Leer a Pablo Iglesias para entender su estrategia para disputar el gobierno

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[dropcap]E[/dropcap]n mi último año de Bachillerato, tuve un profesor de literatura que siempre nos decía: “hay que leer para no ser ignorantes y viajar para no ser fanáticos.” Y la verdad que es una máxima que he intentado aplicar a mi vida. Por eso leo, leo mucho, leo a todo autor que puedo y viajo siempre que el bolsillo y el trabajo me lo permite.

Esa máxima de leer para combatir la ignorancia me llevó a que, tras las Elecciones Europeas del 25 de mayo de 2014, con el fenómeno Podemos desatado y la aparición de Pablo Iglesias como un profeta de la izquierda, me comprara su libro Desobedientes. De Chiapas a Madrid. Ese verano, me dediqué a la árida lectura de un libro donde el señor Turrión analizaba los intentos de adaptar a Madrid lo que se llamó la Desobediencia italiana. Se trata de un libro basado en una tesis doctoral, y donde se intenta hacer analogías entre el 15M y otros movimientos en los que se pudo inspirar. Más recientemente, y ante las disputas por los pactos electorales, las discusiones en la prensa sobre lo que es PODEMOS, lo que es Pablo Iglesias, lo que piensa, lo que pretende y cuál es su estrategia política y la de Iñigo Errejón, decidí comprarme Disputar la Democracia. Política para tiempos de crisis.

La verdad, es que, tras su lectura, me llevé una gran decepción. Esperaba encontrarme más sobre su proyecto. Esperaba un análisis más sesudo (y menos populista) de porque cree que hemos vivido la crisis que hemos vivido, que políticas nos llevaron a ella y como pensaba solucionarla. Pero mayoritariamente encontré una lección de Historia (con un claro sesgo) sobre el periodo que va de la Restauración a la Transición y las típicas soflamas de plató televisivo sobre la casta. A pesar de eso, descubrí ciertas pistas sobre su comportamiento estos últimos meses y me aclaró las razones por la que pide los ministerios que pide. Otra cosa que saqué en claro es que, si la prensa o alguien en el PSOE hubiese leído alguno de estos libros, no se hubiesen sorprendido de las referencias a la cal viva y Felipe González en la fallida envestidura de Sánchez. Del tercer presidente de la democracia dice: “la llamada guerra sucia contra ETA, de la que Felipe González tan orgulloso se mostraba al reconocer a Millás en El País, que pudo matar a los jefes de ETA en Vidart y que quizá se equivocó al no hacerlo.” Por cosas como esta, creo que no deberíamos llevarnos grandes sorpresas. Ese giro al pragmatismo y a la moderación creo que no es tal. Simplemente es una estrategia para conseguir sus objetivos.

Para Pablo Iglesias, y sus compañeros de la facultad de Políticas de Somosaguas, todo es estrategia. No sé si su estrategia responderá a un mandato del gobierno bolivariano de Venezuela de implantar un partido amigo en nuestro país. Pero es estrategia. Desde mi punto de vista, la estrategia surgió con el 15M, con las marchas de la dignidad o las convocatorias de rodea el Congreso. Estas convocatorias supuestamente se hacían para protestar por la situación de los de abajo frente a los de arriba, para reclamar una “Democracia Real” o para que lo que llama el Partido de Wall Street devuelva la soberanía a los ciudadanos. Pero si lees su libro Desobedientes. De Chiapas a Madrid, entiendes su lógica. Todas esas acciones eran una estrategia inicial de marketing. No eran protestas sinceras para mostrar la situación de los más débiles. Creo que los enfrentamientos entre supuestos manifestantes pacíficos tampoco eran casuales. No podemos aventurar que Podemos estuviera detrás. Pero lean lo siguiente:

