Si en el último informe del Fondo Monetario Internacional, de octubre de 2015, el organismo internacional “relajaba” los aires de entusiasmo del ejecutivo Mariano Rajoy, en su última publicación de enero de este mismo año parece ir acercándose a las cifras que maneja el gobierno en funciones, de un crecimiento del 3% del Producto Interior Bruto.  Así pues, se sitúa a España en una previsión de crecimiento del 2,7% en 2016, dos décimas por encima de lo previsto en el pasado octubre. De esta manera, España es el país que ostenta una mayor revisión al alza para su crecimiento en el año entrante.

Datos significativos si los comparamos con los ofrecidos por la institución que dirige Christine Lagarde en época primaveral, donde situaba el crecimiento del PIB en el 2,5% para 2015, frente al 3,2% del actual informe, y en el 2% para 2016.  Por lo que el ejecutivo del Partido Popular se quedaría a tan sólo una décima de sus proyecciones futuras.

Sin duda alguna es una gran noticia en materia de política macroeconómica, y esque sin ir más lejos y tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera a nivel mundial tras la quiebra de Lehman Brothers, en 2009 partíamos de un crecimiento negativo del -3% (datos del primer trimestre facilitados por el Instituto Nacional de Estadística).

Es destacable que todo ello se produce dentro de un clima político no propenso a la “alegría” de los mercados, y con la Unión Europea ejerciendo de mecanismo de presión para la investidura de un Presidente de Gobierno y la conformación de un ejecutivo que siga en la senda de las “políticas de la recuperación”. Parece ser, que de esta manera, los organismos internacionales ven más posible un gran pacto que selle una alianza entre el Partido Popular, PSOE y Ciudadanos, que la opción “progresista” de la que habla Pedro Sánchez que incluiría a  organizaciones políticas tales como Podemos, IU o ERC, más reacias a políticas que consideran “antisociales” venidas desde la Unión Europea. Caracterizándose además esta segunda opción por su mayor dificultad a la hora de establecer un panorama de gobernabilidad, situación que los mercados “no perdonan” y castigarían nuevamente, véase experiencias pasadas como Grecia con Syriza, o ¡sin ir más lejos! el caso catalán con sus reivindicaciones soberanistas.

Sin embargo, no es todo una gran “fiesta económica”, puesto que todavía tenemos muchas asignaturas pendientes. Aquí se debe destacar la necesidad de una reforma legislativa en materia de recaudación fiscal. Y esque a través de datos procedentes del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas y EUROSTAT, España se sitúa por debajo de la media europea en lo que a recaudación de grandes impuestos se refiere, esto es IRPF, IVA y el Impuesto de Sociedades. Mientras que la media de la Unión Europea se posiciona en unos ingresos públicos del 45,2% del PIB, en España ni siquiera se llega al 40%, situándonos en el 38,6%.

la recaudacion de las principales figuras impositivas en españa y la UE

Seguimos teniendo pues esta asignatura pendiente para “septiembre”, una vez más, siendo necesaria la mayor persecución del fraude fiscal, algo que parece ya una tradición más en nuestro país.

Es pues que para la cimentación de un futuro económico caracterizado por la estabilidad, ante la situación actual de la economía con un ritmo de crecimiento bueno y una notable mejora en los indicadores macroeconómicos, no debemos “caer en la trampa” de errores pasados y de situaciones de especulación. Nuestra economía debe optar por la innovación tecnológica, la investigación y el desarrollo, situación que sin duda mejoraría posibles déficits en cuanto a saldos exportadores. El futuro se debe cimentar sobre pilares fuertes como si  de brazos de Hércules se tratara y no sobre unos endebles principios de creación de burbujas inmobiliarias que nos han llevado a acusar de modo más agudo que las demás economías europeas la crisis económica, con una tasa de paro donde sólo se explica su no explosión por “la economía B” y el “fraude fiscal”.