Globalización: ¿Se está luchando contra una realidad similar a la fuerza de la gravedad?

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Richard Baldwin dice que, al igual que el viento o el agua, la globalización es poderosa, pero también inconstante y destructiva. Por otro lado, el profesor Jesús Núñez nos advierte que la globalización es un hecho, una realidad irreversible o un proceso que ha venido para quedarse. Por eso, que un movimiento se denomine anti globalización es como que un movimiento se declare anti oxígeno o en contra de la fuerza de la gravedad. Es declararse contra un factor que necesitamos para vivir, crecer y desarrollarnos. Es por ello que hay movimientos sociales que han preferido abandonar la etiqueta anti globalización y adoptar la de altermundismo. El altermundismo se define como un movimiento que proponen que la globalización y el desarrollo humano se basen en priorizar los valores sociales y ambientales y en oposición a quienes los centran en el neoliberalismo económico[1]. Por lo tanto, con un hecho que ha venido para quedarse, con una realidad que está siendo asumida por ciertos sectores que comenzaron declarándose anti, debemos preguntarnos ¿Cuál es el estado actual de la globalización?

En el artículo de The Economist titulado The past and future global economy: The third wave of globalisation may be the hardest nos cuenta como la globalización desde la década de los 90 ha cambiado radicalmente. Uno de los cambios fundamentales es el que ha provocado la aparición de Internet reduciendo el coste de exportar e importar ideas y ha completado una segunda desagregación. Este artículo nos cuenta que, ahora, coordinar la producción mundial es más barato, más rápido, más seguro, es más sencillo proveer cadenas de producción ignorando fronteras etc. También, y al inicio del artículo, nos dice que está empujando a los países a la especialización y los intercambios, haciéndolos más ricos y reduciendo las distancias en el mundo. Por lo tanto, y atendiendo a estos efectos, esta nueva ola de globalización suena muy positiva ¿no?

Como decíamos al comenzar este ensayo, la fuerza de la globalización puede ser tan potente como las fuerzas de la naturaleza. Todos necesitamos el viento, todos necesitamos el agua, pero cuando estos nos llegan de forma excesiva o cuando son escasos, las consecuencias pueden ser terribles. Por eso, seguramente, la necesidad de especialización de los estados y de intercambiar productos es lo que esté causando problemas. Es precisamente en la necesidad de que los países se especialicen, y que está generando mayor riqueza, lo que puede haber sido la consecuencia de la aparición de figuras como Trump, el Brexit, el Frente Nacional en Francia, el movimiento Cinco Estrellas en Italia, la Grecia de Syriza y Amanecer Dorado o el Podemos de Pablo Iglesias en España. Además, no podemos olvidar que, los nuevos partidos del espectro de esta última izquierda como la de España, tienen su origen, vivieron y se formaron en los movimientos antiglobalización que participaron en la Batalla de Seattle o en las protestas durante la 55 Asamblea General del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en el año 2000 en Praga[2]. Para explicar este escepticismo respecto de la globalización, del comercio internacional y el surgimiento de partidos, movimientos y procesos que parecen revolverse contra ella, tenemos el siguiente gráfico de The Economist:

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En el gráfico – donde en el eje vertical se representa el porcentaje que cree que la globalización es una fuerza promotora de bienestar, en el eje horizontal la Paridad de Poder Adquisitivo (PPA)[3], y la gama de colores el porcentaje de inmigración del país- se nos muestra como países que se consideran economías emergentes como India, Filipinas, Tailandia o Indonesia la PPA ha crecido en 2015, la creencia en la globalización como una fuerza promotora del bienestar es muy alta y son sociedades sin apenas inmigración. Por el contrario, economías avanzadas como Noruega, Francia, EE.UU., Alemania, Francia o Reno Unido, han perdido PPA, la desconfianza en la globalización como fuerza promotora de bienestar es alta y, salvo excepciones como Finlandia, cuentan porcentajes de población nacida fuera del país que van entre más del 10% al 40%. Esto, por lo tanto (y a falta de un análisis más profuso) nos indica que cuanto menos existe correlación, sino causalidad, entre la pérdida de poder adquisitivo, la pérdida de confianza en la globalización e índices relevantes de inmigración con la aparición de movimientos que, cuanto menos, se declaran contrarios a realizar tratados de libre comercio y en el lado de la extrema derecha contrarios a la inmigración. Por el contrario, en los países emergentes, el efecto es el contrario, el aumento del poder adquisitivo tiene correlación con la creencia en las bondades de la globalización. Por ello, seguramente en aquellos países la población no aplaudirá discursos contra el TTIP como los que hacen Trump y Podemos y si aplaudirán discursos como el del MP británico John Bright en 1843 hablando de abolir los aranceles a la importación de comida[4].

