La repetición como síntoma

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“Cuídate de los Idus de marzo”. Esta es la advertencia que, supuestamente, le lanzó un vidente a César antes de que éste fuera asesinado a manos de varios senadores romanos el día 15 de ese mismo mes en el 44 a.C. Si bien los motivos que condujeron a este magnicidio no están esclarecidos completamente a día de hoy, es indudable que la deriva autoritaria que Julio César pretendía acometer dentro de la República romana fue uno de las razones principales. En verdad, no son pocos los autores que afirman que esa acumulación de poder que se estaba produciendo en la figura de César respondía a un proceso lógico. El proyecto de la República empezaba a dar señales de inconsistencia para mantener unido el estado romano. Una posible solución, por tanto, pasaba por instaurar una monarquía potente en manos de un solo individuo que lograra imponer su voluntad. Como es fácil de entrever, este objetivo chocaba frontalmente con las aspiraciones de una parte de los senadores del momento, lo que les condujo a urdir el complot contra César y restaurar el orden republicano. Muerto el perro, se acabó la rabia pensaron. Lo curioso de esta situación es que, en contra lo que se podría pensar, el asesinato de César, lejos de fortalecer el statu quo del momento, acabó facilitando el advenimiento de Augusto como nuevo caesar inaugurando una etapa, la del Principado, que venía a consagrar esa concentración de poder que se quiso a evitar a toda costa.

A través de este ejemplo, Hegel nos explica su teoría de la repetición, o lo que es lo mismo, que existen una serie de necesidades históricas que persisten sin importar cuál sea el sentido de la sociedad sobre la misma, y esto porque la misma se acabará imponiendo por medio de la repetición. A primera vista es probable que el ambicioso proyecto de Julio César fuera demasiado drástico como para que fuera aceptado, pero sin duda alguna la catarsis que produjo el magnicidio permitió que sus planes se acabaran materializando. “La interpretación– como expone el filósofo esloveno Žižek, que también aborda este fenómeno en su obra “El sublime objeto de la ideología”- siempre sobreviene demasiado tarde, cuando el acontecimiento que se ha de interpretar se repite”.

Dando un salto de miles de años y trasladándonos ahora al panorama político español, observamos que, a expensas de los resultados y posteriores acuerdos de las elecciones autonómicas en Galicia y País Vasco (especialmente de éstas), no se atisban nuevas soluciones al rompecabezas de la gobernabilidad del país. El Partido Socialista, con Pedro Sánchez a la cabeza, parece tratar de virar su “no es no” y apostar de nuevo por la formación de un gobierno regeneracionista intentando un acuerdo de mínimos entre en Ciudadanos y Podemos al mismo tiempo que estos se repelen como agua y aceite. Los acercamientos a las fuerzas nacionalistas o independentistas son vistas a partes iguales como una traición la unidad de España o como un primer paso para encontrar soluciones al problema de la organización territorial y los Populares parecen sentirse hasta cierto punto cómodos con la situación actual, capeando nuevos escándalos y observando cómo los últimos sondeos que se publican estos días mejorarían sus resultados electorales.

Así las cosas, parece que la idea de la repetición de las elecciones por tercera vez en un corto espacio de tiempo gana fuerza. En general, unos nuevos comicios son rechazados por la inmensa mayoría de la opinión pública, bien sea por motivos económicos, de oportunidades que se están perdiendo a nivel estatal de progreso, por imagen internacional o porque unas nuevas elecciones implicarían una degradación de nuestro sistema democrático, alejando aún más a los/as ciudadanos/as de las instituciones. Es muy probable que esto sea verdad, y si bien opino que no hay que tener miedo o repulsa ante una llamada a las urnas, debemos exigir soluciones y no esfuerzos vanos en un proyecto que a la vista de los sondeos (cogiendo con pinzas éstos puesto que ya vimos que no son infalibles) sí arrojan una tendencia similar y ninguna novedad.

Se trata por tanto de entender como sociedad, empezando por los representantes públicos, que la repetición ya se produjo el 26 de junio para afirmar la “necesidad histórica” de un sistema parlamentario distinto, que sea capaz de dar muestras de madurez democrática y abordar los asuntos que no pueden ya aplazarse por más tiempo. Una repetición más con vistas a restaurar un bipartidismo imperfecto, conseguir mayorías absolutas o casi absolutas e ideas similares no conseguirían difuminar la idea de fondo ya asentada, somos una sociedad más compleja que demanda nuevas soluciones y formas, sin importar que en el escenario actúen cuatro, tres o dos fuerzas políticas.

Repetir una tercera, una cuarta, una quinta vez las elecciones sin comprender que la forma de entender la política ya ha cambiado, sería no querer afrontar la realidad al tiempo que se confirmaría cada vez más el nuevo momento. Nadie discute que el multipartidismo conlleva retos a los que no estábamos acostumbrados (aquí hablábamos sobre ellos) pero lo que es seguro es que el inmovilismo, la estrategia electoral cortoplacista y los ejercicios gatopardianos ya no tienen cabida. La repetición, como síntoma de una correcta interpretación del tiempo nuevo que se abre, ya se ha producido y es necesario asumir de una vez por todas la etapa que se abre por delante.

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