…Y SEGUIMOS SIN GOBIERNO

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Por si alguien no recuerda o no conoce el dato, fue el 26 de octubre de 2015 cuando el Gobierno de España pasó a estar en funciones y, aunque la Ley así lo prevé, es la primera vez en la reciente historia política de nuestro país que nos encontramos con una situación como ésta, que, si me permiten, describiría de anómala. Situación que, de momento, no tiene visos de una solución cierta, ni en cuanto al “cómo” ni en cuanto al “cuando”. Respecto al “cuando”, sin despejar la incógnita, hay dos posibilidades: bien podríamos acercarnos a una solución después de que se hayan celebrado las elecciones vascas y gallegas o bien, si nada lo impide, se volverá a buscar una salida después de que los españoles que quieran, y les queden ganas, acudan a las urnas en unas nuevas elecciones generales, las terceras en casi un año. Aún así, después de unos terceros comicios, tampoco contaremos con la garantía de que el escenario político con el que nos encontremos sea muy diferente al actual.

Aunque tengamos un gobierno en funciones, lo cierto es que España está sin gobierno, ya que está situación únicamente permite al ejecutivo tomar determinadas decisiones necesarias, que revistan cierta urgencia y poco más, y esto supone que la Administración del Estado se halle viviendo un letargo obligado, una pseudo paralización. 

Sin duda, el “cuando” tendremos una solución está condicionado por el “cómo” llegar a esa solución. Algunos teníamos la esperanza, remota e inocente, de que se pudieran llegar a acuerdos que permitieran sacar adelante la investidura de un presidente del gobierno tras la segundas elecciones generales celebradas en un plazo de seis meses, sabiendo no obstante que ello era harto difícil. Aunque el candidato Mariano Rajoy contara en el Parlamento con un número de apoyos mayor que aquellos con los que contó Pedro Sánchez el pasado marzo, la verdad es que el panorama no ha mejorado. Cierto es que el Partido Popular consiguió en junio mejorar los resultados electorales obtenidos en diciembre, mientras que el resto de partidos o empeoraban o se mantenían, y ello parecía presagiar que, llegando a un pacto con Ciudadanos y absteniéndose el PSOE -aunque fuera sólo un número determinado de diputados socialistas, un espejismo en el desierto-, Rajoy podría conseguir sacar adelante la investidura, si no en primera votación, si en la segunda celebrada el 2 de septiembre.

A medida que se acercaban los días señalados para el primer debate de investidura de Mariano Rajoy iba perdiendo fuerza la posibilidad de que dicha investidura prosperase ante el continuado “no” de Pedro Sánchez y los suyos, siendo necesaria su abstención para dar una salida a la gobernabilidad de nuestro país. De esa negativa no iba a conseguir apear al grupo parlamentario del PSOE ni la opinión de algunos barones regionales socialistas que aconsejaban terminar con el bloqueo, ni las declaraciones de algunos históricos del PSOE ni un rayo de Zeus que cayera del cielo. Al igual que tras las elecciones de diciembre, el “no” a Rajoy seguía siendo “no y mil veces no”. Y así, terminó el intento de investidura del candidato del Partido Popular y empezó a ganar fuerza la idea de que tendremos que ir a terceras elecciones para desenmarañar el enredo que trae de cabeza a este país desde el ya algo lejano 20 de diciembre de 2015.

La campaña de las elecciones vascas y gallegas, en las que han estado centrados los principales partidos nacionales, ha forzado a que tanto el “cómo” y el “cuando” dar una solución a esta situación de interinidad se convierta en un ave fénix que en las próximas semanas resucite de sus cenizas y resurja la posibilidad de no tener que vivir de nuevo un proceso electoral, más cuando todo apunta, como antes he dicho, a que nos encontraremos de nuevo con un parlamento fragmentado en el que el dialogo, los pactos, los desacuerdos, los bloqueos y las líneas rojas volverán a cobrar protagonismo, y comprobaremos si existe alguna posibilidad de resolver este sinsentido que estamos viviendo y del que la ciudadanía sólo parece un mero testigo que, no obstante, se cuestiona cual es el valor de su voto y que tiene la impresión de que de poco o nada ha servido ir a votar en las dos anteriores elecciones generales.

 

 

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Abogado. Estrategia y Comunicación Política. Firmemente convencido de que los políticos han de estar al servicio de la ciudadanía y no la ciudadanía al servicio de los políticos.

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