Critica a los bolivarianos y no mires con quién

0
123

[dropcap]C[/dropcap]hávez, Maduro, Morales, Correa, Kirchner… Enemigos perversísimos de los valores que simbolizan las potencias del capitalismo global, o eso dicen nuestros portavoces oficiales. Encarnan aquéllos la revolución bolivariana, a un tiempo causa y efecto de la marea rosada, la extensión de la Nueva Izquierda latinoamericana que cubrió gran parte de la región durante la primera década del siglo XXI. La marea entrelaza varias corrientes tachadas –y con razón- de populismo y polarización en sus respectivas poblaciones. Estos gobiernos han sustituido una comprensible estatización de los resortes estratégicos por la expropiación arbitraria; una lógica cobertura que proteja a las clases más vulnerables por un asistencialismo patológico; o el fortalecimiento de su tejido productivo por el “capitalismo de amigos”, como lo define Carlos Malamud.

Escribo el párrafo anterior para que nadie me juzgue prochavista por lo que voy a exponer a continuación. Parece que la lógica del amigo-enemigo no sólo la gastan los “malvados bolivarianos”; la encontramos, y muy a menudo, por cierto, entre quienes se autoproclaman demócratas de toda la vida. El juego eterno de incrustar espigas y vigas dentro de las cuencas oculares ajenas y propias.

Con la eclosión de Podemos, nuestros medios de comunicación vienen a recordarnos lo malísimos que son los bolivarianos. Su supuesta maleficencia la adjudican instantáneamente a la formación liderada por Pablo Iglesias. “¡Nos convertirán en Venezuela, en Cuba!”, chillan. No dejan de repetir “¡Comunistas!” “¡Dictadores!”. Incluso cierta condesa, grande del Reino, llegó a nombrarles herederos de Goebbels, y se quedó tan pancha, la señora. El enemigo, tanto nativo como foráneo, ha sido señalado y bien señalado.

Una enemistad que viene de lejos. Como afirma Guillermo de la Dehesa, las compañías españolas han sido las principales inversoras extranjeras en el subcontinente. Bueno, la palabra inversión puede llamar a equívocos. Nada de ayuda ad honorem, cada centavo sería retornado con pingües beneficios… E intereses. Una relación en la que primó la prepotencia española. Las expediciones comerciales ibéricas se comportaban cual regreso de Cortés, Jiménez de Quesada o Ponce de León, desaprovechando la grandísima oportunidad de consolidar a España como el interlocutor necesario de Europa en Latinoamérica. “Puestos a buscar amos, siempre podemos hallar mejores postores”, pensaron los latinoamericanos. Al sumar esta soberbia hispana con el nacionalismo tan gregario y bastante trasnochado de la marea rosada, nos topamos con esos episodios de expulsión empresarial, híper dramatizados por ambas partes, que tanta tinta han hecho correr.

El pasado 5 de marzo se cumplieron dos años de la muerte de Hugo Chávez. Ese día, el telediario nocturno de TVE avanzó parte de la entrevista hecha al ex presidente colombiano, y actual senador, Álvaro Uribe. Un encuentro, a mi entender, en el cual el periodista fue terriblemente condescendiente, por no decir lisonjero, con el personaje que tenía entre manos. Por ejemplo, comienza afirmando: “Señor don Álvaro Uribe, ¡sobran las presentaciones!”. El entrevistador le permitió explayarse, enunciar su oratoria propagandística; la primera regla de toda entrevista, esta plataforma nunca ha de servir como propaganda partidista. Uribe, a su libre albedrío, tilda de “dictadura” a la Venezuela chavista, a la vez que ataca al actual jefe del ejecutivo colombiano y delfín suyo, Juan Manuel Santos –el corresponsal pregunta a su entrevistado si “se siente traicionado” por Santos.

El periodista pasa de puntillas por las sombras de Uribe, que son demasiadas. Existen denuncias apostilladas con informes de la DEA y la CIA que relacionan al antiguo mandatario con el Cartel de Medellín, como protegido del mismísimo Pablo Escobar. Asimismo se le relaciona, presuntamente, con paramilitares de extrema derecha, acusándosele de haber incorporado a sus antiguos combatientes dentro de la administración estatal –la “parapolítica”-, además de amparar su legalización en la figura de las Cooperativas de Vigilancia Rural (Convivir). Hoy, Uribe está siendo investigado, además, por terrorismo de Estado en el caso de los “falsos positivos”, esto es, el asesinato de inocentes plasmados como bajas insurgente. The Economist advirtió su preocupación por la autocracia de la era uribista, su concentración de poder y su deseo de permanecer en el cargo ad infinitum. Diversas ONG –destaca Human Rights Watch- han mostrado su inquietud por el déficit que sufrieron los Derechos Humanos en Colombia a lo largo de su mandato. Otro caso célebre fue el de las “chuzadas del DAS”, esto es, el uso de los servicios secretos para espiar a altos cargos y personajes públicos opositores.

Tan tenebrosa personalidad no me parece el interlocutor más valido para amonestar al gabinete Maduro. Y sin embargo, en España ha recibido elogios y hasta galardones como defensor exquisito de la democracia en América Latina. Por cierto, de manos de la aristocrática que designó de hitlerianos a Iglesias y os suyos. Pero, en fin, como demostró el ciberactivismo a poco de empezar la guerra civil en Libia, los escrúpulos resultan un lastre excesivamente caro. En su lugar, ponemos a un dechado de cuánto aberramos para censurar a otros tantos, igual de réprobos. Clara moraleja la que desprende nuestro establishment, amig@s: critica a los bolivarianos y no mires con quién.

 

[box type=”shadow” align=”aligncenter” class=”” width=””]¿Te ha gustado el artículo? Colabora con nosotros y haz tu aportación a través de Dropcoin.

[/box]