IU en el #22M, cuando una buena campaña no basta

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[dropcap]L[/dropcap]a realidad ha sido cruel con Izquierda Unida-Los Verdes-Convocatoria por Andalucía (IULV-CA). Sólo gastar tantas siglas debería obligar un replanteo en la estrategia de comunicación. Al final, todo el mundo la conoce como IU. ¿Para qué complicarse?

 

Pese a la manía de sus quisquillosos miembros por usar rótulos kilométricos, la federación ha presentado una magnífica campaña en esta ocasión. Para mí, la mejor de los pasados comicios andaluces. A continuación desgloso las tácticas punteras, modernas, bien manufacturadas, incapaces, sin embargo, de eludir un descalabro bastante doloroso. El enésimo desplome que demuestra que una buena, incluso muy buena campaña, no basta para triunfar.

 

Primero, el candidato. El coordinador general Antonio Maíllo encarnó la figura de un aspirante elocuente, asequible y honesto. Viéndole y oyéndole, nadie puede dudar de su honradez. Como mucho, puede pensar que es demasiado ingenuo para el cargo al que postula. Suele ocurrir con su coalición: excesivamente racional para el ciudadano medio, que no maneja la información ni goza de la instrucción democrática suficiente. Su equipo de asesores, tras unos pasos iniciales vacilantes –recuerdo, en especial, el primer debate a tres–, le aleccionó como corresponde. En adelante, Maíllo expresó bien sus ideas, fácilmente asumibles, además, para el andaluz común, y no erró al argüirlas frente a su auditorio.

 

Segundo, el prontuario. Los argumentos pergeñados por los izquierdistas tuvieron dos grandes aciertos. De un lado, el consenso con la población sureña. Habló acontecimientos frecuentes para cualquier andaluz en su vida cotidiana. No sólo eso, fueron encajadas en un storytelling, un relato con personajes cercanos: Maíllo disertó la sobre “un amigo” recién jubilado, sustituido por tres jóvenes que, en conjunto, cobran lo mismo que el nuevo pensionista; contó cómo el pequeño olivarero, carente de recursos, vende a granel el aceite a firmas extranjeras, que lo envasan y comercializan, quedándose así con todo el valor agregado de nuestro oro verde. Una táctica que pareciendo fácil, no lo es tanto –recuerden la famosa niña de Rajoy.

 

De otra parte, repitió una y otra vez su mensaje, para que la ciudadanía lo asimilara. Sí, a la manera de los anuncios publicitarios. Después de todo, el marketing electoral se asemeja muchísimo al comercial. Frases breves, escuetas pero pegadizas, repetidas de forma constante hasta que se incrustan en la psique de la audiencia. Precisamente eso hizo el candidato de IU, sin que sus contenidos aquejaran ningún elemento que requiriese ser extirpado.

 

Tercero, las técnicas. Los tradicionales mítines, pegas de carteles y spots describieron algunas de las mejores tácticas diseñadas por expertos en comunicación política. La emotividad de los anuncios televisivos, insertos en sus canales de plataformas audiovisuales 2.0 y difundidos por sus redes sociales corporativas; la humanización del rostro del candidato en la cartelería; el ya mencionado storytelling. Un conjunto de métodos de primerísimo orden que cosecha resultados en todo el mundo.

 

Entonces ¿qué ha fallado? Pues varias cosas para nada relacionadas con el ámbito comunicativo. El descrédito de la marca IU hace tiempo que viene mermando el electorado de la federación. Sus simpatizantes se han decantado por el voto útil hacia otras fuerzas políticas –en Andalucía suele recaer en el PSOE. Asimismo, han dado muestras de fragmentación interna, de desorden y de corrupción, aunque muchísimo menos que el Partido Socialista, tanto en calidad como en cantidad. Pero un caso, por nimio que sea, basta para granjear el cinismo del votante saturado. “Todos son iguales” piensa, para mortificación a las alternativas.

 

Por otro lado, la fidelidad del electorado socialista en Andalucía es realmente considerable. A esto debemos sumar que la ley D’Hondt beneficia al oficialismo, como puede comprobarse si comparamos que una pérdida similar de papeletas no se traslada a una rigurosa reducción de escaños: IU baja de 12 a 5, pero el PSOE mantiene sus 47 parlamentarios. Una formación apoltronada en el poder desde hace más de tres décadas emite sensación de seguridad hacia el elector andaluz, de talante conservador.

 

El Acuerdo de las Izquierdas de 2012, sobre todo su escabroso final, también ha contribuido a dejarles al borde del abismo. A esto hay que añadir la irrupción de Podemos, que le ha succionado el plausible respaldo de los segmentos progresistas urbanos, además de algún referente de peso, como Diego Cañamero.

 

IU en Andalucía debe tomarse como ejemplo de la singularidad española. El referente en los procesos comiciales hispanos no se encuentra en las personas que componen las listas, aunque éstas disfrutan de popularidad entre las masas. Al contrario, la tendencia en España continúa siendo la confianza hacia la entidad. Maíllo puede aspirar a la Presidencia de la Junta, empero la gente, a la hora de la verdad, ve –y recuerda- quiénes componen o compusieron Izquierda Unida. Sus éxitos, pero sobre todo, sus pifias. Y si no, pregúntenles a los del PA.

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