Más de tres meses sin investidura y con vetos

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[dropcap]F[/dropcap]ue poco antes de comenzar las fiestas navideñas, el 20 de diciembre, cuando acudimos a las urnas para elegir a aquellos partidos políticos que conformarían los nuevos Congreso y Senado que, a su vez, serían quienes elegirían a quien tendría la responsabilidad de formar un nuevo gobierno del país. Y ya estamos en Semana Santa y seguimos con el mismo gobierno en funciones que teníamos el día 21 de diciembre y sin que parezca que ésto tenga visos de solución, aunque todavía queda tiempo…

Cierto es que no se puede decir que nada haya pasado desde el día siguiente a la celebración de las elecciones generales. Se constituyeron las Cámaras y tomaron posesión de su escaño sus señorías, a partir de ahí asistimos a las diferentes consultas regias a las fuerzas políticas parlamentarias, a la aceptación del encargo de presentarse a la investidura por parte de Pedro Sánchez –ante la renuncia de Mariano Rajoy, por no contar en ese momento con el suficiente apoyo para ser investido-, conversaciones entre partidos, pactos fuera de la lógica numérica para formar mayorías, gresca en sede parlamentaria y dos debates de investidura fallidos para el candidato socialista, quien tampoco contaba con la mayoría necesaria para ser el nuevo presidente del gobierno,… No es poco, pero lo cierto es que han pasado más de tres meses y seguimos como al principio, porque si algo ha caracterizado a este periodo no ha sido otra cosa que los vetos y los bloqueos de unos a otros y viceversa.

Antes de que se celebrasen las elecciones generales, las encuestas vaticinaban lo que las urnas confirmarían: ningún partido conseguiría una mayoría suficiente que le garantizase el poder formar gobierno sin el apoyo de otras fuerzas políticas. Se hablaba de “adiós” al bipartidismo y el “adiós” a las mayorías absolutas. Un nuevo tiempo llegaba, el tiempo de los acuerdos entre formaciones parlamentarias, el tiempo del dialogo, de conversar,… Y, sin duda, conversaciones ha habido, y reuniones, y hasta un acuerdo de gobierno entre PSOE y Ciudadanos que a muchos cogió con el paso cambiado. Pero, y perdonen por lo reiterativo, no han servido de nada, seguimos igual y volvemos a la casilla de “salida”.

Es verdad que un acuerdo ha habido en este tiempo. Ahí está el acuerdo al que llegaron Sánchez y Rivera y sobre el que se apoyó el primero para intentar conseguir una investidura que se fue al traste. Un acuerdo que sigue vigente, pero que, y así parece, sólo defiende con firmeza el líder de Ciudadanos y los suyos, mientras que para los socialistas el acuerdo sólo parece un obstáculo para conseguir el apoyo de las otras fuerzas parlamentarias de izquierdas.

Y, de nuevo, volvemos a los vetos y los bloqueos. Cualquier acuerdo entre Partido Popular y PSOE parece más que improbable. Rajoy sigue postulando por una gran coalición como única alternativa, pero en la que él sea el candidato a la presidencia, y Sánchez no quiere ni oír hablar de ello. Mientras tanto, el socialista sigue creyendo, en pos de un gobierno del cambio encabezado por él, en la posibilidad de un acercamiento entre los suyos, Ciudadanos y Podemos, mientras que estos últimos no quieren ni a Ciudadanos ni su acuerdo ni sus propuestas, por considerarlas liberales y perpetuadotas de las políticas del PP. De hecho, en cualquier posible conversación con Sánchez, los de Iglesias no quieren que vaya acompañado del líder naranja  y Rivera acepta, peor que mejor, que su “socio” acuda sin él a futuras reuniones con los de la formación morada, pero sin que vea del todo factible un acuerdo de PSOE y Ciudadanos con el bloque de izquierdas, liderado por Podemos, debido a sus diferencias programáticas y a la cuestión catalana.

Y, mientras tanto, los españoles vivimos, ya con cierta desidia, el ir y venir de unos y otros, las declaraciones, las ruedas de prensa, las fotos estrechándose las manos aquellos y estos,… aunque hay que reconocer que algo de sal ha dado sabor a tan soso panorama: los desencuentros, desavenencias, dimisiones y ceses nocturnos en el seno de Podemos,… Más por lo inesperado que por el hecho de que ello haya supuesto un giro en la situación que vivimos, de momento.

Y, en el horizonte, algunos ya vislumbran nuevas elecciones generales para finales de junio y a ello puede obedecer las conductas de precampaña de algunos de los futuros candidatos, que, salvo repentinos cambios, volverán a ser los mismos que se presentaron a las elecciones el pasado 20 de diciembre. El problema será que, con independencia de ganar o perder algunos diputados, si se repiten unos resultados similares a los actuales ¿Quién nos garantiza que no volvamos a vivir un periodo similar a éste del que somos testigos?

 

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