En los Campos Elíseos, en una biblioteca kilométrica, dos filósofos discuten sobre la definición de retórica. Uno de ellos, conocido como Platón, sostiene que la adquisición de una buena oratoria significa “ganarse la voluntad humana a través de la palabra”, el otro hombre, con nombre Aristóteles, replica que no es exactamente eso sino “la capacidad de, llegado el caso, elegir según las circunstancias el método más adecuado con el fin de convencer al contrario”. De pronto, una nube en forma de diccionario hace caer una hoja, firmada por una tal RAE, donde especifica lo siguiente: arte de hablar con elocuencia.

En efecto, en la época de la civilización griega disponer de una buena comunicación oral suponía uno de los pilares de la erudición y, a pesar de que lejos nos quedan esos años, la oratoria sigue siendo una aptitud altamente necesaria: los medios de comunicación se han universalizado gracias a internet, el uso de las Redes Sociales como una opción de marketing o, incluso, la disposición de youtube para expandir conocimientos han aumentado la importancia de esta disciplina.

Además de estos ejemplos, existen otras situaciones, con cierta cotidianidad, donde es primordial el dominio del arte de hablar, puede ser un acto informativo, una ocasión especial como una despedida o un ejercicio de convicción. En este artículo, me detendré en proporcionar ciertos consejos, que obtengo en mis estudios universitarios y en lecturas especializadas, para una correcta comunicación durante una exposición informativa.

1Elegir el tema: Parece algo obvio, pero, cuando no tenemos un tema previamente establecido, utilizamos mucho tiempo en la elección de este. Lo recomendable es, por supuesto, escoger uno con el que estemos familiarizados, pues nos resultará más fácil desenvolvernos en nuestra labor.

2. Preparación del discurso: Según estudios alemanes, debemos tener en cuenta cuatro pasos.
Primero, tendremos presente qué clase de público será nuestra audiencia, así como su grado de conocimiento en el tema. Después, estableceremos el objetivo último del acto. “¿Qué quiero transmitir?” En tercer lugar, prepararemos dos listas de información. La primera, con las ideas principales y la segunda, con las secundarias y, por último, nos implicaremos en elaborar un buen comienzo y un buen final, ya que constituyen los ejes de la captación de interés.

3. RedacciónDespués de recaudar información, elaboraremos la redacción con todas nuestras ideas e informaciones. Como las humanidades no pertenecen a las ciencias exactas, no existe una fórmula matemática para determinar la elaboración de escritos. Lo que sí puedo recomendar, como he dicho en otro de mis artículos, es la lectura como la mejor profesora de redacción y consultar ciertos manuales que nos ayudan (también citados en otro articulo de esta misma sección)

Ya tenemos nuestro discurso elaborado.¿Ahora qué?

Cuando terminemos de redactar nuestra información, debemos aprenderlo. Con esto no quiero decir “memorizar todas y cada una de las palabras”. No. Eso ya no vale. Así que, lo estudiaremos de forma en la que los conceptos e ideas serán asimilados.

El tono que emplearemos será conversacional para, así, hablar “con el público” y no “al público”. Ni melódico, que aburra a la audiencia ni en “modo discoteca”.

De forma paralela, las pausas ayudarán a la trasmisión del mensaje. Con ellas, se enfatiza información y se resta importancia a otra. Por ejemplo, si pronunciamos “millones de sirios sufrieron atentados cada día” con una pausa entre “millones” y “de sirios”, remarcamos la cantidad (millones). Por el contrario, si la pausa se encuentra entre “atentados” y “cada día”, el foco lo dirigimos a la última parte de la frase.

Nuestra apariencia la elegiremos más formal o menos dependiendo de la seriedad del tema que trataremos. La complementaremos, además, con gestos que apoyen nuestra información junto a una postura correcta.
Corríjete a ti mismo si, durante la exposición, se equivoca. No es aconsejable realizar un alarde de la equivocación (mediante la risa o movimientos de ojos y manos), pero sí disponemos de recursos que dotarán de naturalidad a nuestra comunicación: “lo que antes no he dicho, pero tiene igual importancia es…” / “antes de pasar al siguiente punto, no me gustaría olvidar…”/ “Perdonen, lo que realmente quería decir…”

Para terminar, la retroalimentación del público te guiará en el desarrollo de la presentación. Si percibimos inquietud, movimientos continuos en la silla, etc algo marcha mal, pues no conseguimos su atención. Por eso es tan importante tener contacto visual con nuestra audiencia.

De la misma forma que cuidamos nuestros power point o plataformas digitales en una prueba oral, la comunicación supone el eje central del éxito.

 


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