España y sobre todo Catalunya está viviendo momentos muy fuertes. Desde los días previos a la celebración del referéndum del 1 de octubre hasta, de momento, la aplicación del artículo 155 de la Constitución, el escenario político ha dejado imágenes difíciles de borrar de nuestro recuerdo. Unos tiempos sobrecargados de “últimas hora”, de días clave que nos han tenido a todos pegados al televisor esperando algo menos fuerte. Y soñando necios con la llegada de una solución definitiva para un problema irresoluble a corto plazo.

Qué fuerte que para votar en Catalunya no les quedara otra vía que hacer una ley del referéndum saltándose los trámites parlamentarios necesarios. Qué fuerte aquel “a por ellos” que ratificó que existe un nosotros. Qué fuerte que la Guardia Civil tratará de impedir el referéndum registrando propiedades privadas sin órdenes judiciales en busca de urnas. Qué fuerte que se tuviera que esconder papeletas de voto. Qué fuerte la imagen del Mosso d’Esquadra llorando y la de los Bomberos entre la Policía Nacional y los manifestantes.

Qué fuerte que al final se intentará reprimir el 1-O a golpe de porra y que las pelotas de goma volvieran a Catalunya. Qué fuerte la Policía Nacional confinada en el Piolín, qué fuerte aquel policía que nos mostró sus dotes de luchador de pressing catch en aquella escalera. Qué fuerte que se rompieran dedos, que se arrancarán urnas de los brazos de los votantes. Qué fuerte que no podamos explicarles a nuestros hijos por qué la policía destruyó sus colegios.

Qué fuerte la huelga general del 3 de octubre que condenó la sobreactuación policial. Qué fuerte el discurso partidista del Rey Felipe VI. Qué fuerte que dé lecciones de democracia alguien que no ha votado nadie y fue impuesto por un dictador y que fuerte que dé lecciones de legalidad el partido más corrupto de Europa. Qué fuerte el silencio de la Unión Europea ante lo ocurrido el 1 de octubre. Qué fuerte que Trump apoye a Rajoy y que Maduro apoye a Puigdemont.

Qué fuerte el traslado de la sede social de las grandes empresas en Catalunya y qué fuerte que el independentismo no haya explicado a la población sus repercusiones. Qué fuertes las ilustraciones de El Roto y las portadas de algunos medios que lapidan cualquier opción de solución pacífica y acordada al conflicto. Qué fuerte que aquellos que estudiaron en Catalunya acusen al sistema educativo de adoctrinar a los niños. Qué fuerte que Mario Vargas Llosa nos hablará de patriotismo español siendo peruano y evadiendo impuestos en Panamá. Qué fuerte que defendiera al pueblo catalán diciendo “Pujmon” y “Forradel”. Qué fuerte que la “mayoría silenciosa” saliera solo cuando le ve las ovejas al lobo.

Qué fuerte que un país de la Unión Europea tenga presos políticos como los ‘Jordis’. Que Europa no solo no lo condene, sino que además apoye a Rajoy y que además le den el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia. Qué fuerte que Puigdemont se ande con tantos rodeos para explicar si ha declarado o no la independencia y que Rajoy se agarre a un clavo ardiendo para aplicar el artículo 155. Qué fuerte que el PSOE de Pedro Sánchez lo apoye y que Ciudadanos lo haga incondicionalmente. Qué fuerte que la Constitución española contenga un artículo que permite abolir un gobierno votado democráticamente, censurar medios de comunicación y regular el debate parlamentario. Qué fuerte que la unidad de España sea tan dura como para considerar que rompe más el país la ilegalidad de un referéndum independentista que la ilegalidad de una amnistía fiscal. Qué fuerte todo lo que hacen, pero no quienes lo hacen. Qué fuerte que no sepan solucionar esto de otra forma y que no se les caiga la cara de vergüenza y lloren de impotencia como Xavier Domènech.

 

 

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Adrià Huertas Vidal
Modificando un poco las palabras de Alessandro Di Battista, creo que la información política o la haces o te la hacen también. Tengo el Grado de Periodismo en la Universidad Internacional de Catalunya. La política me apasiona y explicarla y dar a conocer mi opinión todavía más. Vengo de un barrio de la periferia de Barcelona que tiene el honor de ser el distrito con más paro de la capital catalana, lo que me hace tener siempre los pies en el suelo. Me gusta decir las cosas claras tal y como son y como las pienso. Hay veces en la vida que la mierda hay que comerla con cuchara.

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