UNAS TERCERAS ELECCIONES… O NO

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Mariano Rajoy

En general, si a cualquiera le preguntamos sobre la opción de celebrar unas terceras elecciones en España, independientemente de si estas se celebrarán el 25 de diciembre, las respuestas que podríamos obtener irán en la línea de entender que se trata de un sinsentido que los ciudadanos de este país observamos con cierta incredulidad, cuando todavía estamos despertando del letargo vacacional. De nuevo, se palparía la idea de que los políticos van por un lado de la carretera y los ciudadanos por el contrario.

Empezamos el periodo estival, tras las elecciones generales del 26J, con la esperanza de que las negociaciones a las que estaban llamadas las formaciones políticas concluyesen en unos pactos que permitieran contar con un nuevo gobierno, intentando olvidar la fallida y atribulada XI Legislatura. El escenario de unas terceras elecciones era una probabilidad remota, impensable. Cierto es que, tras las elecciones de junio, con unos resultados relativamente alejados de las encuestas previas a los comicios, el Partido Popular salía reforzado respecto a las anteriores elecciones del 20D, pero de nuevo muy alejado de una mayoría holgada que le abriera de nuevo las puertas del Palacio de La Moncloa. A pesar del aumento en número de diputados, los populares se veían avocados a tener que abrir un proceso de negociaciones que permitieran a Mariano Rajoy someterse a la investidura, una vez aceptado el encargo del Rey conforme a lo previsto en el artículo 99 de la Constitución.

El resultado electoral fuerza al diálogo necesario si no queremos encontrarnos con otra legislatura corta y de nuevo fallida. De momento Partido Popular y Ciudadanos, y también Coalición Canaria, han abierto el turno de negociaciones. Pero las sumas siguen sin llegar a los 176 votos necesarios para investir a un nuevo presidente del Gobierno y, si al final cuenta con los votos tanto de los diputados de la formación naranja, una vez salvados los escollos con los que se encuentren en las negociaciones, como con el único voto de Coalición Canaria, lo que haga el PSOE es decisivo para que la investidura salga adelante y terminemos con la situación de incertidumbre que supera ya los trescientos días.

Ahora bien, con el enroque de Pedro Sánchez y su grupo parlamentario en el “no” a Rajoy, la esperanza de dar una solución a la situación de interinidad en la que nos encontramos se diluye, al menos por ahora. A nadie se le escapa que debe ser muy difícil permitir que sea investido presidente quien está al frente del partido político que ha sido el tradicional adversario del PSOE durante décadas, más si en la posible decisión, bien sea el actual posicionamiento del “no” o en una eventual abstención “in extremis”, son varios los factores que puedan influir.

No parece que haya duda de que Sánchez está obligado a intentar mantener una posición fuerte dentro de su propio partido y acallar cuantas voces discrepen, sobre todo frente a las opiniones que abogan porque el PSOE permita la gobernabilidad y ejerza una oposición fuerte frente a un Partido Popular que lo tendrá muy complicado para sacar iniciativas en el Parlamento con 137 diputados. Sánchez se halla en una continua pugna por evitar el cuestionamiento a su persona o a sus decisiones dentro de las propias filas socialistas, aunque pretendan mostrar un apoyo inquebrantable a su Secretario General de cara al exterior. Los resultados obtenidos tanto en las elecciones de diciembre como en las de junio hubiera sido suficiente para que el líder socialista se hubiera planteado la dimisión, pero pasar a la historia del PSOE sin pena ni gloria no parece que esté en la mente de Sánchez y esto hace pensar a muchos que se guía más por interés personal de salvar su propia imagen que por la necesidad de desbloqueo a la situación actual.

Otro factor determinante es el deseo de Sánchez y los suyos de ver a Rajoy “besar la lona” tras el debate de investidura, que será transformado por los socialistas en una cuestión de confianza en diferido, que no se atrevieron a plantear durante la X Legislatura, ya que la mayoría absoluta del Partido Popular se la hubiera tumbado a la primera. Ya lo pretendieron los socialistas tras las elecciones del 20D y no lo pudieron conseguir al rehusar Rajoy someterse al debate de investidura. No quieren perder esa oportunidad en esta ocasión y de ahí su inamovible decisión de votar negativamente tanto para la primera votación, como en la segunda.

Y por último, pero no menos importante, el tacticismo y las estrategia como fundamento de la posición del PSOE de cara a los próximos procesos electorales vasco y gallego del 25 de septiembre. Abstenerse el 31 de agosto o el 2 de septiembre y permitir a Mariano Rajoy salir investido para formar un nuevo gobierno debe ser algo que en Ferraz se considera como sumamente negativo y que podría dar alas a Podemos y a sus confluencias, recogiendo los votos de aquellos que, habiendo votado socialista, se vieran traicionados por una improbable, a día de hoy, abstención del PSOE y decidieran votar tanto en Galicia como en el País Vasco a las nuevas formaciones de izquierdas, más cuando los de Pablo Iglesias necesitan, como agua de mayo, quitarse el mal sabor de boca que les dejó el resultado obtenido el 26J, sin que se produjera el anunciado sorpasso, lo que, por otro lado, dio aliento a los socialistas.

Los candidatos dijeron, durante la última campaña electoral, que no habría terceras elecciones, incluido el propio Pedro Sánchez. Los resultados electorales, con un aumento del Partido Popular en escaños y quedándose el resto de partidos en una situación similar, cuando no peor, a las del 20D, permitía vislumbrar la posibilidad de que, si los políticos así lo querían y llegaban a los acuerdos necesarios, pudiéramos contar con un nuevo gobierno antes de llegar al otoño. Pero esa posibilidad parece tan lejana como durante la corta anterior legislatura y de ahí que el horizonte de unas terceras elecciones haya pasado de ser humo a ir tomando corporeidad.

La esperanza de algunos, o de muchos, está en octubre, pasadas las elecciones vascas y gallegas, y que el PSOE pueda cambiar de posición, rompiendo con su bloqueo y permitiendo la formación de gobierno, aunque sea solamente porque Pedro Sánchez cumpla con lo que afirmó en el debate electoral de que no habría terceras elecciones.

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Abogado. Master en Dirección de Protocolo y Comunicación. La política siempre ha de estar al servicio de las personas y no las personas al servicio de la política.

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