El independentismo o Iceta

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Miquel Iceta passa per davant de Puigdemont a l'hemicicle del Parlament / PERE VIRGILI

El viernes 27, la mayoría del Parlament trató de quebrar España. Desde Madrid, Rajoy, apoyado por su partido, PSOE y Ciudadanos, ha resuelto imponer el artículo 155 de la Constitución. ¿Servirá de algo? ¿Reducirá el número de independentistas? No; pero mantendrá la legalidad de un Estado de Derecho. La condición de este artículo es que el 21 de diciembre se celebren nuevas elecciones autonómicas.

La aplicación de la norma constitucional deja muchos flecos abiertos. Desde el 2015, la mayoría de los municipios son gobernados por fuerzas independentistas, que no se plegarán a una Cataluña tutelada desde Madrid. Es decir, se va a producir un choque entre legitimidades de administraciones. Así pues, ¿servirá de algo el artículo 155?

Y, aun así, ¿tan seguros estamos de que los comicios solucionarán algo? El Periódico de Catalunya admite en una encuesta que la aritmética independentista apenas variaría. Otras encuestas, más halagüeñas para España, certifican el final de la mayoría absoluta de los independentistas. Sin embargo, con la mayoría de diputados de ERC y la fractura del bloque no-independentista, se podrían deshinchar los sueños de investir a un president no independentista.

La única posibilidad de evitar que el artículo 155 sea estéril es que entre los partidos constitucionalistas sobresalga el PSC. El PSC, ese partido que forjó Cataluña y que se mantuvo como férrea oposición a Pujol y que luego gobernó a lomos de tripartitos. El PSC, ese partido que los años han mitigado sus votos. El PSC, ese partido, es el único que puede liderar la alternativa en Cataluña. Con la propuesta de investir a Iceta, el PP habría de resignarse a apoyarle sin mucha resistencia, pues la fidelidad que ha presentado el PSOE de Sánchez en estos meses ha de ser pagada de alguna forma. Ciudadanos, si contara con menos diputados, asumirían su derrota; y cederían. Cosa distinta sería si contaran con más poltronas; y, entonces, habríamos de apostar el futuro de la comunidad y de España a la grandeza y generosidad política de Arrimadas y su equipo. Por último, Podemos, ECP, CSQP o como se quieran presentar ahora habrán de decidir. Estarán en un cruce de caminos: ora la abstención que tanto criticaron al PSOE de la gestora para investir a Junqueras o a cualquier otro president independentista, ora sumarse a la candidatura de un socialista de la línea dura de Sánchez, la que rehúye de todo resquicio del susanismo denostado por Iglesias.

Inés Arrimadas, pese a haber contado con un protagonismo sinigual en estos últimos años, no podrá aglutinar ninguna alternativa. Bien es cierto que puede sumar los votos socialistas y populares. Empero, es por todos conocido que la llave de la gobernabilidad en Cataluña se llama Podemos —el espacio que ocupan, ya saben ustedes—. Y Ciudadanos no es sino el antónimo de Podemos. Ésta será la mejor opción para Iglesias: la Marca Hacendado del PP —como los bautizó Rufián— o el independentismo; y, con la calculada ambigüedad que arrastran en este conflicto, se abstendrán.

Ni Podemos ni PP, a no ser que las urnas nos den una sorpresa de última hora, pueden competir por la gobernabilidad. Qué lejos está este PP del de Vidal Cuadras. Y aún más este CSQP del PSUC de Josep Benet. Ahora, son las muletas imprescindibles para sostener un cuerpo que, sin lugar a dudas, ha de tener otras siglas.

Por ello, para hacer que lo aquí descrito tenga efectividad, es obligación de los cuatro partidos no-independentistas crear un relato opuesto al secesionista. No han de empezar a hacer campaña. Eso es pan para hoy y hambre para mañana; o hambre para hoy y hambre para mañana. Hay que empezar por ganar un país que nos ha robado la ilegalidad.

 

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