Rufianadas

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La tercera investidura en este último año ha sido, al fin, a la que ha ido la vencida. La segunda de Mariano Rajoy, a un suspiro de culminar la XII Legislatura. Se han escrito ríos de tinta sobre los motivos del éxito de esta investidura. Sin embargo, aparte de a un presidente del gobierno, el Congreso nos dejó ayer con alguna que otra sorpresa. Algunas de las escenas que se trazaron en la Carrera de san Jerónimo servirán de inspiración para futuras novelas de los “Episodios nacionales” de un Galdós del siglo XXI.

Ayer fue un día muy duro para muchos socialistas que no rechazaron el gobierno de Mariano Rajoy, en pos de una estabilidad nacional. Tal vez, también en pos de no ser fagocitados por Podemos en un tercer enfrentamiento electoral. Un acto admirado por unos y fuertemente criticado por otros. Al fin y al cabo, ese debate constante es la democracia. Aun así, la democracia tiene unos límites de pulcritud que nunca deberían de sobrepasarse.

La tribuna sobre la que se erigen los oradores representa la voz de la ciudadanía, que ha enviado a éstos a la sede de la soberanía popular. Algunos hacen de esta tribuna trincheras para defenderse, atalayas para acorralar o, simplemente, carnicerías para herir. Este último uso es el que le ha dado Rufián. Este graduado social —según reza en su biografía de twitter— es el portavoz adjunto de ERC. Su primera aparición durante la fallida investidura de Pedro Sánchez —rechazada, por cierto, por Iglesias y sus adláteres— le recubrió con un halo de celebridad. Si bien en marzo Rufián votó contra los socialistas, hoy les reprocha no oponerse a Rajoy. ¿Les suena?

Exacto. Misma estrategia que “el compañero Iglesias”. Pero las copias al líder morado no cesan aquí. Durante la XI Legislatura, Iglesias hizo alusión a la influencia de Felipe González citando a la “cal viva”, ante el desconcierto del escudero Errejón. Hoy también Rufián se ha olvidado de su originalidad, al jugar con la “una de cal —silencio expectante, penetrante. (Que sí, Rufián; que lo hemos pillado.)— y otra de arena”.

Pero Rufián había comenzado antes su parlamento. Ha consolidado esa aversión que padece por Ciudadanos. No se me olvida cómo les denominó en la primera investidura fallida de Rajoy. Hoy ha continuado en esa línea, saludando a “Señor Maese Rivera”. No ha tenido pudor alguno en identificar a Susana Díaz como Susana Díaz Richelieu y a Felipe González como Felipe GonzáleX. Esos motes, a mí, siempre me han parecido estúpidos a la par que irrespetuosos. Únicamente centran la atención del debate en los personalismos, y no en el contenido, como queremos acostumbrar algunos. Ya me opuse en este medio a que a Rita Maestre se le llamara Pitita; pues de igual forma me manifiesto en contra de estas burlas a Rivera, Díaz o González. Por cierto, señor Rufián: su apellido da para numerosas chanzas que, por respeto a usted, nunca emplearé.

No contento con estos preámbulos, ha apellidado al PSOE como “Iscariote”. ¿Cuál es el motivo de esta traición? ¿Que un partido socialdemócrata y de izquierdas se abstenga ante un candidato liberal-conservador de derechas? Quizás su estancia en Madrid le haya aislado un poco de lo que ha acontecido en Cataluña; pero yo se lo contaré: En Cataluña, su partido no se abstuvo para que gobernara CDC; no. En Cataluña, su tierra, su partido se unió en una coalición con CDC —sí; el partido de Pujol, del 3%, del Caso Palau, de los graves recortes que sufre Cataluña…—, apoyando al candidato de ese partido y absteniéndose de presentar batalla con una lista y un candidato propio. Acaso no sepa que sus correligionarios compartieron lista con Mas. Mientras el PSOE se dispone a hacer “oposición constructiva” a Rajoy, ERC se fusiona con un partido burgués y liberal.

Se erigió como voz de los socialistas de corazón. Mostró testimonios de supuestos votantes socialistas que recelaban de la deriva del PSOE. Estos sollozos que entonaba con un tono reposado Rufián deben ser contestados con actividad parlamentaria. Es decir, trabajando desde las instituciones. Le sonará extraño a don Gabriel Rufián, cuyo partido está inmerso en el delirio independentista, desobedeciendo los plantos de las clases más vulnerables de Cataluña. “Más gastos sociales y menos tontadas nacionales”, reivindicaba Anna, una amiga ex-votante de ERC y actual militante de ECP.

Avanzó su soflama, cada vez más incendiaria. Hizo gala de su capacidad literaria, creando antítesis sobre el PSOE. Posiblemente, fue la parte que más interesante  percibí. Mostró las contradicciones como partido. Pero… ¿no era el mismo partido rebosante de contradicciones el que podría pilotar una alternativa a Rajoy? ¿No era el mismo? ¿Tanto ha cambiado en dos meses? ¿O es que nunca hubo es alternativa, y sólo se pensaba dañar al Estado español? No lo sé.

Los minutos del reloj de Ana Pastor se consumían. La fobia que le suscita Albert Rivera y su partido no había sido saciada, y resolvió disparar también contra la formación naranja. Advirtió al PSOE de que el PP está cubierto con su marca blanca: “los cínicos naranjas y su escisión de Forocoches”. Achacaba, de esta forma, a Albert Rivera el neo-título de “cuñado”. Rivera no replicó con un “gilipollas”; pero sí lo hizo un murmullo de desaprobación. Curiosamente, ninguna de las balas fue en dirección al Partido Popular.

Finalmente, Rufián no se olvidó de la cantidad de ex-socialistas en consejos de administración, a través de las puertas giratorias. Este tema debe ser abordado con urgencia, y no merece demora alguna. Empero, sin ánimo de excusar a nadie, he de recordar a Rufián las elevadas cotas de poder que ha logrado el PSOE en estos últimos años. En comparación con los de Ferraz, ERC ha obtenido un resultado pírrico. Suficiente, eso sí, para haber tenido entre sus filas a Joan Hortalá, ex-diputado autonómico y ex-concejal y actual consejero de FECSA-ENHER. Como ve el señor Rufián, también tienen en ERC quienes se pelean por sentarse a izquierda o derecha en los consejos de administración. Y esta realidad sólo puede ser modificada mediante las leyes; y esta legislatura es una buena oportunidad para ello. A no ser que algunos quieran mantener esta situación para poseer un gratuito argumento más.

1 Comentario

  1. Qué horror. Usar la tribuna del congreso para decir lo que los ciudadanos piensan es intolerable. Las formas por delante de todo. ¿Dónde está el respeto y las buenas costumbres?

    Qué es eso de llamar borracho al señor, en vez de decirle lo simpático que está, como siempre ha ocurrido.

    Cómo se le puede llamar traidores a quienes lo único que han hecho es no cumplir su promesa electoral engañando a millones de votantes. Lo que habría que decirles, en honor al respeto y a las buenas costumbres, es: eso que han hecho no está bien, no lo vuelvan a hacer más.

    Y podría seguir con más ejemplos, pero prefiero callarme. ¿Como se le ocurre a Rufían llamar a las cosas por su nombre? ¿No sabe lo que es la diplomacia y las buenas maneras? ¿El saber estar y el saber hablar? A los señores no se les trata así, hay que agacharse y decir siempre lo que ellos quieren oir.

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