Dos veces con la misma piedra

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[dropcap]A[/dropcap]nte la más que evidente recuperación del sector inmobiliario, no debemos dejar de lado que es precisamente por la derivación de consecuencias del estallido de la burbuja inmobiliaria por la que pasamos una etapa de recesión económica desde finales de 2007, principios de 2008.

Todo ello motivado por la deceleración en la primavera de 2007 del mercado de la vivienda en Estados Unidos, ¡las famosas hipotecas subprime! Si bien existían precedentes de grandes crisis económicas, ésta supuso un gran azote, atrás quedaron la Gran Depresión de los años 30 y la crisis asiática de los años 90.

Y bien, la demanda de viviendas sufrió una fuerte caída, lo que produjo un efecto dominó en bancos de inversiones e instituciones financieras, de Bearn Stears  a Lehman Brothers.  Pero era evidente que no se podía dejar caer a Estados Unidos, recordemos que otras potencias como China ostentan gran parte de la deuda estadounidense.

Pero, ¿cuál es el germen del problema? Básicamente la desregulación financiera que se sucedió desde ejecutivos como el de Reagan, le dieron a las entidades financieras un papel sin precedentes, convirtiéndolas en un gran “Leviatán” si se me permite hacer analogía con el “monstruoso” Estado del que hablaba Hobbes. Y aquí, y tras la intervención del Estado en la cuestión, parece caer el paradigma neoliberal inspirado bajo predisposiciones anteriores de la época en la que Adam Smith optaba por un Estado Liberal Mínimo donde el mercado obtuviera un papel protagonista en la asignación y distribución de recursos. Pero ese “laissez faire” se hundió como el Titanic y Leonardo Di Caprio, nuestro mercado, no pudo hacer absolutamente nada. Y es que tal y como expone Musgrave, el mercado presentará una serie de fallos por los cuales resulta necesario una intervención económica del Sector Público.

Una vez analizado el contexto generador, es necesario inmiscuirse en el caso español. En nuestro país se adquirieron más viviendas que en Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia juntas, datos reveladores, sin duda. Pero aquí no queremos hallar sólo los resultados, sino las causas del problema.

Recordemos que en 1999 pasamos de la peseta al euro, lo cual nos llevaría también a presentar una burbuja de carácter monetario y crediticio. Esto es así porque pasamos de créditos a 10 años y al 5% de interés a poder obtener con una facilidad pasmosa una financiación bastante “golosa”, a 30 años y el 3%. Todo ello favorecido por el Banco Central Europeo. De esta forma, se alejan de los ciudadanos todas las expectativas que podían existir en torno a las cuales se podría optar por el ahorro, y se dispara la demanda y el consumo de bienes inmobiliarios. El problema llegaría cuando se cortara la financiación exterior de la que España es dependiente de manera continuada. Por dar algún dato, obsérvense las cifras de población en situación de alquiler en Europa:

alquiler

Aunque en este punto habría que sumar a las variables económicas, una serie de cuestiones de materia sociológica, a todos desde pequeños nos han creado una forma de vivir en torno a la compra de una casa, crear una familia…

Siguiendo con la cuestión, la burbuja inicial, se trasladó a la Administración en forma de burbuja fiscal. El Sector Público no dejaba de ingresar a través de actividades directas ligadas a la construcción (Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, licencias, Impuesto de Construcciones, instalaciones y obras, actos jurídicos documentados…) y de forma indirecta a través de cotizaciones a la Seguridad Social y el IRPF, recordemos que alrededor de 2 millones de personas estaban empleadas en el sector.

De tal forma que la Administración amoldó sus gastos a una situación que era excepcional, lo que lleva a la palabra tabú “déficit”, con sus consecuencias funestas al estallar la burbuja, la Administración deja de recaudar, el paro aumenta de manera desorbitada y esos 2 millones de empleados son difícilmente reinsertables en el mundo laboral.

Por eso señores, aquí es clave como en el mundo de la inversión, la diversificación, al igual que un buen inversor no debe apostar todo su dinero al “rojo o al negro en la ruleta”, un país no debe sostener todo su sistema de crecimiento económico en torno a un sector, de ahí que debamos mirar a otros países industrializados que optan por la investigación y desarrollo para luego exportar sus productos y obtener resultados favorables en la balanza de pagos.

Es evidente que el pilar sobre el que descansa la prosperidad de cualquier país es la educación, por eso debemos optar por dejar de lado la exportación de “cerebros” en los que hemos invertido para que los disfruten otros países a coste cero. El resultado es obvio que no se va a producir a corto plazo, como esperan los gobiernos para que vuelvan a ser reelegidos en los siguientes comicios electorales, pero a largo plazo darán mayores beneficios.

¡No nos topemos dos veces con la misma piedra!