[v] Everybody Hates Ted. Alex Shepard and Clio Chang. New Republic. 4, Marzo 2016. En linea: https://newrepublic.com/article/128808/everybody-hates-ted

[vi] Why D.C. Hates Ted Cruz. Molly Ball. The Atlantic. 26, Enero 2016. En linea: http://www.theatlantic.com/politics/archive/2016/01/why-dc-hates-ted-cruz/426915/

[vii] Ted Cruz, el hombre más detestado de America. Argemino Barro. El Confidencial. 5, Febrero 2016. En línea: http://www.elconfidencial.com/mundo/2016-02-05/ted-cruz-el-hombre-mas-detestado-de-america_1146137/

[viii] El establishment republicano dice: Trump mejor que Cruz. Hey, ¿Quién se presenta en el 16? 21, Enero 2016. En línea: http://enel16.blogspot.com.es/2016/01/el-establishment-republicano-mejor.html

[ix] Primarias en EEUU 2016: hacia una convención republicana abierta. Carlota Garcia Encina. Real Instituto ElCano. 16, Marzo 2016. En línea: http://www.blog.rielcano.org/primarias-en-eeuu-2016-convencion-republicana-abierta/

[x] How Trump Can Be Stopped. John McCormack. The Weekly Standard. 16, marzo 2016. En línea: http://www.weeklystandard.com/how-trump-can-be-stopped/article/2001595

[xi] How Trump Could Be Blocked at a Contested Republican Convention. Larry Buchanan and Alicia Parlapiano. The New York Times. 14, Marzo 2016. http://www.nytimes.com/interactive/2016/03/09/us/politics/how-trump-could-be-blocked-at-a-contested-republican-convention.html

[xii] Así fue la última convención abierta: lecciones para 2016. Maria Ramirez. POL16, Univision. 13, Marzo 2016. En linea: http://especiales.univision.com/pol16/asi-fue-la-ultima-convencion-abierta-lecciones-para-2016/

[xiii] An Extremely Detailed Guide to What the Heck Might Happen at a GOP Contested Convention. Josh Voorhees. The Slatest. 10, Marzo 2016. En linea: http://www.slate.com/blogs/the_slatest/2016/03/10/a_contested_republican_convention_explained.html

[xiv] Paul Ryan slams door on potential 2016 GOP nomination. Tom Lobianco and Deirdre Walsh. CNN. 17, Marzo 2016. En linea: http://edition.cnn.com/2016/03/16/politics/paul-ryan-brokered-convention-2016-nomination/index.html

[xv] Pese al respaldo, Paul Ryan descarta nominación republicana. Mundo Hispánico. 17, Marzo 2016. En línea: http://mundohispanico.com/noticias/pese-al-respaldo-paul-ryan-descarta-nominacion-republicana

[xvi] Top conservatives gather to plot third-party run against Trump. Shane Goldmacher. Politico. 15, Marzo 2016. En linea: http://www.politico.com/story/2016/03/top-conservatives-gather-to-plot-third-party-run-against-trump-220786

[xvii] Exit polls suggest plenty of appetite for a third-party alternative to Donald Trump. Phillip Bump. The Washington Post. 15, Marzo 2016. En línea: https://www.washingtonpost.com/news/the-fix/wp/2016/03/15/exit-polls-suggest-plenty-of-appetite-for-a-third-party-alternative-to-donald-trump/

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