No falta mucho para que se introduzca el ingreso mínimo vital (IMV) para aquellos hogares con dificultades económicas. Esta medida ha sido bastante polémica y ha habido cierta confusión con el tipo de medida que es.


Ingreso mínimo vital, renta básica universal e impuesto negativo sobre la renta

Primero debemos diferenciar entre las principales herramientas de las que dispone el Estado para introducir una ayuda pecuniaria para la población, que busca reducir la pobreza y la desigualdad. Así podremos conocer mejor las políticas que se aplicarán.

Empecemos por el menos conocido, el impuesto negativo sobre la renta (INR). Este concepto se remonta al siglo XIX de la mano de Cournot, y adquiere importancia a través de los economistas Milton Friedman y Tobín.  Sin la intención de extenderme demasiado, cabe explicar que esta medida consiste en el uso de la política fiscal para realizar una transferencia al individuo por la diferencia entre su renta y los mínimos exentos – puede ser un porcentaje sobre dicha diferencia-.

La principal ventaja de esta medida es que no requiere tanta burocracia para su aplicación, por lo que es eficiente. Además, una de las ventajas que nombraba Friedman era que no suponía una rémora sobre los incentivos de los trabajadores para seguir en el mercado laboral.

Por otro lado, tenemos la renta básica universal (RBU). Esta renta, como su propio nombre indica, sería universal, para todos y sin condicionantes para su percepción. Esta es una medida que aquí en España ha sido muy defendida por Daniel Reventós, aunque uno de los grandes referentes en su defensa es el filósofo belga Van Parijs.

Es una herramienta que rompe la relación que existe entre la producción y el consumo, otorgando a todo individuo una cantidad de dinero bajo cualquier condición -para Parijs, incluso debe recibirla un surfista de Malibú-.

Por último, tenemos el ingreso mínimo vital (IMV). Esta es la medida que van a implantar en España y que consiste en una ayuda a los hogares – que no individuos- que se encuentren en una situación de vulnerabilidad. Esta ayuda sí tiene una condicionalidad, en nuestro caso actual sería demostrar que tus ingresos son bajos, que no se tenga una vivienda en propiedad valorada en más de 100.000 euros, tener una edad comprendida entre los 23 y los 65 años, …
 

El IMV viene para quedarse

El propio ministro Escrivá ha dicho que este programa tendrá un carácter estructural, por lo que se mantendrá de manera indefinida. El importe de este ingreso será de un mínimo 462€ y un máximo de 1015€, todo esto dependiendo de la situación del hogar -cargas familiares-. Pero… ¿cuántas personas se podrán beneficiar de esta medida?

Según los cálculos actuales, se estima que los beneficiarios de estas ayudas ascenderían a un millón de familias.  Y el coste que estima el gobierno, es de alrededor de 3.000 millones de euros, cifras cercanas a las que barajan desde la AIReF.

La gran duda es si coexistirá junto a las rentas de inserción que son competencia de las comunidades autónomas, es decir, si será un complemento a las que ya se otorgan o si se ajustarán unas y otras para conceder una cuantía determinada según a ciertos criterios.  Lo ideal sería eliminar unas para así evitar un mayor coste burocrático

Estos programas pueden generar ciertos efectos indeseados

En el contexto actual, con una crisis que ha supuesto la paralización cuasi completa de la economía debido al cierre que ha llevado a cabo el Estado, es cierto que se requiere conceder a ciertos individuos las ayudas que le permitan tener una vida digna. Y lo considero necesario no porque lo considere un ideal para nuestra sociedad, al revés, es síntoma de que las cosas no se han hecho bien, sino porque no estamos en situación de realizar cambios estructurales complejos que generen un efecto inmediato en la calidad de vida de las personas.  
 
En una situación tan extraordinaria como la actual, es normal que la gente necesite ayuda económica. Pero esto debería ser algo temporal, además, si implantamos algún tipo de ayuda para los hogares que se sitúan bajo el umbral de la pobreza, parece más interesante introducir el impuesto negativo. Este mecanismo resulta más eficiente y claro. Además, permite eliminar el resto de ayudas que se conceden y no genera un incentivo a salirse del mercado laboral.

El gran peligro de estas ayudas es aplicarlas sin realizar políticas que conduzcan a reducir la cantidad de hogares que la necesiten porque son ya capaces de generar su riqueza. No podemos consentir que estas ayudas generen individuos dependientes del Estado. Eso sería el “camino a la servidumbre”

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Adrián Mora Coloma
Graduado en economía con especialidad en análisis económico por la Universidad de Alicante y máster en Banca y Asesoría Financiera por la UDIMA. Defiendo las ideas liberales tanto en el plano económico como social. En los tiempos que vivimos, hay que recordar esta frase de Ludwig Von Mises: "Los conocimientos económicos conducen necesariamente al liberalismo"

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