Cuatro atriles, tres candidatos a la presidencia del gobierno y miles de espectadores siguiendo en directo el símbolo por excelencia de la democracia representativa: un debate electoral. El primer Trending Topic mundial de anoche, #ElPaísDebate, era quizás uno de los eventos más esperados a las puertas de las elecciones generales del 20D. Esperado por un país de ciudadanos en busca de soluciones y de electores indecisos ante un panorama político más abierto que nunca.

Los aspirantes a la Moncloa, presentes y ausentes, conocían sobradamente el carácter decisivo de este debate. No sólo porque los debates sean uno de los principales escaparates del mercado político en el que el elector puede comparar la oferta electoral, sino porque saben perfectamente que las guerras electorales se libran en las mentes de los electores, que el posicionamiento y la diferenciación son sus objetivos de batalla y que sus armas están en la comunicación.

El atril vacío del presidente del gobierno, que prefirió asistir a una entrevista para Telecinco, fue quizás lo más llamativo, por insólito. Lo que recuerda al debate a siete sin Artur Mas de la campaña catalana parecería motivo suficiente para calificar al candidato del PP como el perdedor evidente del debate. Sin embargo, conviene tener presente que todo comunica, sea una palabra, un gesto o una ausencia. Las presencias y ausencias son estratégicas, pues tienen un enorme poder comunicativo por sí mismas. Rajoy participó, a su manera, del debate. No parece tan clara la idea de que no lograse colar su mensaje y posicionarse nítida y eficazmente respecto a sus adversarios.

La tarea que, sin embargo, tenían por delante los candidatos del PSOE, Ciudadanos y Podemos era mucho más ardua. Era el momento de actuar y desempeñar adecuadamente un papel cuidadosamente diseñado y rigurosamente estudiado con la ayuda de expertos. El discurso, por supuesto, es muy importante en un debate: las palabras, las metáforas, los temas, los marcos. Sin embargo, los oradores se miden no sólo por sus discursos en un debate, sino también por su agilidad, receptividad o credibilidad. Y, en la transmisión de estas habilidades, es esencial la comunicación no verbal: la postura, las expresiones faciales, los movimientos, los gestos, el tono de la voz o incluso la forma de vestir.

PEDRO SÁNCHEZ

La posición central del candidato socialista, con Albert Rivera a su derecha y Pablo Iglesias a su izquierda, le vino sin duda como anillo al dedo al recuperar en su discurso el eje izquierda-derecha para posicionarse y posicionar a sus adversarios. Definió a Rivera como “derecha” y trató a Iglesias como la izquierda marginal.

Supo desempeñar muy bien su rol de candidato a la presidencia del gobierno de “primera división”. Centraba su mirada constantemente en las cámaras, incluso cuando hablaba con los otros dos candidatos: su contrincante era el ausente Mariano Rajoy y sus destinatarios los ciudadanos, ambos al otro lado de la pantalla. Evitar mirar a la cara a sus adversarios podría haber sido, además, una recomendación para evitar muestras de inseguridad o debilidad frente a ellos.

Cabe resaltar que el Partido Socialista se enfrenta en esta campaña a una gran falta de credibilidad. Los candidatos, eventualmente, pueden suplir este tipo de carencias, sin embargo, la debilidad como actor de Pedro Sánchez radica precisamente su dificultad para resultar creíble cuando habla: se percibe como postizo. Es por ello que, últimamente y también en el debate, ha estado recurriendo puntualmente a un tono de sinceridad o incluso confesión en algunas frases, dirigiéndolas además a una persona en concreto mencionando su nombre de pila.

Su indumentaria tampoco era inocente. Acudió sin corbata para transmitir el mensaje de que no se encontraba en un debate presidencial, sino en un debate más con otros partidos. Me atrevo a augurar que sí que llevará corbata en el debate cara a cara con Rajoy.

