La culpa siempre es de Pedro

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Cuando, a los 20 minutos de publicarse, la encuesta a pie de urna para RTVE y FORTA quedó en ridículo con los primeros resultados, quienes tenían ya preparadas las espadas para achacar a sus líderes los malos resultados no tuvieron tiempo de recurrir a un plan B.

El Partido Socialista, con sus 85 escaños, cosechó el peor resultado electoral del actual periodo democrático. Digo esto, antes de nada, para que en las siguientes líneas no se me achaque el poner paños calientes a su resultado.

Con absolutamente todas las encuestas en contra (tanto de las empresas demoscópicas privadas como el Barómetro del CIS), la formación de Pedro Sánchez consiguió salvar el conocido como sorpasso por parte de Unidos Podemos y aumentar un 0,6 el porcentaje de voto obtenido en diciembre (del 22% al 22,6%). A esta corriente de opinión generada por las encuestas, que polarizaban el voto entre el PP y la coalición de Iglesias y Garzón, se unían toda una serie de analistas de cualquier medio o condición que buscaban en el linchamiento a Pedro Sánchez una descarada rentabilidad periodística. El PSOE era, en cierto modo, un “estorbo” para la lucha entre Rajoy e Iglesias, aparentemente únicas opciones de Gobierno. Ciudadanos era directamente ignorado.

Especialmente llamativa fue la video-columna de Iñaki Gabilondo en la que el veterano periodista denunciaba que el PSOE no se pronunciaba sobre si iba a mostrar su apoyo al PP o a Unidos Podemos, únicos posibles ganadores el día 26. Como dijo el antropólogo Javier Aroca la propia noche electoral, “no sólo deberían dimitir las empresas demoscópicas, sino que los analistas deberíamos pedir perdón”.

Este linchamiento, que en tiempos pretéritos sufrió también Podemos (hasta resultar, como digo, “rentable” para el tablero político español), contra todo pronóstico sólo ha tenido como tregua las horas posteriores a los resultados electorales definitivos. A pesar de que, esta vez sí, Pedro Sánchez reconoció en sus primeras palabras que “no eran unos resultados satisfactorios”, la salida más o menos airosa del actual Secretario General del PSOE no estaba entre los planes ni de los analistas ni de sus adversarios internos. Por eso, los esfuerzos han ido ahora en otra dirección, en la de achacar auto complacencia a la cúpula de Ferraz, e incluso los malos resultados en Andalucía, donde el PP arrebató la hegemonía a los socialistas.

En este sentido conviene recordar que uno los principales motivos de crítica contra Sánchez en el Comité Federal posterior al 20 de diciembre fueron los pésimos resultados en Madrid, circunscripción en la que se presentaba y en la que el PSOE fue relegado a la cuarta posición por detrás de PP, Podemos y Ciudadanos. Se contrastaba, especialmente, con los magníficos resultados en Andalucía y Extremadura que Díaz y Fernández-Vara se atribuían para sí.

El pasado domingo, el voto socialista sufrió una clara sangría en dos provincias: Sevilla (-23.000) y Badajoz (-15.300), además de Barcelona (-21.000). Contra todo pronóstico, en la complicada circunscripción madrileña, cuna de Podemos y caladero de voto urbano de Ciudadanos, el PSOE aumentó en más de 30.000 su número de votos, alcanzando la tercera posición, consiguiendo que Eduardo Madina, nº7 en las listas socialistas, volviera al Congreso (en diciembre se quedó a las puertas), y arrebatando a Podemos su senador. Esta vez, sin embargo, el éxito no es de Pedro Sánchez, pero la culpa de lo ocurrido en Sevilla y Badajoz parece ser que sí, al menos por parte de quienes parecen no poder esperar al próximo Congreso del PSOE.

La pluralidad de opiniones en los partidos es sana, pero el escudarse en ella para apuñalar a tus compañeros en tu propio interés es y seguirá siendo el cáncer de toda formación política. Porque sí, achacarle a otro los fracasos propios, es sin lugar a dudas hacer leña del árbol caído.

 

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