Dicho todo lo anterior, deberíamos preguntarnos ¿Por qué en las economías avanzadas, que son economías avanzadas y con altos niveles de bienestar gracias a la globalización, es donde más se desconfía de ellas? La respuesta, la podemos encontrar en el teorema de Stolper-Samuelson. Este teorema explica que “el libre comercio entre países con altos salarios y países con bajos salarios genera reducciones de empleo y de salarios en los países que parten de una posición de salarios superiores[5].” Como veíamos en el gráfico en las economías avanzadas bajaba el PPA. Por lo tanto, la globalización puede ser considerada un chivo expiatorio de la catástrofe de familias que en estos años han visto como Zara dejaba de fabricar su moda en Coruña y ahora lo hace en China, o como se ha abandonado a los trabajadores de los molinos textiles de Carolina del Sur por trabajadores en México. Estas deslocalizaciones han llevado a los países a la especialización que indicábamos al inicio para poder competir y, por el momento, las personas que trabajaban haciendo ropa para Zara en Coruña, empleados de la construcción o los trabajadores del textil de Carolina del Sur tienen que resituarse en los sectores en que sus respectivos países pueden especializarse. El problema es que es un proceso lento y donde precisamente aquellas personas de mayor edad no dispondrán del tiempo necesario para reciclarse. Es justo en este punto donde está el problema y donde surge el caldo de cultivo que aprovechan los populismos.

Esto me lleva a concluir después de todo lo dicho que la fuerza de la globalización es tan poderosa e impredecible que puede llevar a países que estaban en la miseria a situarse en sendas de creación de riqueza y, al mismo tiempo, puede hacer que parte de la población que se venía beneficiando de ella en las economías avanzadas, por un cambio producido por las posibilidades que aporta Internet, por ejemplo, queden marginados de sus principales beneficios. Por lo tanto, parece necesario que los gobiernos encuentren un punto de equilibrio para proteger a aquellas personas que se ven perjudicadas por las externalidades negativas de esta realidad imparable y que, a su vez, no se pongan barreras a un proceso que nos permite crear riqueza y bienestar en países en donde antes no la había, que nos permite tener mandarinas a precios asequibles todo el año en los supermercados o que nos permite viajar de una punta a la otra de Europa sin fronteras y por el módico precio de 9,99€. Si los gobiernos consiguen esto, nos alejaremos de los peligros populistas y conseguiremos sacar todo el partido a una fuerza que si se gestiona con inteligencia, beneficiará a toda la humanidad.

 

[1] Ramón Adell Argilés, “El altermundismo en acción: internacionalismo y nuevos movimientos sociales”, Jóvenes, globalización y movimientos altermundistas.

[2]  Pablo Iglesias Turrión, “Desobedientes. De Chiapas a Madrid”, Editorial Popular 2011. Pág.:37-45.

[3] La paridad del poder adquisitivo (PPA) es un indicador económico que permite comparar de una manera “realista” el nivel de vida entre distintos países, atendiendo al producto interior bruto (PIB) de cada país.

[4] The Economist,”Anti-globalist: Why they´re wrong. Globalisation´s citis say it benefits only the elit. In fact, a less open world would hurt the poor most of all.

[5] Neary, J. Peter” The Stolper–Samuelson theorem”Centre for Economic Policy Research, London

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Alejandro Ruiz París
Graduado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III de Madrid, cursó estudios en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Wroclaw (Polonia) y actualmente trabaja como consultor junior de políticas públicas en el sector TIC. La libertad y la búsqueda de la verdad son los principios que rigen su trabajo.

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