15 de mayo. Seis años más tarde de que un grupo de jóvenes indignados con el sistema político y con la crisis económica que furibundamente azotaba España ocuparan la Puerta del Sol, el ágora socialista aflora en debate. Una de las consignas más populares de aquella movilización, que fue inmortalizada en no pocas paredes matritenses, era: “PSOE, PP: misma mierda es”.

Ironías de la Historia, hoy, televisado y radiado, en la madrileña calle de Ferraz, casa del socialismo español, los tres candidatos a la Secretaría General del PSOE —ese que, según decían, era la misma mierda que el PP— han llevado a cabo un debate.

La primera parte de este debate, con temática política, se reduce a un partido de tenis entre Susana Díaz y Pedro Sánchez. Los dos candidatos más afamados y con mayor proyección a ocupar la cúspide del Partido se deshicieron en proyectiles mortíferos. Susana Díaz comparaba constantemente su éxito en las elecciones andaluzas del año 2015 con los pésimos resultados de Sánchez, así como las incoherencias de éste a lo largo de sus años como secretario, afeándole que ensalzara la bandera de España “más grande que la de Aznar” a la par que hablaba de la plurinacionalidad del Estado. Sánchez exhibía los estudios que afirma que su liderazgo sería más provechoso para el PSOE que el de la andaluza y revelaba, sin querer decir nada, las contradicciones de ésta en sus opiniones sobre el modelo del Estado. En un oscuro rincón del centro, Patxi López, intentando ocupar alguna resonancia que le negaba la mediática campaña entre la sevillana y el matritense, renegaba del debate presente de rostros, de encontrar perdedores y ganadores, para profundizar. El vasco, ubicado en el turno de palabra tras Sánchez, le replicaba en sus vueltas al pasado, sirviendo a Susana Díaz de espolique.

La segunda porción, de carácter socioeconómico, prometía extirpar el personalismo de este debate, y lanzarnos a las ideas. Durante la primera ronda, fluctuó un clima de proyectos. Los trenes no tardaron en chocar nuevamente. Susana Díaz reivindicó las políticas de ayuntamientos como Abel Caballero, de impronta zurda, frente al pacto con C´s celebrado por el que hoy quiere colaborar codo con codo con Podemos. No contenta con esto, culpó a Pedro Sánchez de haber aupado a Irene Lozano como candidata del PSOE, cuando durante su etapa en UPyD había despreciado al PSOE; y lo describió como una falta de respeto a los socialistas. Para finalizar, continuó con el combate al discurso que, según ella, una fracción del PSOE es preferida por el PP. Pedro Sánchez, de nuevo en pugna contra Díaz, la acusó de tratar al PSOE como un partido blindado. A colación de esto, los estandartes de Maura y Heredia colisionaron. También unió el feminismo con la “gratuita” abstención al PP. Para terminar, insistió en que su proyecto era también el de Patxi López, al que propuso nuevamente que se adhiriera a su candidatura, para, tras su nueva negativa, acusarle de incoherente por haberse abstenido. Patxi sostenía que “enfrentarse entre nosotros” es un error. Alertaba del peligro que entraña el chillar entre socialistas y advertía de que el PSOE tiene que ser la izquierda necesaria de este país; y, prueba de ello, es que sus dardos iban dirigidos al gobierno, y no a los compañeros que lo flanqueaban. Más tarde, advirtió que Sánchez y él son “cien por cien socialistas” y Díaz y él también son “candidatos de la militancia”. Al cabo, luego de rechazar el órdago de Sánchez y de que le acusara de incoherente, ha afirmado estar “harto”, y, sobre el argumento de Sánchez, en el que pontificaba que contaba con propuestas de López, éste le ha golpeado con un sonoro: “Si no teníais ideas…”

