El Kibbutz y los niños de Anna Gabriel

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[dropcap]A[/dropcap]nna Gabriel ha sido protagonista en las últimas horas por sus declaraciones sobre que el hecho de criar a los niños en familia genera una mentalidad conservadora, ratificada en el siguiente suspuesto: “Queremos lo mejor para los nuestros, porque somos pocos”.

Nos trasladamos entonces a Israel, concretamente en Degania, allí se constituyó el primer Kibbutz en el año 1910, por parte de una docena de rusos que buscaban una forma de subsistencia y comenzaron a cimentar el pensamiento de que una sociedad debe autoabastecerse.

Anna gabriel: La Vanguardia
Anna gabriel: La Vanguardia

Un kibbutz no es más que una comunidad en la que no existe la propiedad privada y que persigue, a través de la agricultura, la subsistencia y progreso de los que allí habitan, fue a grandes rasgos una pieza clave para formalizar el Estado de Israel, ya que entre sus funciones estaban las de integrar y supervisar.

Estas comunidades todavía existen en Israel, evolucionadas, y comparten la actividad agrícola con la industrial, sin embargo hay algo que resulta muy llamativo en estas formas de organizarse: Criar a los descendientes conjuntamente:

 Las mujeres eran generalmente “madres de casa” en los primeros asentamientos, y hasta después del nacimiento de los primeros niños, se tuvo en cuenta los derechos de la mujer. En los estados tempranos del kibbutz, era una de las madres la que se tenía que encargar de cuidar a los hijos de las demás, tras mutuo acuerdo, permitiendo que las demás trabajasen en el área agrícola. Con el tiempo, la función de “niñera” fue acomodándose, permitiendo especializarse.

En relación a la vida de los niños del kibbutz, el cambio más significativo fue el referido a la relación con sus padres. La madre kibbutziana, a diferencia de la convencional, renuncia a la responsabilidad de criar a sus hijos, cediéndolos a una cuidadora de la comuna. Esta es una de las decisiones más importantes de la comunidad, ya que si las madres no se dedican tanto a sus hijos (como lo hacen las madres convencionales), los niños esperarían menos a cambio.

El gran esfuerzo de los miembros de kibbutz en contra de la relación de dependencia entre padres e hijos da lugar al tema de igualdad. Al seguir estas reglas, los niños preservaron lo que Bruno Bettleheim llamó “superego colectivo”, que explicó como el espíritu comunal en general; cuando éste era dañado por un individuo, este individuo sentía la culpa de toda la comunidad por tratar de interrumpir la felicidad comunal (Bettleheim, 1969, citado en Sternbach, 2002).

 

 

Fuente: INNOVAR.Colombia.2005

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