En contra de lo que la mayoría de los españoles barruntan, el vástago de CiU no es PDeCAT. Ni siquiera es catalán. La coalición catalanista más vetusta fue enterrada tras la fractura entre ambos partidos componentes. Luego de que Mas se ataviara de independentista, la Unió de Espadaler y Duran i Lleida, buscando mantener la esencia de la coalición, se encontró con su disolución el pasado marzo. ¿Qué queda de CiU?

CiU es la formación política de Pujol. Hay voces que indican que, en este caso, el viceversa no es posible. CiU fue el partido que pactó con el PSOE decadente de González, con el PP de Aznar en sus primeras etapas y con el nuevo PSOE de ZP. Pero CiU dejó de ser el partido que pactó con el nuevo ejecutivo en minoría de Rajoy.

En España, merced al sistema D´Hont, los partidos regionales aumentan su representación, al igual que los PP y PSOE de hoy y, sobre todo, la UCD de otrora. Este sistema encuentra sus derrotados en las formaciones de ámbito nacional que no coronan los rankings de los resultados provinciales, como la fagocitada IU, el olvidado UPyD o el vibrante C´s. Según un informe, los resultados de Podemos —Unidos Podemos, en estos instantes— son los que más se acercan a su número real de votos. En virtud de un Congreso que sólo ha sido dominado en cuatro ocasiones por la mayoría absoluta, los grupos del ejecutivo han buscado reiteradamente apoyos en los partidos mencionados anteriormente, especialmente CiU.

Sin embargo, en esta legislatura que nace tras un año de petrificación y cuatro de mayoría absoluta de Rajoy, CiU ya no es CiU. No sólo porque ora Homs tenga más cabello que Duran i Lleida, ora CiU se llame PDeCAT, ora que la cifra de diputados se haya reducido a la mitad. Sobre todo, porque PDeCAT ha seguido el legado del PNV, y éste se ha constituido como el sucesor de CiU.

Los tiempos han cambiado en España. Cuando yo era pequeño, recuerdo oír hablar con temor de la fragmentación del Estado con los ojos en dirección a Euskadi. Desde el 2011, el artículo 2 de la Constitución Española se recita mirando a Cataluña. El PDeCAT se ha atrincherado en una guerra sin cuartel por el dret a decidir, antojándosele cuales nimiedades los estadios institucionales. En su lugar, Aitor Esteban, el portavoz del PNV, robó el disfraz de Duran i Lleida a Homs, con la complacencia de Urkullu y Ortuzar. La creación de Sabino Arana, junto a Quevedo —único heraldo de Nueva Canarias, tras aprobar las enmiendas—, el diputado de Coalición Canaria y C´s han aprobado los Presupuestos Generales del PP. La permuta por esta gran labor hacia la estabilidad del gobierno de Rajoy ha sido excesiva. Entre estas prebendas, el ejecutivo rebaja el controvertido cupo, aporta 3.380 millones de euros para alta velocidad, reduce las tarifas de la electricidad… Estas cuantiosas sumas que tienen como meta Euskadi, empero, no están mezcladas con temas controvertidos de los que el PNV ha hecho bandera, como la política penitenciaria o una mayor exigencia de autogobierno, a tenor de las declaraciones del PP y el PNV. Así pues, la CiU que apostaba por aportar solidez a las ramas financieras se ha transformado en el PNV. Esta vez, Cataluña no podrá degustar las bondades de haber enviado a catalanistas a la Carrera de San Gerónimo.

Por otro lado, los grandes perdedores de estos Presupuestos Generales se ubican en Valencia. Compromís, el partido valenciano, denuncia que esta comunidad sólo percibe 119 euros por persona, mientras que en Castilla y León o Melilla cada ciudadano recauda 405 y 439 euros, respectivamente. Esto demuestra que el Estado no se agrieta por processos; sino por un reparto de los impuestos erróneo e inequitativo, que no atiende en muchas ocasiones a las necesidades reales, sea la Moncloa teñida de naranja, rojo o azul.       

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