A propósito de lo que se denominó la Batalla de Seattle de 1999 durante la Tercera Cumbre Interministerial de la OMC, que enfrentó a movimientos antisistema y a antidisturbios, el politólogo metido ahora apolítico dice: “a través de la ocupación del centro de la ciudad se constituyó un foco de atención mediática mundial donde, a pesar de la lógica distorsión del mensaje buscado por los activistas, los medios de comunicación de masas abrieron un debate mundial nada menos que sobre el Capitalismo. […] Seattle se convirtió en un escenario para la comunicación global por la determinación de los activistas. […] Cuando los activistas destruían los escaparates de Nike o McDonald´s o mientras ocupaban el centro de la ciudad, estaban atravesando zonas rojas, algo que se revela crucial para asegurar el impacto mediático del movimiento[1].

Estos disturbios inspiraron a los activistas de izquierdas en Europa y les enseñó la estrategia a seguir en las protestas durante la 55 Asamblea General del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en el año 2000 en Praga. Pablo Iglesias estuvo ahí y en Desobedientes nos dice que sirvieron de inspiración para el 15M ¿No les resulta sospechoso? ¿No creen que Pablo Iglesias es un experto en este tipo de comunicación? ¿No creen que lo utilizaron para crear un caldo de cultivo para la aparición de PODEMOS?

Desde mi humilde punto de vista las respuestas son claras. Además, cuando en Disputar la Democracia se indigna por la actuación policial durante las marchas de la dignidad o la manifestación denominada rodea el Congreso, no me resulta creíble. No puedo creer al dirigente de la formación morada cuando dice: “Creo que puede afirmarse que, en España, la gente al tiempo que confía más en la policía que en otras instituciones del Estado rechaza la actuación habitual de los antidisturbios (sean del cuerpo que sean) contra la gente que ejerce su derecho a protestar en una manifestación o un desahucio. […]El estilo de las unidades antidisturbios a la hora de relacionarse con las protestas es uno de los indicadores de la calidad democrática de un país.”[2] Tampoco le creo cuando denuncia de la infiltración de agentes en los grupos pacíficos de manifestantes o cuando habla de que estos provocan los enfrentamientos violentos. Su tesis en Desobedientes es que estos disturbios son necesarios para visibilizar el problema. Cree que los enfrentamientos con los antidisturbios (que no suelen contar con la simpatía de la gente) o romper escaparates de multinacionales, evitando romper los de los pequeños comercios, es una estrategia de marketing para aparecer en los medios de masas y crear debate.

Su lectura, también me ha resultado providencial para entender esa propuesta de gobierno del cambio, donde tendrían que estar Íñigo Errejón, su jefa de gabinete, Irene Montero, la responsable del programa, Carolina Bescansa, el general Julio Rodríguez, la juez Victoria Rosell y Xavier Domènech, el líder de la alianza catalana de Podemos, En Comú Podem, en los ministerios de: Economía, Defensa, Interior, Justicia y Asuntos Exteriores o la dirección de RTVE. No sé por qué se sorprende el periodista de El País Miquel Alberola diciendo que “sorprendiendo a propios y extraños”. Todo tiene su origen en el teórico marxista Antonio Gramsci.

En Disputar la Democracia. Política para tiempos de crisis tiene un capítulo titulado Power is power ¿Ajedrez o boxeo? En él explica las diferencias entre lo que denomina la política del ajedrez y la política del boxeo. La primera es la que se realiza a través del juego democrático. Es la que consigue el poder a través de las elecciones y la que se juega a través de las normas democráticas. La segunda, es en la que el poder se consigue o se mantiene a través de la fuerza, de las armas, de la lucha, del poder coercitivo del estado. Unos renglones donde expresa muy bien las ventajas de unirse a la política del ajedrez son cuando se refiere a los gobiernos de Latino América. “Lo que hemos visto en América Latina en las últimas décadas es ajedrez y voluntad, esto es, la asunción, por parte de la izquierda y de los movimientos populares, de estrategias electorales para el ejercicio de al menos una parte del poder del Estado, algo que debe ser además nuestra referencia fundamental, a la vista de sus notables resultados. […] Los gobiernos progresistas latinoamericanos están lejos de haber acabado con el capitalismo y las injusticias derivadas del mismo, pero han jugado al ajedrez con habilidad logrando importantes avances. Con todo, aunque solo podamos jugar al ajedrez, nunca hay que olvidar que power is power.” ¿Qué quiere decir con esta última frase? Para mí la respuesta está al inicio del capítulo. En un ejemplo que hace con una escena de una de sus series favoritas: Juego de Tronos. En esta escena “Lord Baelish, un consejero bien informado, alardea ante la reina (Cersei Lannister) de que el conocimiento es poder. En ese momento la reina dice a sus guardias (que obedecen de inmediato) :<<Apresadlo, cortarle el cuello. ¡Alto!, esperad, he cambiado de opinión, dejadle ir>>”[3].

