La monarquía. Ahora más que nunca

La monarquía queda tocada por la corrupción de Juan Carlos I pero Felipe VI está limpio con su marcha.

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Winston Churchill diría “el que no es de izquierda a los 20 años no tiene corazón, pero el que a los 40 lo sigue siendo, no tiene cerebro”. Parafraseando a Churchill, quien a los 20 años no es republicano no tiene corazón, pero el que a los 40 lo sigue siendo, no tiene cerebro. No hay más que ver quienes apoyan la república (popular) en España: sus enemigos.

Y es que tras el reciente anuncio por parte de la Casa Real sobre el abandono del rey Emérito del país han [re]surgido históricas polémicas sobre la forma de organización del Estado: monarquía o república.

Tras la peor gestión del covid a nivel mundial, los mayores rebrotes en las últimas dos semanas a nivel europeo, una tasa de paro que supera el 15.5 % (incluyendo la mayor tasa de paro juvenil de Europa, que está en el 40.8%), la mayor estimación de caída del PIB de la eurozona (18.5%) y la mayor mortalidad europea según los informes del sistema EUROMOMO, a nuestro gobierno de coa[li]cción no se le ocurre nada más útil para dividir a los españoles que atacar a la monarquía

El gobierno continúa con su común estrategia de divide et impera. Continúan su lucha de malos y buenos, siguiendo las tesis de Karl Marx. Empresarios vs trabajadores, ricos vs pobres u hombres vs mujeres. El emérito entraría en el grupo “malos”, tanto por ser hombre como por ser rico.

La izquierda pretende no solo expulsar al rey del país, sino cambiar la forma administrativa del país para establecer su ansiada república “popular” (más parecida a la de 1936 que a la italiana o la alemana).  Es por eso que en España, con su población polarizada y el creciente auge del independentismo no tiene cabida una república, que solo contribuiría a la división del país en un reino de Taifas.

Corren malos tiempos para quienes defendemos la separación de poderes y la democracia liberal. Por ello debemos apelar a la unidad, al patriotismo y a la defensa de los valores que nos han traído hasta aquí.

Con la salida de Juan Carlos I, la monarquía queda “tocada” por la corrupción del rey emérito, pero Felipe VI queda limpio tras su marcha. No podemos (ni debemos) atribuir los errores del padre al hijo.

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