Una Cataluña aun más polarizada.

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Una ciudadana deposita su voto en una mesa de un colegio electoral de Barcelona, en las elecciones de 2015. (EFE)

Los resultados de ayer nos llevan a una situación contraria a la esperada cuando estas elecciones tan atípicas fueron convocadas de una forma aún más atípica.
En lo que respecta al bloque independentista, contra todo pronóstico Junts per Catalunya lograron el segundo puesto, convirtiéndose en la fuerza soberanista más votada con dos escaños más que los cosechados por Esquerra. Fruto de la campaña electoral desarrollada por Puigdemont con un discurso que ha adelantado por la izquierda a Esquerra, no solo ha logrado no bajar en escaños sino que ha logrado superar a Esquerra. El hecho de que los dos grandes partidos soberanistas estén tan empatados, puede dar como resultado que para mantener su puesto, ambos partidos endurezcan su discurso, es decir, lo contrario al discurso mantenido por Esquerra durante la campaña y que entre otras causas ha podido provocar que perdiese ese liderazgo del bloque soberanista que todos las encuestas daban por seguro. Si a ello le sumamos que para gobernar necesitan los votos de las CUP, que han dejado claro que no votarán a favor de ningún gobierno que no ejecute la independencia de manera unilateral, podemos observar que lo más probable es que el discurso del bloque soberanista sea más radical que antes de la aplicación del artículo 155 CE.
Por lo que se refiere al bloque constitucionalista las previsiones no son más halagüeñas. Ciudadanos es el claro ganador de estas elecciones, siendo la fuerza más votada y presentando una mejora más que considerable respecto a las últimas elecciones. Este partido ha sido el que ha representado la postura más radical frente al desafío soberanista, postura que sale tremendamente reforzada tras las elecciones. Dicha postura le ha permitido ganar en feudos socialistas y arrancar un buen puñado de escaños al Partido Popular, dejándole en una posición muy debilitada, con una representación prácticamente marginal consiguiendo tres escaños lo que les relega a la última fuerza política del Parlament. Todo ello nos lleva a una situación donde el principal actor constitucionalista es el menos favorable a ningún tipo de diálogo con el bloque contrario.
El análisis de los resultados obtenidos de ambos bloques, si bien es similar al obtenido en las elecciones del año 2015, la participación histórica junto a la nueva distribución de las fuerzas dentro de los dos bloques nos lleva a un parlament aún más polarizado que es reflejo de una Cataluña dividida con una fractura entre ambas posturas que hoy parecen estar aún más lejos de reconciliarse que antes del 1 de octubre.

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