Si hay un tema que no deja de aparecer cada vez que llega el frío a España es el de la llamada ‘pobreza energética’, esto es, “cuando un hogar es incapaz de pagar una cantidad de servicios de la energía suficiente para la satisfacción de sus necesidades domésticas y/o cuando se ve obligado a destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar la factura energética de su vivienda[1].

Sin duda alguna este es un tema propicio para la demagogia y las mentiras de muchos actores políticos y sociales de nuestro país. Desde la confusión de las causas hasta las recetas para intentar solucionar el problema.

Una de las falacias más extendidas a la hora de hablar del mercado eléctrico es que es un sector liberalizado; a la vez que se dice que estamos ante un oligopolio. Liberalizado en el sentido de que se puede elegir empresa eléctrica, comercializadora y distribuidora, pero realmente no estamos ante un sector liberalizado, puesto que el precio soporta altas cargas que no se corresponde con el precio de mercado, sino que tiene que ver con decisiones políticas, como son los impuestos y las subvenciones que inflan la factura.

Como bien señala @Absolutexe, de cada 100€ de facturación, apenas 45 son costes derivados de la electricidad, mientras que los 55 restantes son costes políticos, como indica el gráfico 1. Casualmente, los que más hablan de mercado “libre” y ‘pobreza energética’ suelen ser los que más callan del desglose de la factura de la luz.

Comprobar esto no es complicado. Solo hace falta coger una factura de la luz y observar la diferencia entre el precio de la electricidad (coste eléctrico) y el precio derivado de los costes políticos (impuestos, subvenciones, etc.). Por ejemplo, hace unos días vi una fotografía en una red social de una factura real de luz, cuyo desglose coincide con el gráfico 2.

Como se puede observar, más del 50% de la factura corresponden a impuestos y costes regulados, aquellos que no dependen del mercado eléctrico, sino al poder político, como bien indica su nombre: impuestos y regulación.

Continuamente tenemos que soportar la demagogia de actores políticos y sociales en nuestro país sobre esto, como he dicho antes. Así, muchos no dudan en echar la culpa de un precio alto a las compañías eléctricas. Y como no, piden más intervención. Pero la solución debería venir desde el otro lado: liberalizar de verdad el mercado eléctrico. Que se pague por lo que se consume. Que se puedan utilizar mecanismos de autoabastecimiento eléctrico, como placas solares. Que no se corten las alas del progreso, que es lo que quieren algunos para poder seguir metiendo mano mediante BOE y demás reglas políticas. Que sea el mercado (es decir, oferentes y consumidores) quienes digan qué energía producir, cuánta cantidad y a qué precio y no los políticos de turno y burócratas.

Aquellos que más hablan de ‘pobreza energética’ suelen ser aquellos cuya agenda e ideario político se caracteriza por una mayor intervención pública. El sector eléctrico no iba a ser una excepción.

Si algunos no pueden pagar la factura de la luz y más de la mitad de dicha factura son costes políticos que nada tienen que ver con el consumo energético, la solución es sencilla. Ahora bien, si algunos quieren seguir con la demagogia y las mentiras de que España ya tiene un mercado eléctrico liberalizado y que la culpa del alto precio la tienen las empresas, seguirán mintiendo y orgullosos de ello. No caigamos en sus mentiras.

 

 

[1] Pobreza energética en España. Análisis de tendencias. Asociación de Ciencias Ambientales. 2014.

 

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David Muñoz Lagarejos
Graduado en Ciencia Política y Gestión Pública por la Universidad Rey Juan Carlos. Estudiante de Economía en la UNED. Columnista en La Razón. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. Por un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.

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