La buena reputación y la perfecta literatura

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En mayo de 2014 tuve la suerte de leer La buena reputación, de Ignacio Martínez de Pisón. Lo cierto es que, sin querer apoderarme de la etiqueta de profeta, sabía que, algún día, esta novela obtendría un premio acorde con su calidad. Y así fue, en esta misma semana, más de un año después de mi hallazgo, el escritor zaragozano es reconocido, junto a su novela, con el Premio Nacional de Narrativa 2015.

La literatura, más allá de vertientes teóricas, es alma, sentimiento, impulso, escalofríos…  Eso, a fin de cuentas, conforma la calidad de las letras que leemos y La buena reputación es buena muestra de ello: A través de una familia afincada en Melilla asistimos a la  narración de los problemas de la España del protectorado, en torno a 1956.

Portada del libro
Portada del libro

Sin descifrar más de lo necesario, os guiaré por esta historia: Como ya he adelantado, se trata de una familia, formada por un matrimonio mixto, es decir, por un hombre judío y una mujer cristiana, tiene como hijas a dos chicas, Miriam y Sara, criadas en un hogar cristiano en el protectorado español. Por causas que solo origina la falta de libertad como, por ejemplo, el miedo a una represión política o a una posible guerra con Marruecos, deciden trasladarse a la península. Concretamente, a Málaga, donde la madurez llamará a la ventana y la vida cotidiana, con el interfaz de maestra, abrirá la puerta de su nueva casa en el sur.

Hace tiempo, cuando realicé una entrevista a un escritor, y le preguntaba qué tenía que tener la poesía para llegar a la gente, me respondió, con un tono de proclamar lo obvio, “Pues eso. Ser de la gente”. Así es. La soledad, el amor, la culpa, los sueños configuran nuestra esencia, por lo tanto, a ella debe estar dirigida la literatura en general,  no solo la poesía. Esta proposición parece tomada por Ignacio Martínez de Pisón como lema característico de su novela, ya que es a través de la cotidianidad, como cuenta los entresijos de las relaciones humanas en consonancia con el mundo que le rodea. Un espacio territorial dirigido por un hombre gallego, vestido de militar, capaz de aniquilar un país para luego decir que ha regenerado la evolución de ese mismo territorio.

En cuanto a su estilo, opta por una maravillosa prosa clara, sin circunloquios u oscuras metáforas. Lo esencial. Interesan los personajes, sus historias, cómo evolucionan, lo que piensan y no el alarde de retórica de determinado autor. Como él bien dice en una entrevista realizada en Valencia: “los adjetivos los justos”. Eso sí, no penséis que nos encontramos ante un sombras de Grey, que lo único que consigue combinar es un sujeto precedido de un verbo. No. Se trata de otra cosa. Se trata de escoger cuidadosamente qué decir para impulsar la historia a la meta de lo inteligible, tanto en el sentido estricto de la palabra como de forma emocional. Así, al abrir este tesoro,  nos deslumbra la luz de la sabiduría experimental, la de verdad, la adquirida con los ensayos fallidos y las pruebas acertadas.

Autor zaragozano y afincado en Barcelona  alcanza el reconocimiento cultural a una larga trayectoria como novelista.

“Adquirir el hábito de la lectura es construirse un refugio contra casi todas las miserias de la vida.”


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