Notas sobre la estrategia de (in)comunicación de Rajoy

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[dropcap]A[/dropcap]yer por la noche, Esperanza Aguirre visitó la casa de Bertín Osborne y habló largo y tendido sobre su trayectoria política y personal.

Tras su dimisión como Presidenta del PP de Madrid y sus encontronazos con la cúpula del partido a nivel nacional (esto último lo admitió sin rodeos), cabía esperar una entrevista en la que no faltaran las cornadas afiladas hacia Mariano Rajoy.

Sin embargo, Aguirre se limitó a decir que en las distancias cortas es “encantador” y que, excesivamente preocupado por la gestión de la crisis económica, se había olvidado de la comunicación con los ciudadanos durante buena parte de sus años en Moncloa.

Estas declaraciones no deberían suscitar polémica alguna, y es que la propia dirección del PP ha admitido en sobradas ocasiones que se ha olvidado de comunicar y ha frecuentado escasamente los medios de comunicación, si bien se suele añadir a toda prisa que el partido estaba demasiado ocupado evitando la quiebra y rescate de España desde el gobierno.

Un ‘mea culpa’ habitual entre los cuadros del PP, más obsesionados con desautorizar al asesor de cabecera de Rajoy, Pedro Arriola, que con asumir mecanismos de control para evitar nuevas corruptelas en el seno del partido. A diferencia de lo que a menudo se considera, la lacra de la corrupción les ha afectado mucho más que la gestión de la crisis económica o la estrategia de comunicación (o incomunicación) del Presidente.

Parece claro que Arriola ha recomendado a su cliente adoptar un perfil bajo no sólo en la oposición, sino también en el gobierno, y es perfectamente entendible si se es consciente que el Presidente tiene escaso carisma personal, que España es un país donde la mayoría de los ciudadanos se ubica en el centro-izquierda y que el PP ganó las generales de 2011 como consecuencia de la caída en desgracia de Zapatero y asumiendo un mandato casi exclusivamente económico.

Se avecina una nueva campaña electoral, y los medios ya empiezan a preguntarse si Rajoy acudirá o no al nuevo debate a cuatro.

Teniendo en cuenta que Rajoy no fue al debate a cuatro porque no había una sola encuesta que predijera que su inmediato competidor (el PSOE) podía arrebatarle la victoria en las elecciones generales, quizás debería plantearse regresar a Doñaña, apostando por Sáenz de Santamaría, curtida en el debate parlamentario y favorita en las encuestas de cara a la sucesión de Rajoy, o por el televisivo Pablo Casado.

No obstante, es muy probable que Rajoy vaya al debate, y no porque sea lo que más le conviene, sino por la presión de los cuadros del partido. Como evidencian las palabras de Aguirre, estos cada vez toleran menos el silencio de su Presidente.

Finalmente, podemos debatir si Aguirre se equivoca al apuntar que el declive del PP no sólo se debe a los escándalos de corrupción, sino a la política de (in)comunicación de su líder, pero no hay ninguna duda que se equivoca al decir que su partido no tiene relato.

Precisamente, el PP tiene el relato más poderoso de todos (ya sea cierto o no); el del un gobierno que, tras aplicar medicina amarga, sacó a España de la UCI y ahora vela por su recuperación completa.

Ni el PSOE, ni Podemos, ni Ciudadanos tienen un relato comparable.

Quizás sólo los nacionalistas catalanes.

 

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