[dropcap type=”2″]S[/dropcap]i alguien pensaba que la democracia tenía alguna opción de doblegar al Euroreich en la batalla griega, se equivocaba profundamente. Ni siquiera hubo opciones, aunque algunos soñamos que sí. Lo que nos está dejando claro el mecanismo del Euro es que las ideologías no han muerto, sino que solo existe una hegemónica: el neoliberalismo. Ahora empezamos a darnos cuenta de que no es la economía, sino la voluntad política de inaugurar un nuevo mundo en Europa donde las democracias estén vacías de contenido y Alemania, con la colaboración de los mercados, imponga un modelo social y económico donde la desigualdad, la desesperanza y la precariedad sean las cadenas irreversibles que condicionen a la mayor parte de una población anestesiada y a una clase política paralizada por el chantaje permanente de ser expulsados del club selecto si osan protestar y defender la libertad y la dignidad de sus países.

Igual que hace pocos días se rememoraba la Toma de la Bastilla, como símbolo histórico que cambió el mundo conocido hasta entonces, los delitos cometidos contra el pueblo griego por parte de la Troika y los colaboradores necesarios que se quedan en las sombras o en la “centralidad” europeísta, marcarán un punto de inflexión en la historia de la misma manera que lo marcó la caída del muro de Berlín. Entonces fue la derrota definitiva del comunismo como amenaza al orden capitalista. Mientras existió la opción de la URSS, las democracias occidentales asumieron la necesidad de crear un estado de bienestar para sus ciudadanos donde la socialdemocracia asumió un papel determinante y protagonista. Podría decirse incluso que algunos partidos conservadores aceptaron las bases de estas políticas sociales, como amargamente se quejó Margaret Thatcher. Ya desde finales de los 70 este modelo socialdemócrata empezó a tambalearse y entró en una fase crítica tras el 89. Ahora, con la sumisión del gobierno griego al chantaje del Eurogrupo pisoteando el mandato doble de su propio pueblo, estamos al borde de aceptar que la vía socialista en Europa ha muerto, porque sencillamente ha dejado de existir.

Algunos dirán que los partidos socialistas europeos proponen políticas y modelos de sociedad muy distintos a los implantados por la derecha. Y posiblemente existan diferencias de grados, porque en realidad en Francia el socialismo está sentenciado; en Alemania gobiernan junto a Merkel; en Italia no existe; en Holanda sirven al neoliberalismo; en los países Nórdicos se han dedicado a apoyar el castigo a Grecia. Y ya, si hablamos de nuestro país, no sabríamos exactamente qué decir. No existe un relato europeo coherente, y lo que es peor: lo más parecido a “coherente” es un apoyo a la línea neoliberal con algunos arranques de conciencia, como el enviar ayuda humanitaria a los griegos después de apoyar su condena a sobrevivir como súbditos de la deuda y no como ciudadanos plenos con derecho a luchar por su futuro y su felicidad.

Tengo la sensación de que algunos ignoran lo que nos estamos jugando realmente o, directamente, solo piensan qué posición les resulta más rentable de cara a las elecciones de noviembre. Cuando un pueblo, como el griego, lleva al gobierno a Syriza, con un claro mandato, y luego le respalda con un 61% en un referéndum directo, ¿cómo se puede pensar que la humillación y la rendición de Tsipras no es un golpe de estado directo contra la democracia más básica, elemental y pura? Hablamos de que Alemania le ha obligado a privatizar el país y dejar esos activos en manos de Europa, por mucho que hayan aceptado finalmente que la sede de este “banco de activos griegos” permanezca en Atenas.

Presumir que se ha conseguido que Grecia siga en el Euro es un ejercicio de impotencia política y de estafa democrática que no admite matices. Aquí los líderes europeos de derechas y del socialismo se han dedicado a salvar al Euro sin importarles los griegos y el futuro de millones de europeos si seguimos caminando por esta senda de austeridad y chantaje de los mercados.

Es cierto que ahora mismo Tsipras solo tiene una salida: dimitir y convocar elecciones. Por mucho que lo intente, no tiene legitimidad para seguir. Si yo fuese él, y quisiera irme con dignidad, pediría perdón al pueblo griego y encargaría a mi partido trabajar en una propuesta de salida del Euro para presentarla a los ciudadanos. Varoufakis es, actualmente, el mejor político para defender otro camino en Europa. Pero, si no hay alternativa al Euroreich, quizás salir de él sea lo mejor a largo plazo. Tsipras no puede compararse, bajo ningún concepto, con Rajoy pero desde que sucumbió al chantaje alemán cada día tiene más cara de Zapatero.

 


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