Son algunas las ocasiones en las que he escrito sobre los beneficios de la libertad económica. Tanto a nivel global, como continental o nacional. La apertura económica beneficia a la población con mayor renta per cápita, mejores estándares de vida, menor pobreza, menor corrupción en las administraciones públicas, etc.

En esta ocasión, y tomando como referencia un capítulo del libro de Diego Sánchez de la Cruz, Por qué soy liberal (Deusto, 2017), hablaré de lo beneficioso de la libertad económica dentro de España. Según cual sea el grado de libertad económica, hay mejores o peores estándares de vida en las CCAA, igual que ocurre a modo de comparación entre países y continentes.

En el capítulo que analiza este aspecto, Sánchez de la Cruz toma como referencia tres grupos en los que agrupa a las diferentes CCAA, según su grado de libertad económica. Así, distingue entre RLR 1, 2 y 3 (donde RLR significa ‘Ránking de Liberalización Regional’). En el grupo 1 están las autonomías con una mayor liberalización: Comunidad de Madrid (única que supera los 90 puntos), Islas Baleares, País Vasco y Navarra. El grupo 2 está integrado por las autonomías de grado medio en liberalización regional: Cataluña, Cantabria, Región de Murcia, Galicia, Aragón, La Rioja, Asturias, Comunidad Valenciana e Islas Canarias. Por último, en el grupo 3 del RLR están las autonomías con economías más controladas e intervenidas, que son: Extremadura, Castilla-La Mancha, Castilla y León y Andalucía.

Así pues, Diego Sánchez de la Cruz mide diferentes características en función del grupo RLR. En este artículo he querido poner solo las más relevantes: PIB per cápita, tasa de paro, esfuerzo fiscal, riesgo de pobreza y desigualdad.

Una diferencia de 10.000 € entre las comunidades más libres y las menos libres. Una gran brecha que solo se puede superar imitando al grupo 1 y liberalizando la economía, como también ocurre a nivel nacional e internacional. Los países con mayor libertad economía gozan de mucha más renta per cápita que aquellas economías intervenidas.

España, por desgracia, es un país que goza de un paro estructural bastante alto. Eso hace que ni siquiera en las regiones más abiertas haya una tasa de paro por debajo del 10%. Aun así, lideran la creación de empleo y son los que menos paro tienen. Nuevamente hay una forma escalonada según vamos de más libertad económica (menos paro) a menos libertad económica (más paro). Este fenómeno también ocurre a nivel nacional e internacional, ya que suelen ser los países con mercados laborales más abiertos (sin restricciones a la contratación, generalmente sin salario mínimo, etc.) los que suelen gozar de tasas de paro menores, y además, de salarios más altos.

Para clasificar el esfuerzo fiscal se utiliza el índice de Frank, el cual se consigue dividiendo la presión fiscal entre el PIB per cápita (en cada autonomía). Se puede ver cómo hay más de 10 puntos de diferencia entre el grupo 1 y el grupo 3, es decir, los habitantes de las CCAA con mayor libertad económica soportan menor proporción de impuestos que aquellos que viven en CCAA con economías más controladas.

Las autonomías con economías más libres tienen una tasa de riesgo de pobreza menor. Hoy en día, los ‘apocalípticos’ de la pobreza en España sugieren constantemente que hay que intervenir la economía para acabar con ella, aunque muchas veces confunden riesgo de pobreza con pobreza directamente. Así, se escucha en algunos medios de comunicación que en España “hay 15 millones de pobres”. Una barbaridad que no es cierta.

La realidad demuestra todo lo contrario. Para intentar acabar con el riesgo de pobreza y que sea más difícil acabar cayendo en ella, hay que liberalizar la economía. Esto es algo que ocurre también a nivel global. Son los países con economías más libres y abiertas quienes soportan menor nivel de pobreza, e incluso una pobreza menos severa. Liberalicemos la economía en las CCAA para reducir la pobreza y el riesgo de caer en ella.

Se suele escuchar que el capitalismo y la economía de mercado son el sistema económico que mayor desigualdad genera. Aunque hablar de desigualdad daría para un artículo aparte, he de decir que muchos confunden desigualdad con pobreza, dando a la primera la connotación negativa de la segunda, cuando no es así.

Por otro lado, como se puede observar en el gráfico anterior, las CCAA con mayor libertad económica son (oh, sorpresa) más igualitarias que aquellas con economías más reguladas (recuerdo que el índice Gini mide la desigualdad siendo 0 “máxima igualdad” y 100 “máxima desigualdad”).

Esto es algo que nunca se oye en los medios de comunicación. Ni a los igualitaristas, porque no les interesa. Quieren vender que la economía de libre mercado genera desigualdades y que la desigualdad es mala, cuando es mentira. Necesitan crear esclavos de una economía dirigida, aunque eso lleve consigo mayor desigualdad. En España, la libertad económica combate la desigualdad mejor que cualquier política de empleo y redistribución de la renta.

La libertad económica funciona, también dentro de España en las CCAA. Si se quiere prosperidad, hay que seguir el camino del grupo 1 del RLR. Si se quiere paro, pobreza y mayor esfuerzo fiscal, es aconsejable seguir el camino del grupo 3. Las autonomías con mayor libertad económica nos muestran el camino. Junto a estas categorías, Diego Sánchez de la Cruz muestra en su libro (que recomiendo leer) algunas más, como el gasto público, índice de progreso social, creación de empresas, economía sumergida, informe PISA, etc. Siempre sale mejor posicionado el grupo 1, el de las autonomías con mayor libertad económica. No es casualidad, es que la libertad económica funciona. He hablado muchas veces de ello y se ha demostrado en infinidad de ocasiones. En España, en función de la libertad económica de las CCAA, se puede demostrar que también.

 

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David Muñoz Lagarejos
Graduado en Ciencia Política y Gestión Pública por la Universidad Rey Juan Carlos. Estudiante de Economía en la UNED. Columnista en La Razón. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. Por un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

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