Sorpasso y tercera vía

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[dropcap]H[/dropcap]abida cuenta de la inevitabilidad de unas segundas elecciones cuya celebración marca el día 26 de junio en rojo sobre el calendario, cabría plantearse la posibilidad de múltiples escenarios a cuál más plausible y probable. En un símil de resultados, pudiera ser entonces que el recuento final de escaños volviese a brindar al PSOE la clave de gobierno. En un contexto así, existen dos vías ampliamente exploradas ya por los medios. La gran coalición integrada por PP+PSOE y Ciudadanos como actor mediador, pero no indispensable. Y el gobierno a la valenciana conformado por las fuerzas de izquierda (Podemos+IU, y sus confluencias), el centro-izquierda representado por el PSOE y, en caso de necesidad, la incorporación de alguna fuerza nacionalista (PNV, ERC, DyL…).

No obstante, podría darse la posibilidad de un tercer escenario bajo el cual un Partido Socialista como tercera fuerza, sorpasso mediante y tornando hacia la moderación ideológica, auspiciase la formación de un ejecutivo de centro-derecha con un apoyo más o menos tácito. Apelando a la terminología de los propios, acertaremos a denominar esta suposición como el pacto de la tercera vía.

Asumamos pues un escenario en el cual se produzca el célebre sorpasso de PODEMOS+IU sobre el PSOE. En tal caso y como tercera fuerza, los socialistas poseen la llave de gobierno una vez más, abriéndose de este modo tres posibilidades: un apoyo a Podemos+IU y sus confluencias, una apuesta por la gran coalición (entrando a gobernar) o un laissez faire a PP+Cs para preservar su identidad en la oposición (tercera vía).

Si asumimos que Pedro Sánchez alcanza unos resultados que le permitan salvaguardar su posición y continúa después del 26-J, sus intenciones probablemente irán hacia la convergencia con la izquierda (gobierno a la valenciana) teniendo que lidiar con la oposición de ala más moderada del partido. Si por la contra unos malos resultados sirven para situarle como chivo expiatorio y propiciar la convocatoria de una Congreso Federal extraordinario, entonces es presumible que este sector más moderado encabezado por Susana Díaz pase a ocupar la Secretaría General abogando por un acercamiento a la derecha (gran coalición). Y en un tercer caso, con o sin Sánchez, aunque siendo un escenario más propicio sin su presencia, podríamos contemplar la posibilidad de una abstención o voto a favor de un ejecutivo encabezado por el PP y auspiciado por Ciudadanos (tercera vía).

De las tres opciones, para el PSOE la más mala se antoja ir hacia la coalición con los de Podemos+IU, puesto que pasarían a arrebatarle su espacio dentro del espectro de la izquierda con el riesgo de fagocitar a la formación, acaparar su electorado e imprimir el desgaste que supone entrar en un gobierno conjunto de múltiples actores e intereses contrapuestos. Si bien en el corto plazo supone la entrada a gobernar y el contacto con el poder, hacerlo como segundo actor entraña serios riesgos para la viabilidad futura de la formación tanto en el medio como en el largo plazo. Esto presuponiendo que la aritmética no propiciase la necesidad de apoyo en los nacionalistas. De tener que buscar además el pacto con el PNV, ERC o DyL, el coste se presume mucho mayor.

Converger en una gran coalición con la derecha es una opción algo mejor a efectos de la viabilidad del partido, pero no del todo buena. Asumiremos aquí una situación bajo la cual se repite el panorama electoral actual, donde la suma de populares y ciudadanos no alcanza mayoría absoluta. En tal caso, un PP como lista más votada se mostraría ahora más propicio a negociar tras una segunda vuelta marcada por su rotunda negativa al entendimiento. La mediación de un tan pragmático como necesitado Ciudadanos serviría de nexo para acercar posturas. Paralelamente, serviría como revulsivo el tratar de evitar hacer más concesiones a los nacionalistas (PNV).

Sin embargo, entrar en una alianza de tal dimensión implicaría la oposición de una buena parte de las bases (escoradas a la izquierda respecto de la dirección) y del electorado más progresista, que no entenderían el viraje y la alianza con el que se identifica como adversario natural. Por otro lado, no debemos tampoco obviar el desgaste que supondría a la larga un gobierno a dos o tres bandas, y a la corta, teniendo que realizar algunas cesiones que serían vistas por algunos como inasumibles. Este segundo escenario conllevaría además casi con total seguridad la marcha de Pedro Sánchez y la búsqueda de un nuevo líder más moderado de forma previa a la apertura, con carácter extraordinario, del Congreso Federal. Si bien hemos visto como Susana Díaz dejaba abierta la posibilidad a presentarse a la Secretaría General, no parece que vaya más allá del tacticismo a fin de marcar terreno y distancias frente a la actual dirección.  Venir a encabezar a un PSOE en una posición tan endeble como es ser tercera fuerza con no más de 90 escaños al tiempo que mantiene varios frentes abiertos en Andalucía, hace pensar que la varonesa pudiera tratar de colocar a algún afín a su órbita toda vez que ella valoraría como muy arriesgado dar el paso.

La tercera vía que introducíamos al comienzo ha sido poco contemplada aún. Siguiendo la misma, el PSOE no se uniría en una alianza de gobierno con la derecha y el centro, pero sí se abstendría o votaría a favor en un proceso de investidura para posibilitar un gobierno de PP+CS. De esta manera estaría dando un apoyo más o menos explícito al predisponer la formación de un ejecutivo de centro-derecha a cambio de algunas importantes concesiones a favor. Con el fin de preservar su marca e identidad, en tal caso se iría a disputarle la oposición a Podemos, tratando de marcar las diferencias y buscando otra vez la hegemonía en la izquierda. Al mismo tiempo, no tendría que asumir el desgaste de gobernar y ceder en coalición (ni con los de Podemos, ni con PP+Cs), pudiendo adoptar una posición crítica respecto de las políticas emprendidas por los mismos e incluso agitando el fantasma de la moción de censura. Presumiendo efervescencia coyuntural de unos podemitas nacidos en el caldo de cultivo de la crisis, de mejorar progresivamente la economía a lo largo de la legislatura los apoyos para estos se irían reduciendo progresivamente, y en paralelo, aquellos más hastiados volverían a posiciones moderadas. Los antiguos votantes del PSOE retornando a casa.

Dado que en ninguna de las posibles coaliciones la formación tendría la posición de fuerza, nos resulta la opción más interesante para salvaguardar los intereses del PSOE en el medio y largo plazo: obtener algunas significativas cesiones a cambio del apoyo, hacer oposición ideológica a un PP en el gobierno, disputar la hegemonía de la izquierda a Podemos e IU, conservar la marca, recuperar a su electorado con la mejora de los tiempos y afianzar un nuevo liderazgo más fuerte a nivel interno que propiciase la cohesión del partido de cara a próximos comicios. No obstante, bajo esta tercera vía, los socialistas tendrían que asumir el coste inmediato de no tocar poder. Algo que está en la genética misma de un partido político. Al menos en España.

 

1 Comentario

  1. Un sinsentido: dices que “De las tres opciones, para el PSOE la más mala se antoja ir hacia la coalición con los de Podemos+IU, puesto que pasarían a arrebatarle su espacio dentro del espectro de la izquierda”
    Porque claro, dejar gobernar al PP despues de pasarte 7 meses diciendo que eres el auténtico rival del pp, que con el pp no vas ni a la vuelta de la esquina, que la única alternativa a que gobierne el PP es votar PSOE, etc, etc, etc. no va a hacer que UP le arrebate su espacio en la izquierda, por supuesto….

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