¿Resurgir monárquico en las ex repúblicas de la órbita soviética?

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La Constitución Española define a la Corona como el símbolo de la unidad y permanencia del Estado. Con esta definición nuestra constitución convierte al Rey en uno de los símbolos del Estado español, y además, dice que representa el pasado y el futuro de nuestra nación, conjugándole como uno de los responsables de la unidad entre los pueblos que componen nuestro rico (en diversidad cultural se entiende) país.

Ateniéndonos a esta definición, parece que si la institución monárquica tiene sentido en el siglo XXI es porque puede encarnar el presente y el pasado del país y además ostentar un grado de respeto popular que la convierta en una figura de reconocido prestigio entre los ciudadanos para actuar como árbitro independiente en la política del país y dar una continuidad a la representación internacional con independencia de los distintos gobiernos que se sucedan. Por eso, en países como Rumanía Montenegro o Georgia, donde tras la caída de la URSS, y de la órbita en la que se encontraban, quedaron muy dañados los nexos de identificación nacional, está resurgiendo el debate en torno a las antiguas dinastías como un elemento de unidad nacional, de prestigio y reconocimiento de su utilidad por parte de la población.

En la república caucásica de Georgia, el debate sobre la posibilidad de una restauración monárquica resurgió en 2007 cuando el patriarca de la Iglesia Ortodoxa en dicho país, Ilias II, en un mensaje televisado exhortó a devolver la corona a la dinastía Bagrationi. Así, la cuestión llegó ser aprobada para su discusión por el Parlamento georgiano con 104 votos a favor y seis en contra. Lo curioso del caso, es que la dinastía Bargatione ha estado afincada muchos años en España, y el entonces aspirante al trono Jorge Bargatione y su hijo, y actual pretendiente cuentan, con nacionalidad española y son familia de D. Juan Carlos. El proceso parece que se paralizó por el estallido de la guerra de Osetia con Rusia y la oposición del entonces presidente Mikheil Saakashvili. Aun así, uno de los puntos a su favor es que la corona fue erradicada en 1801 cuando el Zar Alejandro I se anexionó el país y es vista como un símbolo de independencia frente a su vecino ruso.

Otro caso curioso es el de Montenegro donde podemos decir que se ha establecido una república coronada. El 12 de junio de 2012 el parlamento montenegrino celebraba una sesión extraordinaria en la que rehabilitó a la dinastía Petrovic-Njegosch, que reinó en el país hasta 1918. En esa sesión se aprobó una ley novedosa en Europa por la cual se reconoce un estatus oficial al actual jefe de la Casa Real, el príncipe Nicolás. La norma le atribuye algunas funciones ceremoniales, le reconoce como heredero de la tradición histórica y, además, el príncipe ejerce cierta labor diplomática en el extranjero, sobre todo en otras monarquías.

En el caso montenegrino, los puntos que favorecen una posible restauración monárquica tienen que ver con lo reciente de la creación del país, y su corta historia como Estado independiente, ya que, muchos de los símbolos de la monarquía se han extendido como aglutinante social, empezando por su escudo y su bandera.

El último caso, parece que se puede dar en Rumanía. Desde hace algunos años, y muy especialmente desde las elecciones presidenciales de 2014, donde durante la campaña Victor Ponta prometió un referéndum sobre la República o la Monarquía, se viene discutiendo dicha posibilidad, que se aplazó en 2014 para 2015, y de momento no se ha dado. A día de hoy, lo más inmediato va a ser otro caso de República Coronada. El gobierno ha presentado un borrador para regular la situación de la Casa Real como “persona jurídica de utilidad pública, independiente y apolítica, comprometida con la preservación de las tradiciones y valores del Estado y con la promoción y el desarrollo de Rumanía” y que habrá de convertirse en ley si así lo aprueba el Parlamento, cosa que se da por hecha ya que el consenso entre los partidos políticos es generalizado. Es más, dicho borrador, de momento parce que solo cuenta con la oposición de algunos sectores monárquicos porque creen que es una estratagema de la República para enterrar definitivamente la posibilidad del Referéndum.

El caso de Rumanía es curioso porque el jefe de la Casa Real Rumana, el Rey Miguel I de Rumanía, quien reinó en el país hasta que se vio forzado a abdicar con los cañones de los carros soviéticos de Stalin a las ventanas del Palacio real y por el chantaje de su primer ministro que amenazaba con ejecutar a 200 estudiantes fieles a la corona, cuenta con un gran prestigio entre los rumanos, está mejor valoración que los líderes políticos del país y resultó clave en las negociaciones para la entrada del país en la Unión Europea por su influencia entre las monarquías del viejo continente. Pero no solo es la persona de Miguel de Rumanía quien cuenta con una alta estima entre los rumanos, según las encuestas de Inscop, el 44,9 % tiene una buena o muy buena opinión sobre la Casa Real. ¿Veremos a su hija Margarita reinar? ¿Se dará el primer caso de la Historia reciente en la que una República se convierte en Monarquía?

 

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Alejandro Ruiz París
Graduado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Carlos III de Madrid, cursó estudios en el Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Wroclaw (Polonia) y actualmente trabaja como consultor junior de políticas públicas en el sector TIC. La libertad y la búsqueda de la verdad son los principios que rigen su trabajo.

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