Llegados a este punto circense en el que parece estar el denominado “process”, puedo prometer y prometo – que diría Adolfo Suárez – que estaremos ante el mayor efecto “boomerang” político que podamos recordar en España.

Puidgemont, cabeza visible del “process” – que nadie conocía hace dos años y que emergió como ese cantante desconocido que sustituye a otro de una banda de rock histórica- junto con ERC y la CUP, van camino de conseguir el efecto contrario que deseaban (o no, si eres un conspiranoico). Quizá, es cierto, que en la sociedad catalana han conseguido una fractura “deseada”, pero las semillas plantadas sólo se convierten en árboles si las riegas continuamente. Y ahora, están lanzando todo el Llobregat sobre esas semillas, pero con el tiempo el agua se puede acabar y esas semillas transformadas en pequeñas plantas terminen muriendo.

Catalunya podría haberse erigido como la Comunidad Autónoma Española que encabezara un cambio en el concepto de España, dentro de un marco constitucionalista, seguramente apoyados por partidos de otras comunidades (Pais Vasco, Galicia…) y probablemente por Podemos y todas sus ramificaciones. No andaban tan lejos de tener una mayoría parlamentaria. Nunca el PP y PSOE fueron tan débiles. Y si no conseguirlo, sí al menos plantear el debate en las instituciones y en la calle. Porque debatirlo en el marco institucional y legal no debería generar problemas y si a alguien se lo generaba está claro que partiendo de un marco legal quedaría retratado.

No hablaré de la España Plurinacional que hablan muchos. Sin embargo, es cierto que hay una gran cantidad de españoles que: no le gustan los toros, no le gusta o no siente como suyo el flamenco y no son del Real Madrid. Estos datos, a priori baladí, reflejan un poco el espíritu del españolismo. Parece que si no tienes unos determinados sentimientos no eres español, y realmente, españoles somos todos, aunque a algunos no les guste.

Catalunya en vez de haber intentado buscar un consenso, ya no para la independencia (que como objetivo a largo plazo en un marco legal podría valerles igualmente), sino para cambiar el Estado, emprendió una huida adelante pensando que el Resto de España, todos, tienen ese sentimiento tan españolista, que todos votamos al PP y disfrutamos de los goles de Ronaldo. Craso error que terminarán pagando en el futuro me temo.

¿Quién va a salir ganando? El Senado, por ejemplo. Esa institución que nadie sabía para que se usaba y que en los últimos debates electorales se hablaba de suprimir (recuerdo partidos de derecha e izquierda hablando de ello) de repente cobra un sentido al aplicar el 155 y de repente, “oh my God”, todo cobra sentido como un puzzle sideral para entender porque los senadores, cobrando una buena pasta, están ahí.

La Corona. Una institución en horas muy bajas, más bajas que nunca, de repente sale fortalecida ante el desafío de “romper España”. Los cuerpos y seguridad del Estado, aunque hayan repartido algún “palo” fuera de uso, es aplaudida y apoyada como nunca desde quizá los peores momentos con ETA.

El Partido Popular, que se envuelve en la bandera española, que es, nos guste o no, la bandera de todos, y que todavía no sabemos el rédito electoral que le dará, tanto en Catalunya dentro de un mes y medio, como en las elecciones generales. Un partido, no lo olvidemos, de los más corruptos de Europa y el más corrupto de la historia española, que ha robado lo que no está escrito y lo que no se sabrá.

Y por supuesto, la Constitución. Una Constitución que parece inviolable e intocable en algunos puntos, pero que no hay problema en reformarla (sin preguntar a ningún español) para añadir el pago de la deuda como lo primero a sanear, aunque los españoles se mueran de hambre. Lo primero  pagar a los bancos europeos y mundiales…luego ya si queda algo, comeremos los españoles, que está sobrevalorado.

Es decir, el “process” acaba de destruir por completo todo debate que estaba cercano a poder cuestionarse de cara a un futuro. Un futuro legítimo, dentro del marco constitucional. Porqué sí, la Constitución puede reformarse y plantear un Estado diferente si es lo que quieren la mayoría de los españoles.

Catalunya, siempre con fama de trabajadores y emprendedores, optó aquí por la vía rápida, la huida adelante, la de no trabajar, la de no seducir al resto de españoles. ¿No había otra vía? Ellos se escudarán en que no, pero sí que la había. Y ahora más que nunca. Repito, con un PP y PSOE en horas bajas, con un PP corrupto hasta la médula, con más votos que nunca en la izquierda…han dinamitado poder cambiar cosas que podrían ser susceptibles de ser cambiadas: modelo de Autonomías, reforma de la ley electoral (esto no interesa ni interesará nunca a Catalunya claro), cambio constitucional en otras parcelas, debate de la Corona…

No digo que todo eso deba de cambiarse, sino quizá plantear un debate que nunca se ha generado en serio y que todos formemos parte de ello, de una manera democrática y si es necesario votando todos los españoles las diferentes cuestiones. ¿No echáis de menos votar otras cosas que no sólo sean cada cuatro años lo mismo de siempre? En Estados Unidos se votan cientos de cosas: pena de muerte, matrimonios gays, tratamiento con células madres…Aquí, ni siquiera tenemos listas abiertas para votar…

La democracia es votar, en eso estoy de acuerdo con quién lo plantea, pero no se basa en que voten los catalanes para su independencia sólo. El resto de españoles también queremos votar y no sólo el marco de Estado que queremos, sino tantas y tantas cuestiones importantes o susceptibles de debate, que lo único que haría sería fortalecer nuestros sistema democrático.

Regenerar la política con esa corrupción que parece metida hasta el tuétano de nuestras instituciones debería ser quizá el objetivo prioritario de todos nosotros.

Es por eso que lo único que creo que va a conseguir Catalunya es el efecto “boomerang”, fortalecer las instituciones que tanto parece criticar, olvidar durante muchos años el debate que podía estar cerca de plantearse, repito, ya no para cambiarlo, si no es así lo que se quiere, pero sí para debatirlo en un entorno global, en un entorno legal y en el que todos participemos. La democracia es saber ganar y saber perder, pero ante todo jugar un partido con las reglas que tenemos. Da igual en el que equipo que quieras participar, sales al terreno de juego y planteas tu partido.

Así que sí, Catalunya ha hecho un flaco favor a los que de alguna manera buscaban de una manera democrática y legal un cambio de paradigma de Estado. El efecto boomerang va durar bastantes años.

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