Del Senado: involución, revolución, abolición.

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[dropcap]E[/dropcap]l Senado es, muy probablemente, uno de los proyectos constitucionales peor esbozados en los albores de la Transición. Y lo es porque no cumple con su planteamiento original al tiempo que se vuelve disfuncional y poco relevante. La Cámara Alta fue diseñada como un organismo de representación territorial, más de las antiguas provincias que de las modernas comunidades autónomas. En consecuencia, la función de representatividad regional del Senado fue ya desde sus inicios, deviniendo en obsoleta. Sin embargo, en sus principios la cámara también fue constituida albergando otro objetivo; el de servir de institución de reflexión para el Congreso, de modo que pudiese enmendar o vetar las iniciativas legislativas emitidas por éste. Pero en el presente tal función vuelve a resultar, otra vez, obsoleta.

De acuerdo con su dinámica actual, el Senado es una cámara excesivamente subordinada al Congreso. La Cámara Alta reitera la composición partidista de la Cámara Baja y sus posibilidades de contrarrestarla son casi nulas. Cuando existe consenso entre ambas cámaras, esto es, casi siempre; entonces el Senado se vuelve del todo prescindible. Si se produce una contraposición entre las mismas, casi nunca debido a su similar composición, entonces se vuelve irrelevante. Ello debido a que, aunque puede emitir un veto a una iniciativa del Congreso, será éste quien tenga la última palabra al poder levantarlo con una mayoría absoluta.

Por otro lado, la Cámara Alta se sitúa todo lo lejos de conferir representatividad a las regiones de España. A parte del ya citado diseño inicial encaminado a la representación de provincias y no de CC.AA; sufre una acusada carencia de elementos que permitan armonizar tal aspiración. En el Senado, las autonomías apenas tienen voz y aquí no se tratan los temas que directamente les afectan. Además, resulta paradójica su composición. Si bien la idea constitutiva se encaminaba a la elección de representantes (senadores) de las regiones de España, provenientes y electos en las mismas; la realidad actual nos muestra una Cámara Alta conformada, en su inmensa mayoría, por componentes designados por los propios partidos. Para alcanzar una mayor funcionalidad representativa, lo primero sería cambiar la forma de elección de los senadores; es decir, que resultasen elegidos en las elecciones autonómicas y no en las generales.

Si revisamos la esfera internacional, nos encontramos con diferentes casos en los que, o bien la representatividad de las regiones se alcanza mediante instituciones diferentes al Senado; o bien su planteamiento se encamina exclusivamente a ser una cámara de réplica al Congreso. Y existen otros casos, sobre todo bajo un modelo mixto, en los que el fracaso en sus aspiraciones iniciales ha suscitado el debate en cuanto a su reforma o supresión.

Un exponente del primero de los anteriores casos podría ser el EE.UU; país donde la representatividad de los estados federales es canalizada por organizaciones intergubernamentales que desde Washington, se encargan de conciliar sus intereses con los del estado central. El escenario alemán, sería sinónimo del segundo caso; un país donde el sistema electoral propicia una composición muy dispar entre la Cámara Alta y Baja. En consecuencia, el Senado suele estar en manos de la oposición que lo utiliza como herramienta de “contra gobierno”. Y en el último de los casos, tendríamos a un buen número de países tendientes a un modelo híbrido (institución reflexiva+órgano de representación territorial), que a causa de la obsolescencia de sus senados los han suprimido (Dinamarca, Suecia o Croacia), o han planteado profundas reformas de los mismos (Italia el caso más reciente).

En nuestro país el Senado se encuentra ante la tercera de las situaciones expuestas: dirimiéndose entre el inmovilismo y la persistencia de un modelo infructuoso, y entre una  reforma del sistema actual o la que se cree, más sencilla supresión de la cámara.

La reforma implicaría un amplio consenso de las fuerzas políticas en primer lugar y, seguidamente, una modificación de la Constitución que permitiese albergar los cambios planteados. Trascendental sería entonces conferir más peso político al Senado, de forma que pudiese ejercer una labor efectiva no tan excesivamente subordinada al Congreso. Al mismo tiempo, conferir una mayor capacidad de representación territorial a la Cámara Alta; de forma que la elección de sus representantes fuese por vía elecciones autonómicas, en tanto que los senadores no resultasen designados por los partidos ante los comicios estales. Para ello entonces, deberían reformularse las circunscripciones electorales: pasando de provinciales a autonómicas.

Si bien una reforma implica la percepción de un proceso más costoso, tanto en términos económicos como políticos, y que pasaría necesariamente por dotar de mayor poder al Senado; lo cierto es que su supresión suscitaría igualmente la necesidad de un consenso político difícil de alcanzar y una modificación de la Constitución. Reforma o supresión, lo que resulta meridianamente claro es que el inmovilismo pasa por ser la postura más cómoda. Pero ojo, otra vez, no la menos onerosa.

Involución, revolución o abolición; el debate está servido.

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2 Comentarios

  1. Hola! Acabo de leer este artículo que has escrito. Decirte que me ha gustado mucho y me gustaría que aconsejases cómo podría llegar a poder escribir tan bien como tú. El texto está muy elaborado y con un lenguaje culto. Muchas gracias y un saludo cordial.

    • Hola, Uxía

      En primer lugar, muchas gracias por tu opinión, pues sea positiva (como es el caso) o en negativo, siempre aportan.
      En segundo lugar, además de que aún me falta mucho por pulir en mi escritura, no sabría muy bien qué consejos darte. Unos dirán que la clave es leer mucho (sin duda es importante), otros que lo es la práctica continuada (tampoco lo dudo), otros que tal vez lo sea el esquematizar contenidos de modo previo a la redacción (yo también lo hago), y otros más que lo primordial es la claridad del mensaje.
      Sin embargo, dos cosas creo, están claras: escribir ha de gustarte muy mucho, y deberás, como en todo en la vida, ser tu misma.

      Un saludo y gracias por leer PoliticAhora.es!

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