Embrujos violáceos

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[dropcap]N[/dropcap]o hay peores mentiras que las medias verdades, pero aún peor son las mentiras y media. Un mes de caza de brujas después, el brujo mayor, aquel que en la sombra dirige el oráculo malva, se ha visto abocado a lanzar unas explicaciones que nunca creyó, ni creerá suyas.

Bajo la capa mágica de un victimismo patológico que todo lo ampara, el inculpado da en acusar a quiénes en su día arrojaron luz sobre las sombras al desvelar sus trucos y argucias. Revolviéndose sobre lo revuelto, puñetazos al viento de quien es más culpable que inocente y trata de librarse de la hoguera.

Habla de caza de brujas el brujo, de violación de derecho a la intimidad cuando lo acontecido no es más que una reiterada transgresión al juicio y la razón de una masa a la que pretende hechizar con su mensaje. El hechicero rehúye la sentencia, perpetúa la estrategia del silencio y brama que la virulencia de los ataques lo han dejado mudo. Aun a pesar de que tiempo atrás  hubo de quedarse afónico tras vociferar a los cuatro vientos sus proclamas.

Discursea en torno a la fuerza de un cambio obstaculizado cuando la propia proviene de las tinieblas siendo la más ambigua. Declama que es menester una permuta por lo nuevo el que recurre a las argucias más viejas de su oficio. Y con falsa modestia pretende acercar un proyecto de garaje que no es sino una maquinación de oscuro aquelarre.

El que se dijo más transparente entre todos, se envuelve en la tenebrosidad. Mas no se quemará y permanecerá taciturno, a la espera de aguas calmas que devengan en ánimos sosegados. El que esconde su rostro, en tanto previene recorrerá el reino orbitando todos sus círculos… ¿Cuándo saldrá de la guarida el hechicero? Pronto más que tarde, creo,  alzará sobre la escoba que todo lo barre su vuelo.