Si hay un mito que se extiende a lo largo y ancho de nuestro país en los últimos años, sobre todo en aquellos en los que la crisis hizo más daño y parecíamos destinados a un rescate por parte de las instituciones europeas, es el de la desigualdad. Una mentira repetida millones de veces no se convierte en verdad, aunque dicha mentira penetre el pensamiento crítico de la gente y se inocule en el pensamiento general como una verdad. Algo así ha ocurrido en estos años con la desigualdad en España. Medios de comunicación alineados con posiciones de izquierdas han descrito durante estos años una situación apocalíptica en cuanto a desigualdad y pobreza, la cual no se corresponde con la situación real.

Este mito se corresponde con la creencia generalizada de que la desigualdad se ha disparado durante los años que ha gobernado el Partido Popular, con Mariano Rajoy a la cabeza. La realidad, como ocurre en estos casos, es bien diferente. Tomando los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del Instituto Nacional de Estadística (INE) se puede observar que la desigualdad creció durante la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero (PSOE), entre 2008 y 2011. Para ello se puede observar el coeficiente de Gini, el cual es definido como la “proporción acumulada de la población ordenada por los ingresos equivalentes con la proporción acumulada de los ingresos recibidos por los mismos”. Es una medida de desigualdad que toma el valor 0 en caso de equidad perfecta y el valor 100 en caso de desigualdad perfecta. El coeficiente de Gini en 2008 fue 32.4 y en 2011 fue 34.

¿Qué ha ocurrido en el periodo en el que ha gobernado Mariano Rajoy? La senda ha sido descendente en líneas generales, aumentando en 2014 hasta 34.7 y cayendo los últimos tres años. El último dato conocido, en 2017, es 34.1. La desigualdad no solo no se ha disparado en estos años, sino que ha caído. El mito no se sostiene por ninguna parte.

Aquellos que dicen luchar contra la desigualdad, ésta aumentó en su gobierno, por el aumento del desempleo principalmente. Aquellos a los que han achacado un escenario apocalíptico de desigualdad, se demuestra que no ha sido tal. Así es la política, demagogia y mentiras para crear relatos que permitan engañar a los votantes y poder asegurar un mayor número de votos en las próximas elecciones. No caigamos en la trampa.

Compartir
Artículo anteriorNo hay desaparición sin derrota
Artículo siguientePor qué no hay que derogar la reforma laboral, sino profundizar en ella
David Muñoz Lagarejos
Graduado en Ciencia Política y Gestión Pública por la Universidad Rey Juan Carlos. Estudiante de Economía en la UNED. Columnista en LA RAZÓN, Letras Libertarias, Proyecto Libertario, Somos La Revista, Debate21 y Navarra Información. Su pensamiento y filosofía de vida: por un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

Deja un comentario