[dropcap type=”2″]D[/dropcap]esde el inicio de la actual legislatura en noviembre de 2011 han pasado casi cuatro años en los que el Partido Popular ha tenido que lidiar con una dura crisis económica como hacía mucho tiempo no se recordaba. En su discurso, es precisamente el argumento de lo económico uno de sus principales activos de cara a la batalla electoral que se avecina en otoño. Lo cierto es que durante los últimos meses la estrategia del Gobierno ha mutado desde una posición contenida, incluso tendiente al pesimismo, hacia un nuevo escenario donde se tiende de forma recurrente a echar las campanas al vuelo. No sin obviar, por supuesto, la férrea defensa de los avances alcanzados y la puesta en relieve de una amenaza latente de perder todo lo caminado en un tan drástico como predecible giro de las tornas en noviembre.

Pero más allá de lo que afirme y opine el partido en el gobierno, o de que la economía haya efectivamente mejorado, o no, según para quién… ¿Habrá cambiado para las familias españolas la percepción de la situación económica a lo largo de la legislatura? En el gráfico que muestro a continuación trato de dar respuesta a la anterior pregunta. Como podréis ver, se trata de una representación de la tendencia evolutiva de la percepción de la situación económica de las familias en España, respecto de los anteriores seis meses en el momento de la encuesta (CIS).

Economía_FamiliaCIS

A la luz de los datos, resulta evidente que el pesimismo ha calado hondo en la sociedad española, pero lo hace con una intensidad cada vez menor. Y es que los españoles que valoran la situación económica familiar como peor han venido descendiendo desde el año 2012, momento en el cual tras una leve recuperación del PIB, el país volvía a entrar en recesión. No obstante, observaremos como ya desde 2013 esta opinión ha caído a la par que crecían los valores macroeconómicos. Reflejo de lo anterior que se constata al poner el punto de mira en los meses finales del año doce, cuando un 60% de los encuestados por el CIS percibían la situación familiar como “peor”. Pero al situarnos en junio de este mismo año, veremos como la cifra se ha reducido a más de la mitad, rondando a la baja el 30%.

Sin embargo, el transvase de opiniones negativas no se produce hacia una percepción positiva generalizada. De hecho, observamos como a lo largo de los últimos cuatro años los encuestados que dicen no ver “mejor” la situación económica de sus familias se han mantenido en porcentajes inferiores al 10%. Esto hasta hace unos pocos meses, cuando a principios de 2015 se sobrepasaba la cifra. Advertimos por lo tanto, que el optimismo aún no ha logrado asentarse entre los españoles, aun cuando bien es cierto que la tendencia va hacia un acrecentamiento, anémico, desde 2012.

A donde sí parece haberse trasladado la opinión es hacia una percepción de estancamiento en lo económico, donde las repuestas que afirman constatar como “igual” la situación familiar han crecido de modo inversamente proporcional a los “peor”. Una tendencia esta última que vuelve a situar su punto de inflexión en la recesión de 2012, momento a partir del cual crecerá más de una tercera parte (desde poco más del 35%  hasta casi el 60% actual).

Si bien el descenso del pesimismo de los españoles en cuanto a la situación económica de sus propias familias pudiera beneficiar al Partido Popular de cara a los comicios generales, todo parece indicar que, de modo paralelo, el optimismo debería haber calado mucho más hondo. Desde luego, el panorama no parece que vaya para nada en consonancia con el entusiasmo mantenido por el gobierno durante los últimos meses. No obstante, la mayor parte de la sociedad se mantiene en el estatismo. Las cosas siguen igual afirman los ciudadanos; ni parecen mejorar, pero tampoco empeoran. Y puede ser aquí donde se decante la balanza, en ese cada vez más creciente cúmulo de familias que se mantienen indecisas.

En todo caso y como la oposición desde uno y otro frente se ha esforzado en matizar, la economía y más concretamente, la percepción sobre la misma, no lo es todo. Existen una multitud de condicionantes que pueden decantar el voto hasta el último momento. Eso sí, de todos ellos, nadie negará, el dinero resulta el más importante.

 


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