ALBERT RIVERA

Posicionado en las últimas encuestas de Metroscopia para El País como el candidato de los tres con más posibilidades de ser el próximo presidente del gobierno, apareció con traje y chaqueta para afianzar esa imagen de presidenciable. Sin embargo, esto pudo acabar sirviendo para respaldar la apuesta de Pedro Sánchez por el eje derecha-izquierda, que se correspondía casualmente con la ubicación física de cada uno en el plató, pero también en la gradación en la indumentaria de cada uno de ellos. Esto pudo dificultar la transmisión de su mensaje centrista, con el que aludió constantemente a la necesidad de acuerdos y pactos nacionales.

Como buen ganador en su día de la liga de debate nacional, conoce perfectamente las técnicas de la oratoria. Se desenvuelve con facilidad en los debates, se los toma muy en serio y es probable que sea él mismo su principal asesor a la hora de prepararlos. Quizá por eso fue el candidato que vimos algo más encorsetado.

Su discurso se basó en la presentación de propuestas, recurriendo en al menos seis ocasiones a defenderlas mediante ejemplos de países extranjeros. Algo con lo que el candidato trata de suplir habitualmente la imagen de poca experiencia de gobierno que pueda proyectar su partido.

PABLO IGLESIAS

Pero si rivera recurrió a los ejemplos extranjeros, Pablo Iglesias insistió en más de cinco ocasiones en la idea de “no es que lo diga yo, lo dice…”, con la que trata de enfrentarse en no pocas ocasiones a la idea de que sus propuestas son poco realizables o incluso demagógicas. Asimismo, también repetidas veces se refirió a la idea de “justo, pero también eficaz”, a la que su formación recurre muy a menudo para contrarrestar de nuevo su imagen de populista o utópico.

Sin embargo, el cambio más significativo que vimos en Pablo Iglesias fue su actitud, algo que ya venimos observando en sus últimas intervenciones públicas. Se trata de una estrategia de reposicionamiento: del líder indignado y cabreado que era en 2014 a un líder dialogante y propositivo. Un cambio que aún puede resultar algo chocante a algunas personas, pero que es necesario para lograr una coherencia con la estrategia de comunicación que se ha marcado su formación. Lo pudimos ver, salvo en algunos momentos, con un menor volumen de voz más bajo y con un ritmo más pausado. Sánchez no dudó en bromear al respecto, “pareces el moderador más que un candidato”.

Sin duda fue el candidato que se mostró más seguro y confiado. No obstante, resultó muy repetitivo en algunas afirmaciones, desvelando la necesidad urgente de incorporar nuevos elementos a su discurso ante la campaña electoral que ya empieza.

Es el grado de cumplimiento de los objetivos de cada fuerza política lo que determina el grado de satisfacción de cada una de ellas con un debate, y los tres candidatos supieron aprovechar la audiencia que El País les brindó para disparar sus mensajes.

#ElPaísDebate ha marcado el pistoletazo de salida. Estamos a punto de asistir a un espectáculo, desde el punto de vista de la comunicación política, sin precedentes en nuestro país y que marcará, sin duda, un antes y un después. Será necesario estar atentos para no perdernos detalle: comienza la batalla electoral más decisiva de las últimas décadas en España.

 


 

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1 Comentario

  1. Estoy de acuerdo en todo menos en eso que repetís todos los que analizáis este debate como el primero. Ya hubo uno que intento ser a 4 solo que los únicos asistentes fueron Iglesias y Rivera. Los atriles de Sánchez y Rajoy estaban vacíos ¿porque nadie analizo entonces esas ausencias premeditadas?¿porque se obvia ese primer debate(tan irrelevante fue)?

    Lo que más me gusta es que analizas las estrategias de cada uno siendo imparcial he leído varios análisis y este es el mas objetivo e imparcial que he leído hasta la fecha. Ademas creo que has dado en el clavo a la hora de explicar el posicionamiento y estrategia de cada uno.

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