En estos tiempos de tanta oscuridad es imposible no sentir como una victoria propia lo conseguido en Inglaterra por alguien llamado Jeremy Corbyn, nuevo líder del Partido Laborista con 66 años, en un mundo y una sociedad donde lo nuevo, lo joven y lo frívolo parece destinado a ser lo que triunfe, incluso en algo tan importante y delicado como es la política, el arte de gobernar y administrar el poder. Lo que ha conseguido este viejo sindicalista es casi un milagro, y al producirse en un marco tan emblemático como el de la política británica quizás anuncia una nueva etapa donde es posible que se cumpla algo que hoy por hoy parece un sueño: que la izquierda vuelva a ser izquierda.

Fue precisamente en Inglaterra donde se escenificó el resurgir de los conservadores que irían abrazándose al neoliberalismo como su brazo armado ejecutor. Margaret Thatcher potenció un discurso rupturista con las políticas del bienestar consensuadas tras la II Guerra Mundial y que habían implantado tanto partidos socialdemócratas como más conservadores. La Dama de Hierro pondría fin a esta etapa dorada del estado del bienestar y tallaría la primera y fortísima piedra donde se asienta esta dictadura camuflada que hoy se impone en Europa y que conocemos como neoliberalismo. Da igual que los ingleses se hayan quedado al margen del Euroreich, las políticas de David Cameron no tienen nada que envidiar al mejor decálogo de austeridad promocionado por Merkel.

La “tercera vía” llevó lentamente a los diversos partidos nacionales de izquierdas a la irrelevancia.

Curiosamente no solo la derecha enemiga de la clase trabajadora encontró su heroína en una mujer británica, sino que también a través de un líder inglés la izquierda reformista, laborista o socialdemócrata comenzó a autoinocularse un virus mortal llamado “tercera vía” que llevaría lentamente a los diversos partidos nacionales de izquierdas a la irrelevancia, cuando no desaparición casi absoluta. El padre de esta criatura degenerativa se llamó Tony Blair, pero encontró en personajes como Schröder, Zapatero y Manuel Valls, colaboradores necesarios para la propagación de dicha patología que lleva a la izquierda a querer ser algo que atraiga “al centro”, o demás fórmulas retóricas que dejan al descubierto una debilidad ideológica y de valores inversamente proporcional a la ambición por el poder de aquel que lo sostiene.

Es cierto que estos 4 jinetes zurdos del apocalipsis centrista llegaron a gobernar, incluso con algunos éxitos relativos en parte de sus legislaturas. Pero nadie dijo que el virus del socioliberalismo (como también se le llama) provocase fiebres altas inmediatas y distorsión de los sentidos. Es un agente patógeno que actúa con la inteligencia de un parásito progresivo, que no es lo mismo que progresista. Incluso desde el poder se puede perder el futuro a base de olvidar tu pasado.

Pues bien, de nuevo vuelven a ser las islas del norte de Europa donde surja ese faro de esperanza en medio de la oscuridad provocada por la austeridad y el nuevo totalitarismo de las derechas. Un faro que ilumina débil dadas las incertidumbres a las que se enfrenta, pero que ha demostrado que el futuro no está escrito ni en las estrellas ni en los periódicos de los grandes multimillonarios.

Todas las élites británicas han actuado de manera coral para evitar la victoria del nuevo líder laborista. Incluso el padre del virus volvió de sus asesorías millonarias a dictadores a granel para pedir a los ingleses que no votasen a Corbyn por mucho que lo odiaran (a Tony Blair). Habrá sido duro darse cuenta de que su opinión ya no le importa a casi nadie en Inglaterra. A Tony le ha pasado lo mismo que a Aznar, que quisieron pasar a la historia como grandes estadistas y solo han conseguido estorbar a los suyos propios.

La victoria de Corbyn es la victoria de la política, del trabajo, de los valores y de los proyectos sólidos y coherentes.

La victoria de Corbyn es la victoria de la política, del trabajo, de los valores y de los proyectos sólidos y coherentes. Esto no quiere decir que vaya a ser infalible, porque posiblemente tendrá que ir adaptando su discurso a imposiciones de la realidad. Pero es indudable que tiene una determinación y un rumbo que han despertado, como mínimo, la curiosidad de cientos de miles de ingleses que quieren conseguir de cara al 2020 una alternativa real a los conservadores.

En España, como no podía ser de otro modo, todos los medios fascistas al servicio del PP, del Opus y del neoliberalismo, advierten que el Partido Laborista ha dado un giro a la “extrema izquierda”. Es decir, ese eslogan tan infame que califica de radical o de extremista a esa izquierda que quiere volver a ser izquierda, una izquierda de manera natural, sin ser forzada y sin ser dogmática. Esa izquierda reformista que asumió como relato económico propio las políticas keynesianas.

Quien piense que la alternativa a la austeridad es una austeridad menos salvaje y más humana demuestra síntomas innegables de “blairitis”.

Siendo grave esta manipulación mediática de la derecha que busca, como siempre, sembrar el odio y el miedo a la ciudadanía, lo peor es que existen políticos y miembros dentro de la misma izquierda socialdemócrata que asumen como propia esta infamia del “radicalismo” y “la marginalidad alejados del centro”. El socialismo se encuentra en las cotas más bajas de poder de las últimas décadas y ante esto algunos siguen empeñados en seguir recetando más centro y más moderación, que es precisamente de lo que ha enfermado la izquierda hasta debilitarla y hacerle irreconocible. Quien piense que la alternativa a la austeridad es una austeridad menos salvaje y más humana, permitiendo que todos tengamos sanidad y que los hijos de los pobres puedan ir a la universidad, demuestra síntomas innegables de la blairitis.

No había más que ver los actos multitudinarios de campaña, donde Corbyn llenaba salas y abarrotaba plazas. Pero de gente que iba ilusionada a escuchar lo que les proponía para su futuro. Iban a oír a Corbyn hablar de política. Ante esto uno solo puede sentir una envidia, no sé si sana, al volver la vista a nuestros dominios y observar actos prefabricados y sin emoción; militantes que solo acuden a los mítines a hacerse selfies con el líder de turno sin importarles lo que diga; eslóganes vacíos que repiten los de siempre y que aplauden los de siempre; o lo que es peor: candidatos que salen a bailar pensando que así conseguirán algo de notoriedad en un escenario trascendental y muy delicado como es actualmente Cataluña. Los votantes buscan políticos que les inspiren confianza, o con los que compartan un modelo de sociedad. Convertir la política en una especie de espectáculo pop solo lleva al ridículo más evidente y al fracaso más impotente, como se verá en las urnas el 27-S.

Corbyn ha demostrado que es posible, en un escenario tan complejo y conservador como ha sido siempre Inglaterra. No será fácil conseguir en España algo similar, pero está llegando ese momento donde tendremos que encontrar y apostar por nuestro Corbyn español si queremos hacer de nuestro país y de nuestro futuro un lugar donde poder vivir dignamente. Necesitamos urgentemente un Corbyn que lidere y revitalice al Partido Socialista. A nuestro Partido Socialista, sin nombre ni apellido personal.

 


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