El tercer debate, la porción orgánica, comenzaba con Patxi. Éste empezó replicando la última intervención de Sánchez, explicándole que ser coherente es “aceptar las resoluciones del PSOE, no lo que guste o disguste”, diferenciando así el partido de un “movimiento anárquico”. Así pues, se preguntaba: ¿cómo hacer para que luego se obedezca? No dudaba en lanzar su resumen de su propuesta orgánica: “Ningún militante sin voz, y ningún poder sin control”. Proponía innovar con mecanismos como la moción de censura y la regulación de consultas, para que “no dependan del jefe de turno”. Asimismo, ofrece eliminar el juego de avales, implantar la segunda vuelta y llevar a término una regulación de dación de cuentas anualmente. Agregaba que pretendía la revitalización de las Casas del Pueblo, para que “no languidezcan” e insertarlas en el municipalismo. Según López, los dramas del partido son la pérdida de referencias y la distancia entre la militancia y los dirigentes. Más tarde, advirtió que el nuevo Secretario debe ocuparse del partido plenamente, “veinticinco horas al día”. Inmediatamente, su tono se tornó gélido y sombrío: aclaró que la secretaría general no es ningún billete para la Moncloa y que el Partido está en riesgo de desaparición. Al fin, hizo un llamamiento a defender a los humildes frente al IBEX35. Susana Díaz, por su parte, incidía en la necesidad de mejorar el clima, si hay voluntad posible. Para este punto, ponía como referencia su experiencia en Andalucía, cuyas señas de identidad tratará, en caso de constituirse vencedora, de expandir por todo el PSOE. Exigió el reforzamiento de la democracia, la apertura de un proyecto colectivo y de reforzar el papel de la militancia, lanzando un dardo contra Sánchez al acusarle de haberse escondido tras ellos. Más tarde, se enfrentó a Sánchez por haber trocado el orden de prelación del Partido —“Primero, España; y luego, el Partido” — y le censuró la decapitación de Tomás Gómez, elegido por los militantes y guillotinado por una encuesta, contrastando con las llamadas del ex-secretario a la “horizontalidad”. Luego, en dirección a López, le recordó que los resultados posteriores a su elección como lendakari fueron peores. Evocó a la militancia socialista en Ceuta y Melilla y en las cuencas mineras, así como a los jóvenes y mujeres, de los que dijo que no aparcará a las JSE y a las Mujeres del Partido. Terminó el bloque, a modo de colofón, con voz desafiante, mirando a Sánchez, después de que éste le acusara de haberse inscrito en 36 gestoras: “No te difamaré por lo que diga un medio de derechas, porque aspiro a ser tu Secretaria General”. Por su parte, Sánchez determinó que quiere “dejar atrás el PSOE de notables, para ser el de la militancia”. Para lograr esta finalidad, propuso abrir las agrupaciones locales, confeccionar una dirección paritaria, escorarse tan a la izquierda como sea el partido, que el Secretario General sea depuesto por los afiliados, elecciones primarias de doble vuelta y regulación de consultas. No perdió ocasión para aseverar que Susana Díaz mintió al no revalidar su acuerdo con C´s en Andalucía con el Comité Director —una suerte del Comité Federal autonómico—. No tardó en lustrar sus logros como secretario general: su ejecutiva fue la primera que firmó un convenio con Transparencia Internacional. De igual forma, reprochó que la abstención al PP se hubiera fraguado en la más escandalosa opacidad. Finalmente, sus críticas partieron hacia aquellos que cuestionan al PSC y a la gestora, personada en Javier Fernández. Sin embargo, los tres coincidieron en que el vencedor de esta liza, el 22 de mayo, trabajaría en colaboración con los derrotados, y éstos ofrecerían su lealtad al ganador.

En el último minuto, Díaz hizo hincapié en que, cuando el PSOE se levante, se levantará el país. López, colocando sus ojos frente al compañero que defiende al Partido fuera, le rogó que el 22 lo defienda dentro, pues sólo unidos y con un proyecto de izquierdas, el PSOE volverá a fulgurar. Sánchez, en un giro hamletiano, habló de “curar o cronificar ese mal que es la abstención”, apremiando a renacer o reconstruir un PSOE a la izquierda, con sus afiliados y votantes, coherente y creíble.

El PSOE, tras el debate, debe de demostrar que no hay brecha por zurcir y que es un ejemplo de democracia interna. Si no lo hace, como aventuraba López, cabe riesgo de desaparición. En sus horas bajas, el PSOE puede eclosionar con más fuerza que nunca… o fenecer en soledad.

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Marcos Carrascal
(Madrid, 1996) Estudiante del Grado de Derecho en la URJC. Participante de CAUX-Initiatives (2013) y Módulo Jean-Monnet de la UE (2015). Literato y articulista. Zoon politikón.

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