Pablo Iglesias, es consciente de la importancia del ajedrez y de jugar dentro del juego democrático, de las elecciones. Pero también es consciente de la importancia del control del poder de la fuerza. A través del Ministerio del Interior se controla a la Policía y a la Guardia Civil, de Defensa al ejército, de Justicia la fiscalía y con RTVE los medios de comunicación públicos. Es más, comenta la importancia que tuvo que cuando se intentó derrocar a Hugo Chávez, el ejército se pusiera de su parte. En el capítulo que dedica a la Realpolitik y la Razón de Estado lo termina con una frase que también da que pensar “¿Quiere ello decir que hay que desterrar la moral de la política? Por supuesto que no, pero para cambiar algo lo primero es entender cómo funciona[4]. Además, a lo largo de todo el libro, desarrolla el mantra de que ganar las elecciones no es ganar el poder y Pablo Iglesias quiere el poder.

Por eso deberían cuidarse aquellos que no ven con malos ojos una coalición a la Valenciana o a la portuguesa. Aquellos demócratas de verdad, deberían estar más pensando en una gran coalición a la alemana y en cómo desenmascarar a estos señores. Para ello, un paso importante es que los partidos tradicionales se muestren firmes con la corrupción en sus partidos. Que limpien sus casas. Porque entre otras cosas, los populistas se quedarán sin argumentos con los que embaucar la mente de los ciudadanos.

[1] Pablo Iglesias Turrión, “Desobedientes. De Chiapas a Madrid”, Editorial Popular 2011. Pág.:37-45.

[2] Pablo Iglesias Turrión,” Disputar la Democracia. Política para tiempos de crisis”, AKAL Pensamiento crítico 2014. Pág.:161-166.

[3] Pablo Iglesias Turrión,” Disputar la Democracia. Política para tiempos de crisis”, AKAL Pensamiento crítico 2014. Pág.:32-38.

[4] Pablo Iglesias Turrión,” Disputar la Democracia. Política para tiempos de crisis”, AKAL Pensamiento crítico 2014. Pág.:43

1 Comentario

  1. Es decir, que según tú, el 15-M, las manifestaciones (y los disturbios) son obra de Pablo, Iñigo y compañía. Porque es lo que das a entender. Lo que me lleva a pensar que no sabes diferenciar la teoría de la práctica. Pablo e Iñigo han reconocido cientos de veces que son comunistas pero que no es lo que pretenden para España.

    Si realmente quieres entender qué ha motivado Podemos y de dónde sale entonces lee a Mouffe y Laclau. Lo que han hecho es contrahegemonizar, ellos no se han inventado la indignación ni el cansancio del pueblo español, ellos no se han inventado las desigualdades existentes, simplemente lo han politizado para visibilizarlo. ¡Y les ha funcionado!

    Pienso que deberías explicar mejor eso de “los populistas se quedarán sin argumentos con los que embaucar la mente de los ciudadanos.”, porque si a unificar las diferentes luchas sociales le llamas “embaucar a la gente”, entonces hay muchas cosas que no has entendido.

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