Cada día que pasa nos acercamos más a la nueva normalidad de la que Pedro Sánchez tanto presume, una nueva normalidad que resume con el lema “salimos más fuertes”. Si soy sincero no puedo parar de preguntarme si realmente salimos como dice o simplemente pretende otorgarse méritos como el presidente que salvó de la pandemia a nuestro país.

Haciendo una recopilación de los datos, a la calle salimos más de 40.000 españoles menos (según un estudio realizado por el Instituto Carlos III), la tasa del paro se encuentra en máximos históricos, un 34% si se incluyeran los ERTES (según Funcas), una deuda pública que asciende al 100% del PIB español, más de 500.000 autónomos podrían cerrar definitivamente tras la crisis del Covid-19 y una oleada de pobreza invisible que se sitúa por encima de los valores provocados por la crisis del 2008, se estima un incremento del 30% en las entregas de comida que hacen desinteresadamente los bancos de alimentos.

Aun así y con los datos encima de la mesa hay que escuchar como el Presidente del Gobierno de España echa balones fuera y convierte a la oposición en el centro del mal de todos los españoles ya que en su diccionario no existe la palabra autocrítica.

Desde que comenzó a alertar la OMS de la emergencia sanitaria hubo tiempo suficiente para elaborar un plan de choque contra el Covid-19, tanto en materia sanitaria, económica como social, de hecho miembros del gobierno como María Jesús Montero, Ministra de Hacienda desde el 2018, señalaba a finales de febrero que España estaba preparada para afrontar la crisis sanitaria que estaba azotando con gran intensidad a Italia.

No sé si salimos más fuertes, desde luego salir hemos salido pero sin garantías. Nos metieron en casa cuando el Covid-19 estaba desbocado, miles de españoles estaban infectados y las muertes se sucedían día tras día, aumentando sin parar. Las medidas se habían adoptado muy tarde, se había impuesto la agenda ideológica del gobierno de coalición por encima de la vida de las personas y el problema principal es que las cifras no son números, las cifras son personas que se habían infectado o, por desgracia, personas que habían fallecido, familias rotas de dolor que tenían que ver como no volvían a ver a sus seres queridos porque el gobierno central no adelantó las medidas de contención del virus.

Su gestión culmina sacando de casa progresivamente, después de dos meses encerrados, sin control alguno a las personas, sin realizar test masivos a la población que permitiera cribar y evitar en la medida de lo posible futuros rebrotes.

La debacle económica, sanitaria y social postCovid-19 es el resultado de una gestión nefasta que no admite ninguna crítica por parte del gobierno. Nadie dentro del gobierno hace autocrítica, nadie reconoce errores ni nadie dimite. Se tomaron a la ligera los avisos de la Organización Mundial de la Salud y fulminaron la vida de miles de compatriotas, si esto es “salir más fuerte” que venga Dios y lo vea.

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