¿Hasta cuándo?

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[dropcap]L[/dropcap]a tasa de desempleo de los menores entre 20 y 29 años se ha triplicado en España desde que comenzó la crisis, según la EPA mientras  en el tercer trimestre de 2007 el desempleo  de los jóvenes entre 20 y 24 años era del 14,91% y del 8.71%  en los menores de 25 a 29 años, más de siete años después  la tasa de paro se sitúa en el 47,74 %  entre los jóvenes de 20 a  24 años y en el 30,18% entre  los de 25 a 29.

Una generación que pudo y puede estudiar- aquellos que tienen recursos económicos para costear los estudios-, pero a la vez una generación formada que no encuentra un puesto de trabajo donde desarrollar su vocación, una generación sobre preparada a la que se le ha engañado irresponsablemente con la narrativa de preparación y premio al esfuerzo pero que a la que nadie ha preparado  para el fiasco que supone no encontrar trabajo.

Y aunque  haya  “imbéciles e escuros[i]” como Jose Manuel Durao Barroso para los que los que engrosan  las estadísticas del paro juvenil en España  son centroamericanos que se quedan en el Estado español para cobrar el subsidio; los que vivimos aquí sabemos que esas palabras son más propias del mundo de la fantasía propia de la frivolidad de estos señores.

La situación actual está destruyendo la transición de la juventud a la vida adulta, de los estudios a la vida laboral, y es que recurriendo a las estadísticas; los jóvenes del Estado Español abandonan el hogar familiar a los 28.9 años de media situándose entre los que más tardan en independizarse de la UE, muy lejos de países como Suecia( 19.6 años) o Finlandia (21.9 años).Parece que los jóvenes  vemos muy lejos esas situaciones televisivas donde los jóvenes estadounidenses ya vivían con trabajo e independizados en la primera parte de la veintena

Pero el paro no es solo un dato económico ni el lastre para dar el paso a la vida adulta e independiente, el paro también se convierte en una crisis con tintes humanitarios y sociales y es que  después de veinte años estudiando y preparándose es difícil  aceptar  que la única recompensa a tantas horas dedicadas sea la frustración. Esa frustración que parece que crece a pasos agigantados cuando no solo se nos exigen unos estudios básicos, una carrera, una especialización, también se nos exige una buena imagen, buenas habilidades, cuantos más idiomas mejor, un sin fin de exigencias en un sistema cada vez más competitivo y deshumanizado donde la presión social y la competitividad genera frustración.

Nos dicen que somos la generación más preparada y que a la vez somos la generación perdida, nos creímos  año tras año que si estudiábamos el día de mañana tendríamos un buen futuro pero el futuro llegó y los de las corbatas, los que gobiernan, los banqueros, los que solo miran por sí mismos, a los que solo les interesa hacer dinero, los que se ríen de nosotros día sí y día también, todos ellos  están destrozando nuestro futuro, ¿hasta cuándo? Somos demasiado jóvenes para estar tan tristes.[ii]

 

[i] Frase extraída  del poema “Os pinos” de Eduardo Pondal que conforma el Himno de Galicia.

[ii] Frase extraída de una ilustración de la artista Sara Herranz.

 


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