Ser homosexual sigue siendo extraño en el mundo. Al menos eso podemos intuir al leer en multitud de medios que el arquitecto belga Gauthier Destenay, marido, por cierto, del primer ministro de Luxemburgo, posaba sonriente junto a nueve primeras damas en la cumbre de la OTAN. Efectivamente, se trata de un acontecimiento inusual en la alta política: el primer ministro de Luxemburgo es el único político de la UE que se ha casado con otro hombre y el tercero de Europa en declararse gay.

Pero ese no es el único dato curioso de la instantánea. El belga aparece rodeado de primeras damas, es decir, mujeres de presidentes. Por supuesto, esto implica que una mayoría de presidencias europeas sigue estando en manos de hombres heterosexuales. Y es que la conjunción entre la anormalidad que supone ver a un hombre gay en esta situación y la frecuencia con que las mujeres ocupan este tipo de cargos es el paradigma de una realidad palpable: la ínfima representación de la diversidad social y la reducción de la mujer a un segundo plano en las altas instancias. De hecho, si hablamos de la primera línea política, a día de hoy solo 16 mujeres son presidentas o primeras ministras en el mundo.

Otro aspecto llamativo ha sido el tratamiento informativo de la noticia. Algunos medios han calificado de “divertida” la fotografía. Por definición, la palabra divertido se refiere a algo alegre o festivo. Lo siento, pero no encuentro el encaje de ese adjetivo en la imagen. Probablemente lo único que puede hacernos reír es el contraste entre la afanosa sonrisa de Melania y el implacable gesto de la primera dama turca. Algún periódico entendió que su mueca se impregnó de tintes homófobos y se debía a la presencia de Destenay. La capacidad analítica de algunos periodistas es pasmosa.

Es algo casi tan asombroso como el hecho de que la homosexualidad de una persona siga siendo un criterio noticiable. Así que para que los representantes institucionales venideros no copen portadas por ese motivo hay que trabajar por la inclusión. Y para que la política evolucione con la sociedad es necesario hacer ver que se implica con ella. Porque la participación en el escenario internacional supone, a su manera, proyectar la realidad de cada país. Y si la diversidad real llegase a penetrar en los máximos órganos de gobierno en Europa quizá las altas esferas se parecerían un poco a la realidad. Aunque solo fuese un poco. Tal vez así ser gay dejaría de parecer extraño ahí arriba.

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