El trilema del PSOE

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MADRID. 17.08.2016. POLITICA. Pedro Sánchez, junto a César Luena y Micaela Navarro, durante la reunión de la comisión permanente del PSOE, celebrada en el Congreso de los Diputados. FOTO: JOSÉ LUIS ROCA

Después de varios días sin conocer el camino que iría tomando la investidura, ya podemos ir conociendo algunos datos más certeros y hacernos una ligera idea de por dónde nos andamos en estos momentos.

Finalmente Mariano Rajoy ha aceptado las 6 condiciones de Ciudadanos para negociar la investidura, 7 si contamos con que había que fijar sí o sí una fecha de investidura, que pusiera en funcionamiento la contrarreloj hacia el camino de un gobierno o terceras elecciones. Dicho debate de investidura con Rajoy como candidato a la presidencia del Gobierno comenzará el 30 de agosto, como ha informado la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor.

Y en esto, el camino del PSOE parece un poco dividido en cuanto a las opciones que tiene en sus manos sobre el futuro gubernamental o electoral.

Opción 1: abstención

El PSOE podría abstenerse en la investidura de Mariano Rajoy, que sería investido con los votos a favor del PP y la abstención de PSOE y C’s (que podría virar hacia el ‘sí’, opción completamente rechazada en estos momentos por Rivera y los suyos).

En esta situación, el PSOE reconocería los resultados electorales y la brecha aumentada por el PP respecto a diciembre. Sería la opción sensata del desbloqueo político.

Opción 2: terceras elecciones

La segunda opción que tiene entre manos el Partido Socialista es mantener la posición actual, el ‘no’ a Rajoy y al PP en general. Las cuentas así no salen, Rajoy no sería investido y el bloqueo seguiría presente. Por este camino estaríamos abocados a las terceras elecciones generales en un año, que se celebrarían el día de Navidad.

Opción 3: gobierno con Unidos Podemos

Hay una tercera opción que podrían manejar Pedro Sánchez y compañía en torno a la investidura. La posibilidad de intentar un gobierno de la mano de Unidos Podemos (opción que gusta y mucho a Pablo Iglesias) junto al apoyo en la investidura de partidos independentistas, como ERC y la antigua Convergència.

En un artículo anterior recomendé al PSOE que tomara la opción 1, es la menos mala para ellos. He oído a muchos decir que esta opción no puede ser posible, ya que el centro izquierda no puede permitir la investidura del centro derecha (algo que chirría demasiado en mis oídos). En una situación excepcional como la actual, con dos elecciones generales en 6 meses y la amenaza de las terceras, abstenerse sería desbloquear la situación y reconocer que el PP ha ganado las elecciones de junio con un margen mayor que en diciembre. Abstenerse no tiene nada que ver con apoyar al PP, ni tampoco con perder la condición de primer partido de la oposición, como también he escuchado estas semanas. El PSOE se debería abstener en condición de desbloqueo y lectura de las urnas, al mismo tiempo que debería encabezar una oposición firme al Gobierno del PP. No son condiciones antagónicas.

La opción 2, por su parte, sería todo lo contrario a la 1. La imagen del PSOE sería la de un partido que no acepta los resultados electorales, sectario (enrocado en el “no porque no”), que juega con el voto de los españoles y que les dice a éstos: “te has equivocado, vayamos a las urnas de nuevo”.

Unas terceras elecciones serían toda una incógnita para el PSOE en cuanto a resultados, pero está claro que sería una nueva oportunidad de «sorpasso» para Unidos Podemos y, a su vez, otra ocasión de que el PP pudiera abrir más brecha entre los escaños de uno y otro partido. Y todos sabemos quién sería visto como culpable de unas terceras elecciones, por lo que a priori, sería perjudicial para los socialistas, unido al hastío electoral y al menor interés por la política del electorado del PSOE.

Por su parte, la tercera opción sería una tumba política para el PSOE. Pactar con independentistas, que quieren romper con España, sería mal visto por la mayoría del electorado del PSOE. Además, el PSOE no podría dar respuesta a las demandas de ERC y Convergència (un referéndum de independencia), ya que necesitaría del PP para llevar adelante una reforma de la Constitución. Y en eso están los partidos catalanes: hoja de ruta de separación de España; no hay más.

Este es el trilema que tiene entre manos el PSOE. De ellos depende el futuro en estos meses. Es obvio que son tres opciones que pueden ser vistas de manera negativa por muchos socialistas, pero creo que la sensatez y reconocer lo que la gente ha votado debe estar por encima de las batallas parlamentarias – ideológicas.

Una vez comience la legislatura con un gobierno formado, que comience también esa batalla y la oposición al PP. Pero el paso previo debe ser la sensatez y no el sectarismo, y en estos momentos el PSOE sigue el camino del “no es no porque no” antes de reconocer que perdieron y que solo el PP aumentó votos y escaños respecto a diciembre. Si fuerzan terceras elecciones generales, se produce el «sorpasso» y/o el PP abre más brecha y se acerca a la mayoría absoluta, que no se quejen después.

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