Mas, fuga de Inversiones

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Salta a la vista que las Ciencias Sociales no constituyen una fuente de predicción tan grande como lo podrían ser las Matemáticas o la Física. Y bien, el pasado fin de semana saltó la sorpresa y el proceso soberanista seguirá en marcha, todo ello tras el paso a “un lado” de Artur Mas y la investidura como Presidente de la Generalitat del ya exAlcalde de Girona, Carles Puigdemont.

¿Y ahora qué? La respuesta del sector empresarial ha sido clara: congelación de las inversiones en la región catalana. Y es que era conocida la preferencia por unos nuevos comicios electorales del sector, algo que ya daban por hecho al irse de fin de semana, esperando levantarse el lunes ante la firma de un decreto de convocatoria de nuevas elecciones. Visto lo cual, es normal la preocupación de empresarios, ya que esta decisión política sirve de continuación de la resolución independentista aprobada en el Parlament de Cataluña el pasado 9 de noviembre y contra la que existe una resolución de impugnación del Tribunal Constitucional.

Todo ello puede llevar consigo un importante retroceso de la economía, la vuelta a la recesión. De hecho, según Societat Civil Catalana, Cataluña ha perdido tres puntos porcentuales del PIB en comparación con las otras Comunidades Autónomas conformantes del Estado español. Consecuencia directa el auge del independentismo.

Es así, tal y como informaba el diario “El País” a día 22 de noviembre de 2015, la declaración independentista sellada por la coalición de formaciones que constituyen Junts Pel Sí y los anticapitalistas de la CUP, provocó grandes fugas de inversiones y deslocalización de empresas. A dicha fecha, la Generalitat observó la pérdida de 1.500 millones de euros facturados por un total de 683 empresas que ante tal situación prefirieron “hacer las maletas” y marcharse, en mayoría a Madrid. Casos tan notables como la cadena hotelera Derby Hotels, la multinacional Suez o la empresa agroalimentaria Valls Companys. Marchas que fueron explicadas desde un punto de vista institucional por la mayor fiscalidad que sufren las empresas en la región catalana.

Si bien el factor fiscalidad es importante, no es el fondo de la cuestión. La clave del asunto radica en la inseguridad. Emanada ésta de la no consideración por la Sociedad Internacional de Cataluña como un Estado, si se produce la ruptura de España. Y es que un Estado es propiamente dicho un Estado, cuando se ve reconocido por los demás actores de la Comunidad Internacional, y a Cataluña ya le han dado la espalda actores no poco importantes como la ONU, ni siquiera albergando la posibilidad de Estado Observador, quedándose en una situación tal como Abjasia u Osetia del Sur.

Siguiendo con ese factor de inseguridad, desde un punto de vista jurídico es claro, Cataluña quedaría automáticamente fuera de la Unión Europea.  Recordemos que fue España la que firmó el Tratado Internacional de adhesión para entrar en el organismo supranacional en 1985.

Son esas razones las que hacen que reine el miedo y la incertidumbre entre el sector empresarial. Sin ir más lejos, un gigante del comercio electrónico como Amazon se está pensando seriamente su establecimiento en Cataluña, hecho que supondría la creación de 2.000 puestos de trabajo en la región.

Y es que la independencia sería un “lujo” bastante caro, tanto para catalanes como para el resto de la economía española. Tal y como registra el Instituto Nacional de Estadística en sus cuentas económicas de Contabilidad Regional, Cataluña posee cifras cercanas al 20% del PIB nacional, sufriendo un golpe bastante fuerte la economía española ahora que sus indicadores macroeconómicos empezaban a recibir el “alta médica”.

Este es el nuevo escenario que se nos plantea tras la sesión de investidura “in extremis” de ayer 10 de enero de 2016. Reclamando los empresarios un espacio estable donde reine la seguridad jurídica, ante el temor inevitable de la salida del euro por parte de Cataluña.