Podemos-IU: no al progreso, sí a la destrucción

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A falta de la aprobación por parte de las bases de ambos partidos (un mero trámite), los líderes de Podemos e IU sellaron hace pocos días el «pacto de los botellines», para concurrir unidas ambas formaciones a las elecciones generales del 26-J.

En las negociaciones posteriores al 20-D ya se habló de la necesidad de unión de las izquierdas (perjudicadas por la ley electoral española, todo sea dicho), que algunos líderes quisieron hacer realidad con un pacto PSOE-Podemos-Compromís-IU, el cual rechazó el PSOE por la línea roja marcada por Pablo Iglesias de no pactar con el PSOE mientras no rompiera su acuerdo de 200 reformas (que presentó a la votación de investidura) con Ciudadanos. Dicha unión de izquierdas, llamada por muchos el «pacto progresista y de cambio» ya ha unido a Podemos e IU y falta la confirmación de que las confluencias (En Comú Podem, Compromís y En Marea) vuelvan a sumarse con el partido de los círculos.

¿Progresista y de cambio?

La idea confundida de asociar progreso a partidos políticos que nada tienen que ver con políticas que hagan progresar a un país tiene un capítulo más con esta coalición.

La idea de progreso infundada tanto en Podemos (populismo socialista) como en IU (comunismo) se basa en una idea de la España de la II República, en la que una sociedad dividida en dos y el auge de la radicalización política acabaron en la Guerra Civil. El discurso de ambos partidos, de corte guerracivilista, tiene como objetivo, simple y llanamente cambiar una oligarquía por otra, como hicieron los bolcheviques en la Rusia de 1917, que nada tiene que ver precisamente con el progreso y la libertad. Este discurso se vuelve más efectivo con el caldo de cultivo de la situación actual, en una crisis tanto económica, como política e institucional. Y ahí han sabido sacar provecho.

La ideología de esta coalición no deja lugar a engaños: extrema izquierda. La transversalidad de Podemos, que engañaba a muchos, se ha descubierto finalmente como un mero truco para captar algún votante más moderado, pero el espíritu podemita siempre se ha demostrado más parecido al totalitarismo que a la democracia, y que recuerda a épocas que no debemos olvidar si queremos que no se repitan.

Propuestas económicas

La coalición Podemos-IU ha presentado un documento con 50 medidas, llamado «50 pasos para gobernar juntos», que, en caso de alcanzar ese «Gobierno progresista y de cambio» que tanto ansían, aplicarían, con el permiso de la Unión Europea (miren Grecia).

Como se podía prever, el documento iría en la misma línea de los programas electorales de Podemos e IU.

Más gasto público. Basados en el discurso anti-austeridad, falaz por su parte, que siempre han abanderado desde la extrema izquierda, proponen aumentar el gasto público en educación y sanidad y mantenerlo en otras partidas, como protección social.

¿Más ingresos? Mediante la lucha contra el fraude fiscal y una reforma fiscal progresiva, Podemos-IU pretende recaudar un 3% del PIB extra a lo largo de la siguiente legislatura. Según el documento que han presentado, pretenden lograrlo ampliando las bases tributarias, subiendo impuestos a empresas y subiendo el Impuesto sobre Sucesiones, Donaciones y el Impuesto sobre el Patrimonio, aparte de desarrollar un impuesto sobre las transacciones financieras.

Como siempre ocurre en estos casos, cuando sitúan al «no pueblo» en las rentas más altas y en las grandes empresas, se pretende recaudar más “subiendo impuestos a los ricos”. Como se ha demostrado en numerosas ocasiones, cuando se empieza subiendo impuestos a las rentas más altas, se termina subiendo impuestos a todos los tramos. Con Podemos e IU no sería diferente; la excusa de subir impuestos a los ricos termina afectando a todos.

Más déficit y más deuda. España se ha mantenido desde la Transición en un déficit público permanente (salvo en tres años, precisamente los de la burbuja: 2005, 2006 y 2007). Las propuestas de esta coalición no mejorarían el déficit, consecuencia de otra expansión de gasto público y unos ingresos ficticios.

A ello habría que sumarle la posible relajación en el objetivo de déficit (cumplirlo de forma más moderada), medida expresada en el documento, que aumentaría la deuda pública. El fantasma del impago, en programas electorales pasados de ambos partidos, surgiría de nuevo. No creo que fueran en serio, ya que impagar la deuda sería decir adiós a la UE y dejar a España marginada de los mercados financieros.

Piensan desde Podemos e IU que la solución para todos los problemas es más rigidez, un mayor endeudamiento y mayores impuestos. El objetivo es gastar. Paga usted. Los creadores del acuerdo piensan que si tenemos más déficit y más impuestos creceremos más y crearemos más empleo. Algo que siempre se ha demostrado, por un lado falso, y por el otro perverso para la economía de cualquier país, y en definitiva, para la sociedad en su conjunto.

En el acuerdo también entran las propuestas de aumentar el salario mínimo hasta 900€/mes al finalizar la legislatura. No se preocupe; si usted cobra por debajo de esa cantidad, no tendrá acceso a los 900€ y su camino será hacia el paro. Pero claro, es un pacto por el progreso y el bienestar de la gente. Siempre me hago la misma pregunta, y nunca han sabido respondérmela: si el salario mínimo es tan bueno, ¿por qué no subirlo a 10.000€/mes?

Hundir España es fácil: simplemente hace falta copiar las políticas económicas que nos han traído hasta aquí y se demostraron perversas, es decir, intervencionismo, rigidez del mercado laboral y un espíritu estatista (que llega a su culmen durante el 15-M), propio de uno de los padres de la socialdemocracia Ferdinand Lassalle: «El Estado es Dios».

El fondo ideológico del acuerdo entre Podemos-IU es volver a la España de los años 30, con una sociedad dividida y una radicalización de la política. Aplicar el programa económico que contiene dicho acuerdo sería volver hacia atrás. ¿A eso lo llaman progreso? No, mejor que lo llamen destrucción.

 

 

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